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Estas son las cenas clandestinas de Jorge Iván Castro

Estas son las cenas clandestinas de Jorge Iván Castro

REVISTA JET-SET

Este nuevo chef, que dejó el periodismo para dedicarse a su pasión –la cocina–, hace cenas misteriosas en su apartamento de Bogotá, donde los comensales no saben ni qué van a comer, ni con quién se van a encontrar.
Marco Franco y Freda Dueñas siempre confían en la selección de los vinos de su anfitrión Guillermo de la Torre.
Por: 24/7/2015 00:00:00
Ya no hay lugar en su mesa hasta septiembre. Las cenas clandestinas de Jorge Iván Castro están reservadas, gracias a que el destacado periodista que dirigió Agenda CM&, y fue la mano derecha de Claudia Gurisatti en La Noche, dejó las noticias hace cinco años para darle rienda suelta a su pasión: la cocina. Todo lo que aprendió en los cuatros años sabáticos que se dio en República Dominicana y Costa Rica, está plasmado en sus menús eclécticos. En ninguna de las 12 cenas que ha preparado ha servido el mismo plato y se inspira en sus gustos personales como la comida de India; del Caribe, por sus influencias africanas y chinas, y del Mediterráneo. Solo por pedido de sus clientes y amigos cocinó de nuevo la sopa de peras y champaña. Se llaman clandestinas porque quien reserva solo sabe el lugar, la fecha y la hora: su apartamento, ubicado en el norte de Bogotá, los viernes cada 15 días, a las 8:00 de la noche. Nadie sabe quién más va a compartir la mesa dispuesta para 10 personas por un valor de 100 mil pesos por puesto. Todos llegan con la expectativa de lo que Jorge Iván va a servir. Conocer gente y enterarse de los cuentos menos esperados es siempre una posibilidad. La única condición es la puntualidad y en su casa se han encontrado periodistas, políticos, artistas, empresarios y científicos. 
Antes de iniciar el viaje gastronómico, que va en cinco tiempos, los comensales se toman unas copas de vino en la sala. Quienes se conocen se ponen al día. Con la voz de Frank Sinatra de fondo, se cuentan detalles de las vacaciones, del cumpleaños que van a celebrar en Barichara, o del amigo que acaban de operar. Los que apenas se han visto se quejan de que cada suceso que registran los noticieros vaticina el fin del mundo. También opinan sobre cuál es el mejor programa de la mañana y comentan sus temas. El túnel por el que se escapó de la cárcel el narcotraficante mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán fue “la comidilla” en la última reunión. Y contrario a lo que dictan las buenas costumbres, allí se habla de sexo, política y religión. Cuando Memo de la Torre, el compañero de vida de Jorge Iván y su cómplice en las cenas, enciende las velas e invita a pasar a manteles, de lo primero que se habla es de los sabores, las texturas y los colores de la comida. Siempre inicia con algo de mar, una ensalada o una sopa que se pueden acompañar con vino blanco. Los primeros tres platos tienen sabores suaves y escalonados para no manchar el paladar. El plato fuerte generalmente lleva carnes de cocción lenta. Y sus postres sorprenden con ingredientes inusuales, como el de flor de manzana con crocante de almendras, helado de vainilla y almíbar de tomillo. Los sabores logran la misma química que se despierta entre los invitados a medida que avanza la cena. El chef revela algunos de los ingredientes y todos brindan por la salud, por los amigos, por el papa y por el cese bilateral.
Jorge Iván y Memo prefieren que estos encuentros sigan siendo quincenales, para evitar que se les pierda el encanto. De lo que sí están seguros es de que quieren variar el escenario. Las cenas clandestinas, que son tendencia en las grandes capitales del mundo como Washington, Madrid, Sao Paulo, México o Buenos Aires, se realizan en espacios públicos, en museos, galerías de arte y bodegas industriales. “Me encantaría hacer una cena en la Plaza de Bolívar. Ambientarla, ponerle antorchas y atender a 20 personas con el capitolio de fondo”, concluye Jorge Iván.

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