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El mano a mano de la elegancia entre la reina Letizia e Isabel Preysler

El mano a mano de la elegancia entre la reina Letizia e Isabel Preysler

REVISTA JET-SET

Las dos mujeres más famosas de España rivalizaron en belleza y glamour durante la apertura de la ópera en el Teatro Real de Madrid.
Isabel Preysler y Vargas Llosa llegaron tomados fuertemente de la mano, como lo hacen cada vez que aparecen en público. La reina Letizia caminaba unos pasos detrás del rey Felipe, fiel a la etiqueta de los actos oficiales.
Por: 8/10/2015 00:00:00
España adora a estas dos mujeres por hermosas y finas. Cada vestido, cada movimiento y cada gesto de ellas generan comentarios y una que otra polémica, en este país que, como ningún otro, consiente y le dedica tiempo a sus famosas. Letizia, la esposa del rey Felipe VI, aparece cada semana en la prensa del corazón, que lleva un sucinto registro de su armario y vive a la caza de cualquier opinión que se le pueda escapar a esta exreportera de Televisión Española que por protocolo ahora está obligada a guardar silencio, lo que le infunde un mayor misterio a su personalidad. 
Isabel, por su parte, es un fenómeno de la imagen y las relaciones públicas, pues ha acaparado por cuatro décadas la atención de la sociedad española por el solo hecho de ser ella. No canta, no escribe, no baila, no actúa, no se le conoce ninguna habilidad en especial, salvo la de haber sabido capitalizar su encanto, que luego de llevarla al altar con tres hombres famosos, ahora hechiza al nobel de literatura Mario Vargas Llosa. 
Así, tener a tan destacadas damas bajo un solo techo, algo que no acontece muy a menudo, necesariamente causa revuelo, como sucedió hace poco en el Teatro Real de Madrid. Luego de un largo verano, que había apaciguado la agitada vida social de la capital, la reanudación de las citas galantes arrancó con Letizia e Isabel como las más esperadas asistentes al estreno de la temporada de ópera, con la pieza Roberto Devereux, de Donizetti. La expectativa fue tal, que curiosos y periodistas se agolparon desde tempranas horas en los alrededores del coliseo para ver su llegada.
Isabel, cuyo romance con el literato peruano ha sido la comidilla este año, llegó con él, quien pertenece al patronato del teatro. Como siempre en sus apariciones en público, estaban tomados firmemente de la mano, en una especie de manifestación de unidad dirigida a quienes han criticado su decisión de estar juntos. Si en días pasados realizaban su presentación oficial como pareja en Nueva York, en el marco de una fiesta en la que asistieron celebridades como Richard Gere, este constituía su debut en la capital ibérica, donde ya viven juntos, en la mansión de ella, Villa Meona, en el lujoso barrio de Puerta de Hierro, valorada en unos 20 millones de euros. 
Letizia, por supuesto, se presentó con el rey, caminando unos pasos detrás de él, como acostumbra en las ocasiones oficiales. Tanto a las puertas del escenario como en el recinto, recibieron una lluvia de aplausos y su presencia fue honrada con la Marcha Real, el himno nacional de España.
La prensa se vio restringida para registrar lo que sucedió dentro del teatro, pero tuvo material suficiente para hablar de esta especie de duelo de glamour entre la reina y la socialite más influyente del país. Ambas coincidieron en una prenda infaltable en el ropero de toda mujer con estilo, el LBD, little black dress (vestidito negro). 
La reina eligió un modelo de Hugo Boss, cuyo escote asimétrico merecía todo el protagonismo. Para no eclipsarlo, Letizia optó por complementos en la misma línea del negro: aretes de diamantes oscuros de la casa De Grisogono, de Ginebra; clutch con banda dorada, de Nina Ricci, y zapatos de salón, de Prada.
Preysler ofreció otro modo de lucir el traje negro, al mezclarlo con colores y brillo. En contraste con el de la reina, su modelo de Gucci llevaba mangas largas y una delgada faja de cuero que marcaba la angosta cintura que exhibe a sus 64 años. Al mirarla de arriba abajo, no se apagaba el impacto del atuendo, gracias a sus accesorios: en el cuello, una gargantilla de oro de Bulgari; en la mano, un sobre rojo de cuero con pliegues; en los pies, unos zapatos decorados con retazos carmín, beige y gris, de Gianvito Rossi.
No era la primera vez que las dos célebres mujeres alternaban, pues la filipina asistió a la boda de Felipe y Letizia en 2004. Además, ha sido invitada a banquetes en el Palacio Real, donde le ha hecho la reverencia a Letizia, primero como princesa de Asturias y luego en su primer día como reina, en la recepción con motivo de la proclamación de Felipe VI, el año pasado.

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