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Johana Bahamón abre restaurante dentro de una cárcel

Johana Bahamón abre restaurante dentro de una cárcel

REVISTA JET-SET

Interno, así se llama el restaurante que la actriz acaba de inaugurar dentro de la cárcel San Diego en Cartagena y que es atendido por las reclusas, quienes también preparan los platos propuestos por reconocidos chefs como Koldo Miranda, Guillo Vives y Harry Sasson. Tal ha sido la acogida de esta ingeniosa idea que ya tienen reservaciones para casi todo diciembre.
Johana con cuatro de las reclusas de la cárcel de San Diego que atienden el restaurante que está ubicado a unos pocos metros del Hotel Santa Clara. Los uniformes son un diseño de María Luisa Ortiz.
Por: Revista Jet-set.20/12/2016 00:00:00

Hace unos meses Johana Bahamón, directora de la Fundación Teatro Interno, oyó en La W la noticia de que había una cárcel en Milán, Italia, en la que funcionaba un restaurante abierto al público y tomó un avión para ir a visitarlo y enterarse cómo manejaban la logística y los temas de seguridad. Lo que vio le gustó tanto que regresó con la idea de replicarlo en la cárcel de San Diego en Cartagena, ubicada a pocos pasos del Hotel Santa Clara y famosa por las conversaciones a grito herido que tienen las reclusas con sus maridos que se paran en la calle del frente para verlas así sea por un huequito. Johana convenció al director del penal de las ventajas de hacerlo y empezó a buscar patrocinios de la sociedad privada, de la Alcaldía de Cartagena y la Gobernación de Bolívar para llevar a cabo su nueva “locura”.

Se ganó la convocatoria del BID que se llama ‘Liderando ideas’ y con el dinero del premio empezó a cocinar el proyecto. Buscó a reconocidos chefs para que le diseñaran la carta que está compuesta por tres entradas, tres platos fuertes, tres postres y dos clases de vino. En este menú pusieron su sabor Harry Sasson con un encocado de camarón, Guillo Vives con una tradicional posta cartagenera, Fernando Bernal, del restaurante El Patio, con un plato vegetariano, Juan Felipe Camacho, dueño del restaurante Donjuán, con un pescado en ensalada de mango, y Koldo Miranda, español ganador de una estrella Michelin, dio la receta de su ceviche. El lado dulce de este experimento lo puso Mila, quien les enseñó algunos de los secretos de su deliciosa repostería.

El restaurante es atendido por las reclusas, quienes se capacitaron en cocina, decoración, servicio al cliente, emprendimiento y panadería, y además tienen en el interior de la cárcel una huerta orgánica en la que cultivan varios de los ingredientes, entre ellos berenjenas, pepinos, coles y pimentones.

Hace algo más de una semana que Interno abrió las puertas y ya tiene reservaciones para casi todo diciembre. En Navidad y en enero prestan servicio a la hora del almuerzo y la cena, después lo harán solo durante la noche y al medio día lo usarán como restaurante para las internas. Johana pasará el fin de año en la cárcel de San Diego y mientras que ese día llega está una semana en Cartagena y otra en Bogotá, donde no puede descuidar los demás proyectos que tiene con la fundación, como la primera obra de teatro de pospenados que acaban de estrenar en Casa Libertad y en la que muestran cómo ha sido su vida después de salir de prisión.

La actriz, con su Teatro Interno, lleva cuatro años impulsando el desarrollo personal de más de 4.000 presos en 25 cárceles del país. “No ha sido fácil, la gente siempre me pregunta por qué ayudar a un preso en lugar de a una madre cabeza de familia. Es una población que está estigmatizada y nuestro esfuerzo es trabajar para que no siga siendo así”. Su objetivo es lograr que haya un contacto directo entre la comunidad carcelaria con la población civil ya sea en teatro, conciertos o ahora en cocina, porque, según ella, es ahí donde empieza la verdadera resocialización.

Está convencida de que a las internas hay que darles una segunda oportunidad y que no es nadie para juzgar los errores de los demás. Los presos la respetan y valoran lo que hace por ellos. “Amo estar en una cárcel, me siento súper segura, nunca me ha pasado algo ni siquiera incómodo. La gente me comenta que en esos sitios hay una energía muy pesada y yo les respondo que eso pasa en cualquier lugar”.

Al oírla hablar de lo que hace con tanta pasión es fácil descubrir que queda muy poco de esa niña caprichosa que enamoraba a los televidentes con su sonrisa pícara. En 2012, cuando estaba en el mejor momento de su carrera como actriz, recibió una llamada telefónica que le cambió la vida: la invitaron a ser jurado del reinado de belleza en la cárcel El Buen Pastor y aceptó con la curiosidad de ver qué pasaba de rejas para adentro. La primera interna con la que tuvo contacto le contó que mató a su esposo por abusar sexualmente de su hijo, eso la impactó. Sintió que tenía que hacer algo para ayudar a estas mujeres que han sido privadas de su libertad, por eso renunció a la actuación y se dedicó de lleno al trabajo carcelario.

A Simón, el hijo que tiene con Andrés Cabas, le preguntan: ¿qué hace tu mamá? y él responde: “Está en la cárcel”. Ella visita casi todas las mañanas a las reclusas y en las tardes trabaja en la oficina que construyó al lado de su casa para estar cerca de su familia y de su bebé Mia, que acaba de cumplir 1 año. Así, cuando la pequeña reclama los cuidados de su mamá, ella solo tiene que atravesar una puerta de vidrio para atenderla. “Me tiene enamorada, es una niña tranquila, nunca llora, siempre está riéndose. A mí se me había olvidado lo que era tener un bebé pues Simón ya tiene 8 años”, dice.

Su esposo, el corredor de bolsa Juan Manuel Salazar, ha sido un bastón en esta tarea filantrópica que le ha traído grandes reconocimientos: acaba de ser nominada por la revista Fortune y el Departamento de Estado de Estados Unidos para recibir asesoría de una de las 50 mujeres más poderosas del mundo en los negocios. Aún no sabe sí la van a elegir pero el solo hecho de que la tuvieran en cuenta ya es un premio.

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