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Johana Bahamón profe de teatro en El Buen Pastor

Johana Bahamón profe de teatro en El Buen Pastor

Revista Jet-set

En reconocimiento a su trabajo con las reclusas del Buen Pastor, la actriz fue invitada como representante de Colombia al Women’s Forum for the Economy and Society, que tendrá lugar en Francia el próximo mes de octubre. Allá estará junto a otras líderes como Salma Hayek y Christine Lagard, directora del Fondo Monetario Internacional.
Johana modela uno de los vestidos que hicieron las internas de la cárcel de Armenia con papel reciclado. Foto: ©Hernán Melgarejo.
Por: Edición 29123/9/2014 00:00:00
En octubre, la actriz viajará a Deauville, a dos horas de París, donde participará en el Women’s Forum for the Economy and Society. Allí hablará durante una hora de su modelo de resocialización en las cárceles, que quieren replicar en países como Ecuador y Panamá.

Hace dos años Johana estaba en el curubito de su carrera con su protagónico en la novela Tres Milagros, donde interpretaba a Milú, una niña rica que cometía toda clase de delitos por el placer de sentir adrenalina. Su papel recibió muy buenas críticas, pero estaba cansada de la sobreexposición. Fue entonces cuando la invitaron a hacer jurado de un reinado de belleza en la cárcel El Buen Pastor. Ella nunca había entrado a una penitenciaría y ese día sintió que quería pasar más tiempo allí. Llamó a su profesora de actuación, Victoria Hernández, y le pidió que la ayudara a montar una obra de teatro con las internas. A los tres meses presentaron La casa de Bernarda Alba en la cárcel y Johana empezó una lucha por mostrársela al público. Se demoró ocho meses consiguiendo los permisos, se aprendió el código penitenciario de la A a la Z, hasta que lo logró. “Nada tiene sentido si la gente no las ve. Cuando estas mujeres se suben al escenario se empoderan y las personas empiezan a mirarlas de una manera distinta. Ahí ya no son unas delincuentes, sino unas actrices talentosas. Ese es el verdadero proceso de resocialización. Eso es lo más bonito”, dice.

En este momento, la vida de Johana transcurre entre rejas y tablas. “Dejé la televisión para dedicarme a esto, que es lo que realmente me llena espiritualmente. Sigo haciendo lo que me gusta, que es actuar, pero ya no es para que me vean todas las noches en prime time en RCN, sino para que las vean a ellas. Quiero transmitirles todo lo que sé para que puedan tener las oportunidades que yo tuve”. Dice no extrañar la fama y sentirse cómoda con no ser la protagonista.

Al comienzo, muchos amigos la tildaron de loca por el cambio tan brusco. Sus papás, aunque estaban felices de verla tan animada con un proyecto social, no dejaban de sentir temor de que fuera en una cárcel. “Soy hija única, protegida y consentida, pero rápidamente se dieron cuenta de que lo que estaba haciendo era lo que había visto en mi casa durante toda vida”. Su mamá es presidenta de Bancamía, un banco que le da créditos a los estratos 1, 2 y 3, y hace 35 años fundó el Banco de la Mujer. “Ellos conocían mi vena social, pero nunca se imaginaron que lo dejaría todo por esto”.

Reconoce que ganarse la confianza de las presas fue muy difícil. “Muchas pensaban que estaba allí por una multa de tránsito y que si hacía labor social me la quitaban o que mi próximo papel iba a ser de una presa. Nadie me creía, además tampoco soy tan carismática como para decirles: ‘Estoy aquí porque las amo’”, cuenta Johana, quien no se cansa de repetir que estas mujeres cambiaron el sentido de su vida. “Lo que ellas hacen por mí, sin saberlo, es mucho. Desde que trabajo en la cárcel soy más agradecida con lo que tengo y entiendo a los demás sin juzgar”.

Johana dice no sentir temor al estar junto a ellas. “Como hemos sido educados, siempre estamos acostumbrados al miedo. Nos casamos por miedo a quedarnos solos o buscamos dinero por miedo a ser pobres. En este momento de mi vida lo que me mueve no es el miedo sino el amor. Quiero recibir el cariño que me dan y compartir todo lo mío con ellas. Tienen mi profesor de yoga, de pilates, mi maquillador, mi fotógrafo, mi profesora de actuación”. Pasa las navidades en El Buen Pastor con su hijo Simón, de seis años, quien estudia en el Colegio San Carlos.

Además de las clases de actuación, la Fundación Teatro Interno, que dirige Johana, tiene el programa de Crecimiento Interno, el cual rehabilita a las presas adictas a través de retiros espirituales de Emaús, clases de yoga y la asesoría de alcohólicos y narcóticos anónimos. Y el programa de Trabajo Interno, que les enseña a ser productivas dentro de la cárcel y ganar dinero para mandarles a sus familias. En esta tarea la acompañan la diseñadora Mercedes Salazar, con sus joyas, y la exreina Shirley Sáenz, con sus muñecas en papel maché.

Al oír hablar a Johana es fácil descubrir que poco queda de esa niña caprichosa que todas las noches enamoraba a los televidentes con sus ojos claros y su sonrisa pícara. “He madurado. La vida es muy sabia y siempre he creído que todo pasa por algo y en el momento en que es”.
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