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Visita real en Dinamarca

Visita real en Dinamarca

REVISTA JET-SET

Durante la visita de los reyes de Holanda a la tierra de Hamlet, las damas de la realeza se lucieron con un esplendoroso derroche de diamantes, pieles y sombreros.
El príncipe Joachin, conde de Monpezat, hijo menor de Margrethe; la princesa Mary; el príncipe Henrik; los reyes; el príncipe Frederick, y la princesa Marie, entre otros, escuchan los himnos nacionales en el Salón de la Torre, decorado con tapices inspirados en aires folclóricos daneses, tejidos a partir de dibujos de Joakim Skovgaard.
Por: 26/3/2015 00:00:00
La anfitriona de la visita fue la reina Margrethe II de Dinamarca, pero las miradas recayeron en su nuera, Mary, esposa del príncipe Frederick, heredero del trono, y la reina Máxima, consorte del rey Willem-Alexander de Holanda, investido hace dos años. La australiana y la argentina comparten el destino de haber llegado desde tierras muy lejanas a conquistar dos monarquías europeas que ahora las admiran como sus grandes esperanzas. Son muy amigas, pero también rivales en la arena del estilo, pues figuran en la lista de las mejor vestidas del mundo de Vanity Fair y son apreciadas como íconos de la moda. 

Este fue el más reciente de muchos encuentros de las dos damas, pero la primera cita oficial en la que Máxima pisó Copenhague como reina. La nueva circunstancia marcó un giro en el protocolo, pues obligó a la princesa danesa a hacerle la reverencia a su amiga. El ambiente distendido que impera entre las dos familias reales, en balance con el decoro que exige su alcurnia, se notó desde la llegada de los huéspedes al aeropuerto Kastrup, seguida por reuniones bilaterales, recorridos por obras sociales y recepciones. Hay un motivo poderoso para tanta cercanía: la reina Margrethe es madrina del rey Willem-Alexander.

La cita más relumbrante fue el banquete en el castillo de Christiansborg, que data del siglo XVIII, cuyo Salón de Recepciones Reales se colmó de trajes largos, vistosos uniformes, honrosas insignias y el fulgor de las alhajas de las reinas y princesas, trenzadas en un verdadero torneo galante por el trofeo de la suprema elegancia. La noche siguiente, los holandeses homenajearon a la familia real danesa con una velada de danza a cargo de la compañía ICK Amsterdam. 

La reina Margrethe, de la casa Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg y en el trono desde 1972, sacó a relucir, además de las exquisiteces del ajuar real, los vestidos que le dan ese toque tan singular, pues además de extravagantes son diseñados por ella misma. 

El encuentro de tronos incluyó también una travesía por el mar Báltico a la isla de Samsø, donde volvieron a causar sensación los atuendos a la última moda de Mary y Máxima, en tonos neutros, acordes con la luz del día en el invierno nórdico. 

La corte de Dinamarca, cuyos casi mil años de existencia la convierten en la cuarta monarquía reinante más antigua del mundo y la primera de Europa, volverá a contemplar un rutilante desfile de testas coronadas de toda Europa en abril, por un gran motivo: el cumpleaños número 75 de Margrethe, que incluirá regocijos públicos y fastuosas veladas en Amalienborg y Frederiksborg, los palacios de su majestad.

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