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Isabel II de Inglaterra, cuando la reina invita...

Isabel II de Inglaterra, cuando la reina invita...

REVISTA JET-SET

El próximo noviembre, el presidente Juan Manuel Santos y su esposa, María Clemencia de Santos, serán huéspedes de la monarca británica en una histórica visita de Estado. Estas son las claves de los invariables rituales y el estricto protocolo de tan especial encuentro.
La visita dura tres días y su momento más deslumbrante es el banquete de cuatro platos para cerca de 170 invitados en el Ball Room del Palacio de Buckingham, que acoge estos eventos desde 1914. La mesa se adorna con 2000 piezas de oro, plata, cristal y porcelana, más 23 centros de mesa, provenientes del Grand Service, adquirido por Jorge IV hace dos siglos.
Por: 19/5/2016 00:00:00

La visita de Estado es uno de los acontecimientos más formales del año para la reina, muy impregnado de tradición, y su planeación dura un año, dice Anna Reynolds, curadora de exposiciones del Palacio de Buckingham.

La estadía en Buckingham o en el Castillo de Windsor dura tres días. Como es costumbre, el presidente Santos y su esposa corresponderán las atenciones de la reina con una gala en la segunda noche de la visita.

La Belgian Suite, que acogerá a los Santos, también recibió a gobernantes como el sah de Persia, Ronald Reagan y Barack Obama. Allí nacieron los príncipes Andrés y Eduardo, hijos de la reina.

La reina sabe que no es fácil asumir el protocolo de la corte, de modo que designa a dos de sus más experimentados y confiables ayudantes para asesorar a sus ilustres convidados.

El presidente y su esposa contarán también con un colaborador para solucionar cualquier problema, y una dama de compañía estará al servicio de María Clemencia Rodríguez.

Un lacayo de librea permanecerá todas las noches a las puertas de la Belgian Suite, pendiente de la pareja colombiana.

Los colaboradores de la reina se contactarán con los del presidente y su esposa para saber qué tipo de libros les gusta leer, sus marcas favoritas en productos de cuidado personal y las flores preferidas de la esposa del presidente.

Las mucamas y sirvientes desempacarán las maletas de los Santos, guardarán su ropa interior en bolsas de organza y ordenarán perfectamente sus perfumes y cosméticos. También graduarán la temperatura de baños y habitaciones al gusto de los invitados y se encargarán de lavar y planchar su ropa “mejor que en cualquier lavandería de Londres”, según un testigo.

Isabel revisa personalmente que las habitaciones de huéspedes estén aperadas con papel para escribir, plumas, agua mineral, whisky, jerez, canastas de frutas, dulces y bizcochos.

Es probable que la reina le otorgue a Santos la Muy Honorable Orden del Baño, que data de 1725, para que la luzca en la cena de Estado.

El despliegue de los mejores objetos de la casa real durante el banquete en el Palacio de Buckingham es una muestra de respeto hacia los visitantes, y se remonta a la Edad Media.

A su majestad no le gusta la conversación a través de la mesa, de modo que los comensales deben seguir su guía: cuando ella vira la cabeza a la izquierda, todos la imitan y hablan con quien tengan a ese lado. Luego rotan a la derecha cuando ella lo hace, en la segunda parte de la comida.

Isabel espera que sus huéspedes conozcan el protocolo, pero no tiene problema en brindar indicaciones al respecto. Su más frecuente observación es que la gente no se pone la servilleta en las piernas del lado almidonado y por eso se les resbala.

Para charlar con la reina hay que recordar que ella es amigable, jamás discute y no profundiza mucho sino que prefiere pasar rápidamente de un tema a otro.

Tras la comida, la monarca tiene la extravagante costumbre de retocar su maquillaje (polvos compactos y labial) en la mesa. “La reina me dijo que está bien hacerlo”, recordó Laura Bush, la ex primera dama de Estados Unidos.

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