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Froilán el travieso

Froilán el travieso

Revista Jet-Set

El nieto mayor del rey de España, de 16 años, tiene en jaque a sus padres porque se le ha dado por ir a discotecas y vender máscaras del movimiento Anonymous.
Froilán, de 16 años, se revela desde ya como un verdadero líder y sabe que su poder está en ser el nieto del rey. Los sábados lleva hasta a 20 amiguitos a las fiestas de la discoteca Joy Eslava, de Madrid. Foto: Look Press Agency
Por: Edición 27220/11/2013 00:00:00
Cada nueva generación de la realeza viene con su niño terrible y el hijo de la infanta Elena ha madrugado para robarse el show. Si hace unos días era noticia por haberle hablado con cajas destempladas a un grupo de fotógrafos, lo que le valió un regaño de su abuela la reina Sofía, ahora lo es porque se ha convertido en una especie de agente de relaciones públicas de Joy Eslava, una discoteca de “pijos” (jóvenes adinerados, de la alta sociedad y guapos), que también frecuentaron su madre y sus tíos, el príncipe Felipe y la infanta Cristina, en sus mocedades.

El nieto mayor de los reyes de España, de 16 años, aún no tiene edad para estar en sitios para adultos, pero resulta que Joy Eslava ofrece todos los sábados las tardes light, solo para menores de 18, a quienes, eso sí, no se les vende alcohol. Froilán se volvió muy aficionado a estas concurridísimas diversiones, en las cuales se mueve como pez en el agua, pues heredó el espíritu jovial y desenfadado de su abuelo, el rey Juan Carlos.

Las fiestas en Joy Eslava le han servido al niño para desarrollar la vena de líder que también le admiran quienes lo conocen. Según informó El Mundo, el segundo diario más importante de España, Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón vende entre sus amiguitos las costosas boletas para las tardes light. El periódico, además, aseguró que no recibe ningún pago por ello, aunque sí goza de privilegios como saltarse la larguísima cola de la barra libre.

Si bien no recibe ninguna contraprestación económica, el quinto en la línea de sucesión al trono de España se ha buscado la manera de ganarse algunos euros, aprovechando el tema de las fiestas, el movimiento Anonymous, cuyas características máscaras, originales de la cinta V de Venganza, causan sensación entre los jovencitos madrileños. Pues bien, el hijo de la infanta Elena compra de su cuenta cierto número de caretas y las revende un poco más caras a los chicos que asisten a las tardes light. Los accesorios, además, le han servido para torear a los paparazzi, que no son los santos de su devoción. Así, cuando sale a la calle o a lugares públicos, acude con la cara cubierta con el distintivo de Anonymous y asunto arreglado, aunque hace unos días, resolvió descubrirse en plena vía, para sorpresa de los transeúntes, según El Confidencial Digital.

Tras el revuelo que armó la noticia, el dueño de la discoteca, Pedro Trapote, aclaró al portal Vanitatis que el nieto real no guarda ningún vínculo laboral con su empresa. “Froilán tiene una buena relación con Daniel García, que es la persona que controla las tardes. Si va a traer a 20 amigos se ponen de acuerdo con las entradas y se le ceden unas cuantas. No hay más”, señaló, lo que para la prensa del corazón confirma que efectivamente el jovencito se ha convertido en un muy recomendable promotor de las fiestas. Además, según su entorno, él sabe que su poder radica en ser el nieto del rey y lo ejerce.

Lo que sí ratificó Trapote es la simpatía natural de Froilán, con quien se encontró una vez en la discoteca. “Fue muy divertido porque me dijo: ‘oye, que mi padre sabe que estoy aquí…’. Me imagino que me lo comentó para que no me preocupara”.

Pero el hecho de que su padre, Jaime de Marichalar, estuviese enterado de que se encontraba allí no significa que le complazca mucho la afición de su hijo a asistir desde ya a estos centros nocturnos. Vanitatis publicó un informe de acuerdo con el cual las salidas de Froilán tienen enfrentado al controvertido ejecutivo con Elena, duquesa de Lugo, de quien se divorció en 2010 en medio de un escándalo. Contrario a lo que pudiera creerse, Marichalar, un real bon vivant, de quien se rumora que es amante de la diversión nocturna y hasta consumió cocaína, es muy estricto con su hijo, mucho más porque es mal estudiante, acaba de perder el año, es malcriado a ratos y no muestra interés por nada edificante. La infanta Elena, que por su cara tan seria podría ser vista como la brava de la casa, es muy permisiva con Froilán y no censura sus andanzas en Joy Eslava. El desacuerdo entre los exesposos sobre la educación de su díscolo hijo es tan grave, que han vuelto a surgir entre ellos las desavenencias que no tenían desde su agria separación. Para colmo, Marichalar no ve con buenos ojos que su otra hija, Victoria Federica, quien sí es muy juiciosa, haya sido enviada a estudiar a Londres, mientras que a Elena la idea le encanta.
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