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Esta es la historia de la Kennedy oculta

Esta es la historia de la Kennedy oculta

REVISTA JET-SET

Dos libros cuentan por primera vez la historia completa de Rosemary Kennedy, la hija y hermana que la poderosa familia estadounidense escondió porque deshonraba su prestigio.
Rosemary (izquierda) con su hermana más cercana, Eunice, en una reunión familiar. Una fatal lobotomía la privó del uso de sus extremidades y la dejó con la capacidad mental de un bebé.
Por: 24/9/2015 00:00:00
Estaba predestinada a brillar en la alta sociedad como hija del acaudalado empresario Joseph “Joe” Kennedy y Rose Fitzgerald, de la élite de origen irlandés de Boston. Pero un hado siniestro torció el rumbo de la que pudo ser una idílica historia y la convirtió en tragedia.
El drama de Rosemary comenzó poco antes de su nacimiento, el 13 de septiembre de 1918, cuando su madre entró en labor de parto en su casa de Brookline, Massachusetts. El obstetra no llegaba y su enfermera le pidió a Rose que apretara las piernas, para contrarrestar la urgencia de pujar, aunque ya se sabía que evitar el movimiento del bebé por el canal de parto puede producirle falta de oxígeno y exponerlo a daños en el cerebro. Eso no funcionó, de modo que la enfermera contuvo la cabecita de Rosemary en la vagina para que no pudiera salir por dos insoportables horas.
El obstetra llegó y trajo al mundo a la tercera hija de los Kennedy, quien con el tiempo empezó a mostrar indicios cada vez más alarmantes, para tejer otro infortunio del apellido más famoso de Estados Unidos. Solo que los Kennedy, así como lloraron públicamente los asesinatos del presidente John F. Kennedy y el senador Robert Kennedy, escondieron a la desventurada Rosemary, por vergüenza.
Los detalles de su historia se han conocido poco a poco en el reciente medio siglo y ahora dos nuevos libros refieren por primera vez la versión completa. En uno de ellos, The Missing Kennedy, Elizabeth Koehler-Pentacoff evoca sus visitas a Rosemary en el colegio de St. Coletta, institución para discapacitados en Wisconsin, donde su tía era una de las monjas que la atendía. El otro texto, Rosemary: The Hidden Kennedy Daughter, de Kate Clifford Larson, recoge testimonios de nuevas fuentes, incluidos algunos Kennedy. Ambas obras permiten comprender que ella “fue una niña maravillosa, víctima de su época y de las ambiciones de una poderosa familia”, asegura Larson.
Rosemary gateó, habló y caminó tarde. Le costaba sostener una cuchara y jugar a lo que jugaban los demás niños. No aprobó el kínder y expertos le anunciaron a su madre que sufría de retardo mental, expresión que en ese entonces abarcaba varias condiciones. Rose y Joe resolvieron que fuese tratada como sus demás hijos, puesto que reconocer sus problemas podía condenarlos al ostracismo en la sociedad en la que se movían.
En sus fotos de infancia y juventud exhibía un aire de felicidad que, unido a su galanura, disfrazaban su situación, que le impidió pasar de cuarto de primaria. Como lo recordó su hermana más cercana, Eunice Kennedy, quien fue la suegra de Arnold Schwarzenegger, Rosemary comenzó a padecer en la adolescencia de cambios bruscos de humor y propensión a las rabietas incontrolables. Su padre, como lo señalan cartas reveladas en los nuevos libros, la criticaba cuando subía de peso, pues eso era mal visto en la familia.
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, los Kennedy regresaron a Estados Unidos de Londres, donde Joe había sido embajador ante la corte de St. James, y el caso de Rosemary se volvió más espinoso, por su emergente sexualidad y porque ya le resultaba atractiva a los hombres. Por esos años fue matriculada en un instituto de Washington, de donde, según su parienta Ann Gargan, se escapaba para deambular por las calles en la madrugada.
Joe temió que los hombres se aprovecharan de ella sexualmente y no podía exponerse a un embarazo sin matrimonio, algo reprobado por los cánones morales de aquel tiempo, porque en ese momento empezaba a trazar el futuro político de sus hijos. Entonces, dispuso someterla a una lobotomía, procedimiento experimental que prometía mejorar la vida de pacientes con trastornos mentales. Otra de sus hijas, Kathleen, investigó y supo que la American Medical Association advertía sobre los riesgos del proceso y se lo comunicó a su madre. Si Rose previno a Joe, él no le puso atención y siguió adelante con su idea, al parecer sin darle aviso a su esposa.
La operación fue horrible. El doctor James Watts hizo dos huecos a los lados del cráneo de Rosemary, por los que insertó una espátula flexible que giraba para desechar materia del lóbulo frontal del cerebro. Mientras, el doctor Walter Freeman, pionero de la lobotomía en Estados Unidos, le pedía a Rosemary que le contara historias. Al cuarto corte, se volvió incoherente y dejó de hablar. Salió del quirófano con la inteligencia de un infante de meses y discapacitada casi por completo. Nunca recuperó el uso de sus extremidades y su lenguaje se reducía a unas cuantas frases: “bebé”, “mamá”, “Eunice”.
Joe no la volvió a ver. A sus hermanos y al resto del mundo se les dijo que se había ido a trabajar de maestra en algún lugar del Medio Oeste y prefería su privacidad. Rose parece que solo se reencontró con su hija en el colegio de St. Coletta, 20 años después de la cirugía, cuando su marido sufrió una apoplejía y se empezó a saber la verdad. Ese día, cuando Rosemary vio a su madre corrió a sus brazos, pero pronto reaccionó y empezó a golpearla y a emitir un grito: “¡Aaaarck!”, cuenta Kate Clifford Larson. Ello indicaría que la lobotomía no borró del todo sus recuerdos y sentía que su madre la desatendió cuando más la necesitaba.
En los años 70, la vida de la hermana del presidente John F. Kennedy mejoró, pues su familia la veía más o la llevaba de visita a sus casas. Aún así, ella se mantuvo hostil con su madre. Eunice, la primera que rompió el silencio sobre su hermana, en 1962, contó que le gustaba nadar, caminar y jugar cartas. Era vanidosa y adoraba que elogiaran su apariencia. Murió en 2005 en St. Coletta a los 86 años.
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