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José Francisco Arata un aventurero en la Antártida

José Francisco Arata un aventurero en la Antártida

Revista Jet-Set

El presidente de Pacific Rubiales escaló 4.897 metros, el punto más alto del Monte Vinson, en la Antártida. En compañía de seis exploradores, incluyendo al deportista discapacitado Nelson Cardona, el empresario vivió una aventura en este sitio, donde no se atreven a llegar ni las focas.
Antes de pisar las nieves perpetuas del Monte Vinson, el empresario José Francisco Arata, presidente de Pacific Rubiales, estuvo en los montes más empinados de los Alpes y en los tepuyes, o piedras empinadas, de la Orinoquia venezolana. Foto: Archivo particular.
Por: 7/2/2013 00:00:00
José Francisco Arata, presidente de Pacific Rubiales, se le midió a la primera aventura montañista cuando estudiaba en Italia. A los 16 años empezó a recorrer las diferentes rutas de los Alpes mientras trabajaba como instructor de esquí en aquellos montes rocosos y empinados.

Luego vino su otra conquista: puntualmente la del mercado laboral, que lo acercó a las explotaciones petroleras más que a la vida de escalador, hasta que le ofrecieron la Expedición Vinson 2013, en el sur del continente americano.

El ascenso al Monte Vinson, con 4.897 metros de altura y el más alto de la Antártida, formó parte del programa “Epopeya, siete cumbres sin límites”, que en esta ocasión tuvo como objetivo acompañar al deportista discapacitado Nelson Cardona en su cuarta hazaña por las montañas del mundo. Arata y seis exploradores más hicieron este recorrido y demostraron que las limitaciones físicas son más grandes si hay miedo y prejuicio mental.

Antes de este periplo en tierras lejanas, los siete miembros del equipo se sometieron en los últimos seis meses a un entrenamiento riguroso que incluyó sesiones en el gimnasio, escaladas a las piedras del municipio de Suesca y jornadas de deportes extremos en el cerro de Monserrate y los nevados del Cocuy para acostumbrarse a las condiciones de altura y ascenso en el hielo.

Finalmente, los osados expedicionarios viajaron al lugar más apartado de la Patagonia, donde no existe vida silvestre. Solo contemplaron un paisaje de color blanco intenso y un sol ardiente que ilumina, incluso, la medianoche en esta época del año. “Cuando llegamos al campo base de Vinson, vimos por primera vez la montaña en toda su majestuosidad. Por los fuertes vientos que soplaban en la cima sentí un nudo en la garganta. Me pregunté si realmente seríamos capaces de llegar a la cumbre tan imponente y retadora”, contó Arata.

La correría duró 16 días sin mayores contratiempos, exceptuando el machucón que se pegó el escalador Carlos Gómez con la puerta del avión ruso que los llevó al sur del continente. Aún con la férula en el dedo y un dolor intenso terminó la travesía en una tierra donde ni siquiera viven las focas. Durante el recorrido, Arata bajó cuatro kilos de peso y se reencontró con un misticismo profundo que no existe en la civilización, según él, por cuenta del estrés laboral y las tecnologías. “Allá, Dios está más cerca”, dicen los que han subido a las nieves ?perpetuas de Vinson.
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