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Alejandra Azcárate, la reina de Twitter

Alejandra Azcárate, la reina de Twitter

REVISTA JET-SET

Con más de tres millones de seguidores en Twitter e Instagram, la actriz y presentadora supera con creces a líderes de opinión como Daniel Samper, Félix de Bedout o Salud Hernández. Sus comentarios sobre sexo, amor o viajes se convierten en tendencias y todo lo que usa se vuelve moda.
En 2009 Alejandra se lanzó al ruedo con su stand-up Descárate con la Azcárate. Hace poco celebró con los seguidores de su cuenta de Twitter, sus 1200 funciones con 97 por ciento de aforos agotados.
Por: 11/2/2016 00:00:00

Alejandra Azcárate se inventó una palabra para definirse: “aparaticodependiente”. La exitosa creadora del stand-up Descárate con la Azcárate es una de las personalidades del espectáculo nacional que más actividad tiene en las redes sociales, y eso se traduce en el número de sus seguidores. En Twitter tiene 2’734.795, y entre un día y otro aumentan hasta 2000; en su cuenta de Instagram, que abrió hace un poco más de un año, ya va por los 700.000. A @LaAzcárate le encanta trinar, ya que para ella “la fortaleza está en sintetizar una idea en 140 caracteres y lograr que la gente se enganche gracias a una manera de pensar y no por la simple apariencia”. La bogotana, que en marzo celebra sus 38 años, no es de montar fachadas, dice lo que le da la gana, es directa, y su opinión siempre genera diversas reacciones. Hay quienes le declaran su amor incondicional, otros le profesan una admiración que a veces ralla en la exageración, y nunca faltan los que se quieren lucir insultándola ante su abultado público cibernético. “Mediocre” y “bruta” es de lo más suavecito que le han escrito, pero la periodista del Emerson College de Boston, formada en teatro, dicción e improvisación en I’École Yourcenar, en París (Francia), no gasta pólvora en gallinazos para defenderse. “No aclares, que oscureces”, dice. Sin embargo, cuando necesita sentar su posición se avienta con toda, como cuando fue cuestionada por su supuesto apoyo al Centro Democrático en contra de los diálogos en La Habana: “No represento la voz de ningún partido político, no soy analista ni pretendo serlo, y no acepto que mi opinión, la cual tengo derecho a expresar como cualquier ciudadano, sea utilizada como pieza publicitaria y masiva de esta manera arbitraria (...)”. Ante semejante diatriba, un millón y medio de personas hicieron clic en el ícono en forma de corazón que dice: “Me gusta”.

Lo cierto es que sus opiniones rara vez se refieren a los asuntos del Estado y sus gobernantes. En su cuenta recomienda el libro de Julio Sánchez Cristo El país que se hizo posible, y dice que su venta es para apoyar a las mujeres con cáncer. Es la imagen de una importante casa de modas, y ahora está “montada” en la tarea de impulsar una marca de motocicletas. También invita a que la vean en su stand-up, y revela las ciudades y las fechas que este año ya tiene agendadas hasta abril. Y como ha declarado que le gusta la moda, “no lo que está de moda”, sube a la red sus fotos impecablemente vestida para cada ocasión: trajes largos y de alta costura en cada una de sus presentaciones en Miami, Quito, Guayaquil, Medellín, Cali, Ibagué, Neiva, Valledupar y hasta en Florencia (Caquetá), ciudad a la que llegó con la prevención del comentario de un par de amigos que la tildaron de “loca de mierda”, por aceptar hacer su show allá y le dijeron que el lugar debía ser un “rotazo”. Después de alabar generosamente la delicia de comida, la atención de la gente y los paisajes de la Puerta de Oro de la Amazonía, Alejandra sentenció: “Rotazo es el que tenemos los colombianos en la cabeza al no apreciar la verdadera belleza de nuestro país”.

Esa mujer de 1,78 metros, que se dice a sí misma “bruja”, es defensora de las malas costumbres, se preocupa cuando tiene la conciencia tranquila, y llora de la risa en un espectáculo de Primo Rojas, a quien considera un genio por la crueldad de su “brillante sátira”. Ella es de la escuela de los que no se toman la vida en serio y se ríen de quienes lo hacen. En una reciente publicación en Instagram, laAzcárateoficial les presentó a sus seguidores al hombre de quien heredó el cinismo y la franqueza. A su padre, Gerardo Azcárate, del que contó, “le encanta el vodka, se ríe en los entierros y nos dice a mi hermano y a mí que somos sus mejores errores”, Alejandra le agradece haberle enseñado a debatir con respeto: “Me permitió opinar, discutir, reír y expresarme con absoluta libertad”.

Con libertad y sin tapujos, Alejandra, que aún no tiene hijos, celebró la decisión de la Corte sobre la adopción de parejas del mismo sexo y planteó que ese no era un debate religioso ni moral. Para ella era “un asunto jurídico de neta igualdad”. Con la misma claridad se solidarizó con su colega, la actriz Carolina Sabino, cuando se le vino el mundo encima porque aparentemente se hizo un aborto. En una extensa nota expresó su decepción porque los medios de comunicación convirtieron un episodio tan doloroso de su vida “en un escándalo farandulero, propio de los caníbales ocultos de esta despiadada industria del entretenimiento”. El 11 de noviembre renunció a Descárate sin evadir, el programa de televisión que hacía con Eva Rey en el Canal RCN, y ella, que casi nunca da entrevistas, prefirió poner en conocimiento público su decisión a través de internet. Dijo que lo hacía por motivos profesionales y les agradeció a los televidentes por haberla acompañado cada domingo en un espacio basado en la franqueza y libre de juicios.

Gran parte de su vida transcurre en las pantallas de quienes la observan en sus teléfonos inteligentes, en las tabletas o en sus computadores. A veces parece un reality show. Su último viaje de vacaciones, que duró más de un mes, fue registrado con bellas fotografías y descripciones muy bien jaladas de las costumbres e historias de los lugares que visitó en compañía de su esposo, Miguel Jaramillo: Nueva Delhi, Agra, Mumbai, Jaipur, Estrasburgo, Berna, Lucerna, Luxemburgo o Brujas. Esta última ciudad le encantó, “no solo su nombre es fascinante, porque le hace honor a las mujeres que me caen bien, sino que es divina, alegre, romántica, deliciosa y elegante”. Esta exposición en las redes ha permitido descubrir algo: que la periodista tiene alma de escritora. La historia de la muerte de Magola, la perrita yorkie que la acompañó durante nueve años y el trabajo que le costó remplazarla con Mariposa, su nueva mascota, es de novela. La narración de cómo comparte su vida en pareja, es una oda a la cotidianidad: “Nos equivocamos, almorzamos tarde, nos halamos las cobijas, hablamos rápido, se nos olvida mercar, botamos las llaves de la casa, no coordinamos bailando, nos perdemos buscando direcciones, no sabemos criar ni un perro y se nos mueren las matas”.

En sus redes sociales, que sirven hasta para encontrar perros perdidos, Alejandra Azcárate abre el espacio para contradecir, pero pide el favor de evitar insultos, improperios, agresiones o señalamientos de baja categoría. “Su opinión la respeto de antemano y así mismo espero que lo hagan con la mía. Gracias”.

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