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Popeye, el youtuber de la mafia

Popeye, el youtuber de la mafia

REVISTA JET-SET

John Jairo Velásquez, la mano derecha de Pablo Escobar, quien confesó haber asesinado a más de 250 personas y pagó 23 años de cárcel, ahora es un hit en YouTube. En su canal, Popeye_arrepentido, tiene más de 108.000 suscriptores y varios videos que han superado el millón de reproducciones. Así es el nuevo mundo de la tecnología: sin filtros.
Popeye ya no representa un peligro para la sociedad por su fusil si no por las revelaciones que hace en YouTube, en las que deja muy mal parados a políticos y militares. Al venezolano Diosdado Cabello lo llamó bandido.
Por: 10/6/2016 00:00:00

Es tal el éxito del temido sicario de Pablo Escobar que ahora lo paran en la calle para pedirle autógrafos y tomarse fotos con él. Desde que abrió su canal en YouTube, Popeye_arrepentido, en agosto del año pasado, sus fanáticos se dispararon. Tiene más de 108.000 suscriptores y la cifra crece día a día. El famoso gatillero, de 54 años, aprendió a manejar los computadores mientras estuvo recluido en la cárcel de Cómbita, Boyacá. Al quedar libre, un amigo le sugirió que se volviera youtuber y la idea le sonó porque era una ventana para promocionar sus dos libros El verdadero Pablo y Sobreviviendo a Pablo Escobar. Montó una oficina en un municipio del Valle de Aburrá, se consiguió un camarógrafo y empezó a hacer lo que sabe: contar la historia del Cartel de Medellín y de su patrón, Pablo Emilio Escobar Gaviria, a quien sigue considerando un héroe.

En uno de los videos recientes hizo una descripción escalofriante de cómo reaccionaba Escobar después del magnicidio de algún personaje poderoso en Colombia. “Ponía siempre Chiquitita, la canción de Abba, y me decía ‘Pope, tráigame la Heineken’. Yo le armaba el barillo y se fumaba medio mientras yo le contaba chistes y lo hacía reír. Cuando sonaba el tango Sangre maleva, de Óscar Larroca, yo sabía que algo delicado se venía. Me acercaba y le decía: ‘Patrón, ¿qué va a pasar?’, y él me decía: ‘No pregunte, Popeyito, no pregunte’”.

John Jairo Velásquez no es un youtuber cualquiera, es el testigo vivo más próximo al imperio de horror que fundó Pablo Escobar y por eso su testimonio es tan relevante. “Yo soy la memoria histórica del Cartel de Medellín”, repite una y otra vez con la frialdad que lo caracteriza. Después de estar 23 años y tres meses en prisión y de reconocer el asesinato de más de 250 personas, no quiere llevarse ni un solo secreto a la tumba. Asegura que sus publicaciones son una manera de enseñarles a los jóvenes que el delito no paga.

¿Por qué sigue con el tema de la mafia? –Cuando salí de la cárcel el gobierno me dijo que me iba a ayudar y me dejaron solo. Si ellos tuvieran una política de postpenados quizás yo estaría en otro cuento. Tenía que vivir de algo y lo único que conozco es de la mafia y de la historia de Pablo Emilio Escobar Gaviria, que le sigue interesando a gente de todo el mundo. Esa es mi forma de reinsertarme a la sociedad porque no puedo esperar nada del gobierno. En este momento no me prestan en un banco porque soy Popeye ni me dejan afiliarme a salud porque no he cotizado pensión, pero qué pensión iba a cotizar si yo era un bandido y estaba en prisión. Mucha gente dice que le estoy haciendo apología al delito, pero si el Estado colaborara, la línea editorial de mis videos sería muy diferente, más educativa. Pero el Estado no colabora y la mafia vende. Se lo digo realmente, si no fuera por YouTube, el fusil sería una opción.

¿La mafia todavía vende? –Es un tema supervendedor. Tiene todos los ingredientes que nos gustan: dinero, adrenalina, acción, aventura, mujeres hermosísimas y armas.

¿Se arrepiente de haber sido uno de los sicarios de Escobar? –Yo fui criado para el crimen, empecé en el mundo de la mafia a los 12 años. Crecí en el barrio Itagüí, de Medellín, donde había mucha violencia, y después me encontré con Pablo Emilio Escobar Gaviria, y con él inicié mi actividad de asesino profesional. No me arrepiento porque en esa época estábamos en guerra. A mis amigos también les cortaban la cabeza y los tiraban vivos desde los helicópteros. Eso lo va haciendo a uno muy fuerte. Lo que pasa es que yo cambié mi forma de pensar y de actuar en la cárcel de Cómbita, Boyacá. Hoy recibo abrazos en la calle, me apoyan los taxistas, los del carro de basura y los que limpian vidrios.

¿O sea que ya no va a matar a nadie más? –El amor doma la fiera. Algún día podría volver a matar, no tengo ningún problema con eso, pero recibir un contrato para asesinar a una persona que tiene cuatro hijos, y de pronto uno de ellos es mi suscriptor en YouTube, ya me queda muy duro.

Lo han tildado de loco… –A los inteligentes siempre les han dicho que están locos. Lo que sí no me gusta es que de pronto me digan que soy loca, eso sí sería muy aburridor. La máxima de la publicidad es que hablen de uno, bien o mal, pero que hablen. Si los perros ladran es porque estamos cabalgando. Voy bien y tengo el cariño de muchísima gente. En mi canal, el 95 % de las personas me apoya y el 5 restante me rechaza. Me escriben de países como Nueva Zelanda, Arabia Saudita, Vietnam; ahora mis videos los están traduciendo al inglés.

En qué franja de edad están sus seguidores? –Curiosamente me apoya más la juventud que los adultos. La mayoría de mi público está entre 12 y 20 años. Tengo seguidores de 9 a los que trato con mucho respeto porque sé que este es un tema delicado. Mucha gente se siente identificada conmigo porque soy una persona humilde.

¿Usted sabe cuántas personas mató? –Calculo que he matado a unas 250 personas y tengo que ver en la muerte de unas 3000. Nosotros iniciamos la guerra porque teníamos una bandera, no como los mexicanos que matan y no saben por qué. Nuestra ideología era evitar la extradición de colombianos a Estados Unidos. Acorralamos al presidente César Gaviria, él convocó la Constituyente y tumbamos la extradición en 1991 y nos sometimos a la Justicia. Pablo Escobar decía: “Si usted quiere ser un verdadero bandido, pague cinco años de cárcel”.

¿Cree en Dios? –Ciento por ciento. Los paisas somos así: rezando y matando. Todos los días oro por la mañana y por la noche, me gusta mucho ir a la iglesia y arrodillarme. Tengo una buena relación con Dios y soy devoto del Espíritu Santo. Si usted a Dios le echa la madre, él lo perdona, pero el Espíritu Santo no. En estos días salí en mi carrito, que estoy pagando a cuotas, y vi un mensaje hermosísimo que decía: “Salí con Dios, si no regreso, me fui con él”. Me lo voy a tatuar.

¿Cómo es su vida en Medellín? –Vivo solo y como en la calle. Cuando tengo buen dinero, me compró mi comidita italiana, cuando no, me como mi corrientazo de 8500 pesos. Me encanta visitar centros comerciales, caminar por el centro de la ciudad, tomarme una cervecita fría y oír tangos. La cárcel me enseñó a disfrutar la soledad. Soy muy disciplinado, me levanto a las seis de la mañana, me voy a hacer mis vueltas y después llego al canal y empiezo a trabajar. Actualmente estoy escribiendo una novela que se va a llamar El general de la mafia. Vivo pendiente de mis libros y de otros productos que voy a sacar.

¿Entre esos proyectos está una película? –Sí, tengo un preacuerdo con unas personas en México y estoy vendiendo mi historia para una serie de televisión, pero es un proyecto del que no puedo hablar. En el momento en que salga, mi canal se va a disparar, voy a tener un millón de suscriptores y 40 millones de visitas. Y cuando eso pase podré vivir tranquilamente de los recursos de YouTube. Estoy trabajando honradamente para llevar pan a mi mesa sin sangre.

¿Le tiene miedo a la muerte? –No. Si me van a matar, que me maten a bala y no de miedo. Nadie tiene comprada la vida. Aquí hay un disco que dice que es lo mismo morir tarde que temprano.

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