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Juan Pablo Calvás da instrucciones para jugar Pokémon Go

Juan Pablo Calvás da instrucciones para jugar Pokémon Go

REVISTA JET-SET

Calvás es editor general de W Radio y uno de los fanáticos de Pokémon Go, el famoso videojuego de Nintendo que está causando un furor difícilmente antes visto. Desde su lanzamiento, hace un mes, más de 100 millones de personas han descargado la aplicación y se la pasan pegados a las pantallas de sus teléfonos a la caza de animales virtuales por todas las ciudades del mundo.
El periodista Juan Pablo Calvás atrapó dos pokémones en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, y estuvo tentado de ir al despacho del alcalde Enrique Peñalosa, donde dicen que habita otro de los 145 bichos cibernéticos.
Por: Revista Jet-set24/8/2016 00:00:00

La adicción de Juan Pablo Calvás, Pokémon Go, llegó al punto de que en una reciente cita romántica en lugar de ‘cazar’ a la mujer de sus sueños, se la pasó cazando criaturas virtuales y explicándole a la susodicha cómo jugar. En la segunda cita, la primera pregunta que le hicieron fue si había logrado cazar más pokémones a lo que contestó orgulloso: “Sí”. Obviamente no hubo tercer encuentro.

La curiosidad del periodista por conocer los motivos del furor que despertaba este juego de realidad aumentada en Estados Unidos lo llevó a descargarlo en su smartphone de una página ‘pirata’ porque aún no estaba disponible en América Latina, donde llegó oficialmente hace dos semanas. El primer animal le apareció en la plazoleta de Caracol Radio y trató de atraparlo sin que lo vieran porque se le acababa la fama de hombre serio, que se había ganado con el “sudor de su frente”. Luego de lanzarle varias pokébolas para encapsularlo, se le voló.

Calvás se relajó cuando se dio cuenta que, como él, más de 100 millones de personas en el mundo habían descargado la ‘app’ en el último mes. Descubrió que también se la pasaban pegados a la pantalla de su celular esperando la aparición de uno de estos monstruos cibernéticos a los que ubicaban a través de Google Maps, para lo que es necesario tener un plan de datos. Al saberlo, ya no le daba pena cancelar un almuerzo con un amigo para irse, en Uber o a pie, a las pokeparadas a recoger bolas y atrapar bichos.

El editor general de W Radio perdió totalmente la ‘vergüenza’ y compartió en los micrófonos de la emisora sus logros en el pokedex, que es donde queda el registro de los pokémones cazados. Además retó a su compañero, Lucas Pombo, a ver quién tenía más. Él reconoce que no ostenta muchos ‘trofeos’ pues no es de los que arriesga su vida o se mete a la fuerza a la sala de urgencias de un hospital para atraparlos, como sí lo hacen otros fanáticos que incluso se han ido a los puños por tener un Pikachú o han terminado en la cárcel. Ya hay sitios incluso donde prohíben jugarlo como en el Pentágono, en Estados Unidos, porque facilita el espionaje. De los 58 países a los que ha llegado, ya fue vetado en Irán.

A Juan Pablo los oyentes lo empezaron a ‘presionar’ para que lo cerrara y les prestara atención a temas más importantes como el proceso de paz o la desnutrición de los niños en La Guajira. Lo suspendió unos días pero no se aguantó las ganas y lo volvió a abrir. “Todos tenemos derecho al entretenimiento”, dice con su satírico humor. Él compartió con Jet-set las instrucciones para jugar Pokémon Go.

Por Juan Pablo Calvás

“Cuando veo que personas como yo, mayores de 25 años, se atemorizan de descargar Pokémon Go, me invade una infinita tristeza y

desesperanza hacia el ser humano. ¿Por qué negarse el placer de revivir la juventud y darles un poco de color a esos teléfonos que, aunque inteligentes, son grises y tristes? ¿Por qué condenar la mejor herramienta del siglo XXI a ser el simple hogar de los tediosos correos electrónicos de trabajo y los abominables mensajes de WhatsApp del jefe?

Claro, usted puede tener música en su Spotify o Deezer y vivir satisfecho con esas aplicaciones en su celular. O tal vez el mejor entretenimiento que experimenta con su teléfono sea ir por la vida pasando fotos, videos e historias de otras personas en aquel infinito timeline de Facebook. Sin embargo, debo recordarle que usted no participa de la alegría y dicha que ofrecen esas aplicaciones. A la larga, termina siendo el actor pasivo de las cosas que ocurren en su teléfono: la música le llega a través de unos audífonos a los oídos y al alma, pero no puede bailar esas tonadas porque va caminando por la calle y pensarían que usted es un loco. Igual pasa con Facebook: esas sonrisas que ve en su pequeña pantalla no son suyas, sino que pertenecen a otros sujetos que viajan o que tienen experiencias únicas con sus familias o conocidos. En fin, no son más que amigos –o supuestos amigos– cuya vida parece una canción disco o tropical, mientras usted vive el penoso tango de la existencia. Si no, ¿dígame qué tiene de divertido dar un like?

Afortunadamente, le tengo una buena noticia: en sus manos –literalmente– está la posibilidad de cambiar eso, de dejar de ver su smartphone como una simple herramienta de trabajo. Usted puede hacer que ahora las vibraciones del teléfono no sean el espantoso augurio de una nueva obligación, sino una fuente inagotable de alegría. Puede lanzarse a las profundidades de las cálidas aguas del Pokémon Go y ser feliz.

No más comience con la elección de su avatar, que es como se llama al personaje que le va a representar en el juego. En las opciones solo hay jóvenes esbeltos que le harán sentir bien mientras juega. Mire mi caso: yo, que soy un hombre prematuramente calvo –vea mi lamentable alopecia en las fotos–, pude volver a tener una cabellera y, además, me pude vestir como un joven japonés de la sorprendente calle Harajuku, con pantalones bombachos y visera tipo tía. ¿No es maravilloso?

Pero lo mejor viene cuando usted empieza a jugar. El mundo se transforma. Las calles de su ciudad dejan de ser el ofensivo espacio que se comparte con extraños, atracadores y vendedores ambulantes. En la pantalla usted ve una ciudad limpia, sin edificios, sin Peñalosa, sin Petro, sin buses urbanos o taxis lanzándoles piedras a los Uber. Anda por vías despejadas que le ofrecen cada tanto las llamadas Pokeparadas donde puede recargar Pokebolas o, de repente, llevarse la sorpresa de la aparición de un animalito salvaje ansioso de ser atrapado por usted… ¡Ha encontrado un Pokémon!

Para atraparlo no necesita ser Helmut Bellingrodt, simplemente debe deslizar su dedo a través de la pantalla del celular y lograr que la Pokebola virtual le dé en la cabeza al animal. Una vez encapsulado en la Pokebola, el Pokémon quedará registrado en su pokedex, que es como una especie de álbum Jet donde se guardan los Pokemones que ha logrado capturar.

¿Le da angustia verse como un estúpido parado en la mitad de la calle lanzándoles bolas virtuales a animales inexistentes? Créame que no va a ser el único y, además, en el mundo de las redes sociales los tontos son tendencia y están de moda, o sino mire a los Youtubers. Es por eso que en parques y zonas concurridas encontrará decenas de personas haciendo lo mismo: buscando conseguir la mayor cantidad de pokemones posibles para llenar el pokedex e incluso ir a enfrentar a otros jugadores en los llamados gimnasios, que no son más que espacios virtuales para entrenar o ganar puntos como maestro pokémon.

Creáme que es mágico. Pokémon Go no es como un juego de consola que lo obliga a quedarse como un pendejo frente al televisor. Este lo invita a moverse, a recorrer las calles y a encontrarse con otras personas que se han dejado arrastrar por el encanto de una aplicación que involucra a ciudades y edificios como espacios reales para vivir la acción. Se los dice un descreído de los videojuegos a quien lo último que lo apasionó fue GoldenEye en Nintendo 64 por allá a finales de los noventa”.

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