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Jorge Hané y su esposa adoptaron una niña colombiana

Jorge Hané y su esposa adoptaron una niña colombiana

Revista Jet-set

El gurú de las pastillas para adelgazar y su esposa, la exmodelo argentina Florencia Hané, adoptaron una hija en Colombia. Masha tiene un año y tres meses, y llegó a cambiar por completo la vida de esta pareja que estrena casa en Miami, barco y Mclaren.
Jorge Hané y Florencia adoptaron a Masha en Colombia hace once meses, cuando ella tenía cuatro. Viven en una casa en Bal Harbour, en Miami, cerca de los mejores colegios. Foto: ©Juan Manuel García/13.
Por: Edición 26514/8/2013 00:00:00
Después de intentar durante años tener un hijo de manera natural sin resultados, el ícono de las pastillas para adelgazar y su esposa, Florencia, decidieron adoptar un bebé. Pasaron por varios procesos de fertilización pero ella lloraba en cada sesión porque sentía que no era lo que quería. “Una vez que íbamos para una terapia, Jorge paró el auto al lado de la carretera y me dijo: ‘si vamos a hacer esto, lo hacemos con felicidad o pensamos en otra opción’. Nos abrazamos llorando y tomamos la decisión de adoptar”, cuenta Florencia. En ese momento recordaron un viaje que habían hecho a Indonesia para revisar los cultivos de los productos, cuando se cruzaron con la mirada de una niña muy bella y hablaron por primera vez de lo bonito que sería adoptar.

El proceso de búsqueda de su hijo duró más de tres años. “Recorrimos el mundo entero para ver dónde lo adoptábamos. Estuvimos en Argentina, donde nació Florencia; en Polonia, donde ella tiene familia; en Rusia y Francia de donde son mis ancestros; en China y Estados Unidos… Finalmente nos decidimos por Colombia porque nos pareció que Bienestar Familiar maneja el tema con mucha seriedad y es el mejor centro de adopción del mundo”, dice Jorge Hané. Los dos coinciden en que fue difícil. “Cuando uno tiene un embarazo natural sabe que a los nueve meses va a tener a su hijo, pero cuando inicia un proceso de adopción no sabe cuánto tiempo va a durar. Tienes que tener fe de que algún día recibirás esa mágica llamada en la que te dirán: ‘hay un hijo que espera por ti’”, dice la orgullosa mamá.

Esa llamada llegó hace once meses. “Entramos a un cuarto pequeño donde había una cuna al fondo. A medida que nos acercábamos veíamos el cuerpecito del bebé, pero tenía la cara tapada. Levantamos la manta y ella nos miró con sus grandes ojos azules y sonrió. Ese momento ?duró como 20 segundos que para mí fueron eternos”, relata el barranquillero. Y complementa Florencia con lágrimas: “la subimos al carro y se acercaron dos niños como de 5 y 7 años a despedirse. Ellos me jalaron del brazo y preguntaron: ‘¿usted es la mamá de Masha ’. Era la primera vez que escuchaba esa frase y me impactó profundamente. Les respondí: ‘Sí, yo soy la mamá de Masha’. Uno abrazó al otro y le dijo: ‘algún día nosotros también vamos a tener una mamá’. Eso me partió el corazón”.

La bautizaron Masha, nombre ruso, porque así se llamaba la mamá de Jorge, quien murió hace ocho años, meses después de que ellos se casaron. La pareja se conoció en un restaurante en Miami. “Estaba comiendo con mi mánager, se acercó Jorge a saludar y reconocí su voz por los infocomerciales. Me empecé a burlar de él porque le decían el gurú de las dietas. Luego él organizó varias cenas en mi honor y yo no iba a ninguna. La gente me decía: ‘buenísima la comida que hicieron ayer por ti’. El asunto empezó a incomodarme y decidí llamarlo a decirle que no me molestara más y fue la conversación más linda que he tenido en mi vida”, cuenta Florencia. Desde entonces están juntos.

Para el veterano padre, quien ya pasó del sexto piso, los años no han sido un obstáculo en la crianza de la bebé. “Uno a esta edad es mucho más sensible con los hijos que cuando se es joven. Los entiende más y goza con cualquier tontería”. Él tiene un hijo, de 33 años, de una anterior relación pero lamenta que no sean tan cercanos. “Lo veo muy poco, él es chef y vive entre España y Miami. Piensa que lo que yo hago no tiene sentido. Él engorda a la gente y yo la adelgazo”, bromea Hané.

La llegada de Masha al hogar de los Hané cambió completamente sus vidas. Antes vivían en una casa en South Beach, en Miami, al lado del mar y se mudaron a una más amplia en Bal Harbour, cerca a los mejores colegios. Además cambiaron su barco de una habitación por otro de dos y lo bautizaron Masha. A la heredera de los Hané le encanta el mar y la piscina, toma clases de natación todos los días. Cuando vienen a Bogotá en viaje de negocios, ya no se quedan en un hotel sino en un apartamento que compraron pensando en la comodidad de su hija.

A Jorge Hané la paternidad lo ha vuelto muy sensible frente a los temas de la niñez. Actualmente está creando una fundación en Colombia para combatir la obesidad infantil. “Les enseñaremos a los niños a comer bien y les daremos a los colegios asesoría en nutrición. Un bebé que se engorda en los primeros años de edad va a tener un problema de por vida. Nosotros cuidamos mucho la alimentación de Masha. Ella come muy pocas harinas y no ha probado el azúcar refinada”, asegura.

Por ahí dicen que los hijos llegan con el pan debajo del brazo y esa parece ser la máxima de los Hané por estos días. En octubre abrirán, en Barranquilla, su primer centro para pérdida de peso y estética, donde le ofrecerán a los pacientes procedimientos no invasivos para reducir medidas y verse mejor. “Nosotros no creemos en las cirugías”. Además en pocas semanas lanzarán al mercado dos malteadas, de vainilla y frutos rojos.

Los Hané están tan felices con todo lo que les está pasando que no descartan la posibilidad de volver a adoptar. “Sí, volveríamos a intentarlo, ya hemos hablado muchas veces del tema”, concluye Florencia.
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