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Natalia Ponce de León “¡Estoy indignada!”

Natalia Ponce de León “¡Estoy indignada!”

REVISTA JET-SET

El reciente ataque con ácido de Jenny Marcela Pardo, en Bogotá, revivió el dolor de Natalia Ponce de León, quien se siente impotente al saber que en Colombia aumentan las víctimas de esta tragedia y los culpables siguen en la impunidad. “¡No más!”, reclama Natalia.
La joven tiene que usar esta máscara de Uvex para alisar su piel y protegerla del sol. Asiste regularmente a terapias físicas en la Clínica Fray Bartolomé y se hace masajes que le ayudan a la cicatrización.
Por: 24/9/2015 00:00:00
Indignada con la Fiscalía, la Policía, el presidente y el Congreso está Natalia Ponce de León, la joven que en marzo de 2014 fue atacada con ácido por Jonathan Vega. Su rechazo se debe a la poca efectividad que han tenido las autoridades para dar con el paradero del agresor de Jenny Marcela Pardo, la última víctima que dejaron estos ataques. Natalia no entiende por qué en su caso el Gobierno ofreció una recompensa de 75 millones de pesos y en el de Jenny, solo 10 millones. “No sé cuál es la diferencia entre las otras víctimas y yo. Le he hecho esa pregunta al Gobierno, pero obviamente no me la va a responder porque la respuesta sería: ‘Sí, somos unos elitistas’. El dolor no tiene raza ni estatus”, dice. Se siente impotente al saber que en Colombia siguen ocurriendo este tipo de ataques y no pasa absolutamente nada. Con ese tono enérgico le habló a Jet-set.
¿Usted dijo en un comunicado que se siente indignada con lo que está pasando con los ataques con ácido? –Estoy muy indignada, he llorado, la impotencia que siento es horrible. Desde enero de 2014 hasta abril de 2015 van como 120 casos de personas quemadas con ácidos en Colombia; de esos, el 99 por ciento han quedado en la impunidad. Estamos detrás de un proyecto de ley para que se endurezcan las penas, pero si la Policía, la Fiscalía y el Gobierno no ayudan a encontrar a los culpables, no sirve de nada. No hay a quién meter a la cárcel. O a veces cuando encuentran al culpable, este se justifica con que tiene un trastorno mental, como en su caso… –En mi caso, Jonathan Vega sigue aplazando las audiencias, él va a medicina legal a hacerse el examen y no habla. No sé qué tipo de trucos está usando su abogado para dilatarlo todo. Yo ya se lo dejo como a la vida y a Dios. En esa parte he sanado un poco mi corazón, aunque claro que me gustaría que le dieran un castigo ejemplar para que estas cosas no sigan pasando.
¿Qué sería para usted un castigo ejemplar? –Como lo que estamos logrando, que él pague 30 o 35 años. La gente tiene que entender que esto no es un chiste, que está acabando con muchas vidas en Colombia. La sociedad está en pánico, uno ya siente miedo de salir a la calle y de estar por ahí parado porque en cualquier momento llega alguien y le echa un químico y se le acabó la vida en cuestión de milésimas de segundo.
¿Qué opina del proyecto de ley que cursa en el Congreso sobre ataques de ácido? ¿Le parece justo? –Claro que no. Los castigos son muy bajitos, creo que la pena máxima es de 17 años y con todas las rebajas terminan pagando como 8 y salen felices. En cambio, nosotros cargamos con esta cruz hasta el día de la muerte, quedamos con las cicatrices por el resto de la vida y la pérdida de la identidad es terrible. Es una grosería, además, que un ataque con ácido se catalogue como una lesión personal.
¿Cómo va su recuperación? –Me han hecho 16 cirugías, y no sé cuántas me faltan. En diez días entro otra vez al quirófano. Le tengo mucho miedo a la anestesia ya que siempre es un riesgo. Ahora estoy en la reconstrucción de mi cara para lograr estar cómoda. La piel quemada se vuelve tiesa, como una cartulina, uno no puede abrir bien la boca, es terrible.
¿Se ve mejor ahora? –Estoy contenta con mi tratamiento aunque igual me falta mucho, sigo bastante quemada. Lo que me pasó me ha dado mucha fuerza, no sabía que resistiera tanto dolor. Siento que vine a esta vida a cumplir con la misión de ayudar a acabar con esto.
¿Era vanidosa? –Sí claro, y lo sigo siendo. Me gusta ponerme aretes, collares, accesorios en la cabeza. Hay que quererse y aceptarse como uno es. Pasó y la vida sigue, pero no es fácil. Muchas veces uno piensa en morirse, en por qué me pasó esto a mí y cómo voy a seguir.
¿Le afecta mirarse al espejo? –Sí, a veces me deprimo. Pero cada día me doy cuenta de que mi cara está mejor. Afortunadamente no perdí mis ojos, eso fue un milagro de Dios, porque estuve muy cerca. Tuve la boca tan cerrada, que llegué al punto de que solo me cabía un pitillo, duré mucho tiempo comiendo sopa y líquidos. Después ya empecé con el proceso de los masajes para soltar la piel y ganarle a la cicatrización. Mi prima Toti es masajista profesional y es mi ángel guardián.
¿Por qué etapas psicológicas ha pasado? –Por todas: venganza, odio, ganas de morirme, depresión absoluta, no pararme de la cama durante muchos días, no comer. Pero ahora ando con más fuerza, estoy en un tratamiento psiquiátrico que me ayuda un montón. Leo bastantes libros espirituales y tomo pastillas para dormir. Estoy trabajando con la Fundación y aprendiendo para las cosas que vienen.
¿Cómo cuáles? –Tengo muchos proyectos grandes y bonitos, pero ahora no quiero contar hasta que salgan. En algún momento me gustaría escribir un libro con mi historia. Tengo ganas de hacer una retrospección con ayuda de alguien, volver a esos momentos de la clínica y saber dónde estaba mi mente, hay días de los que no me acuerdo bien pues el dolor era muy fuerte, tengo como flashbacks.
¿Cómo es su trabajo en la fundación? –Estamos defendiendo el proyecto de ley para aumentar las penas por los ataques con ácido. A las víctimas les damos asesoría sobre los derechos que tienen en cuanto a la parte jurídica y de salud.
¿Qué ha sido lo más difícil? –Sufrí demasiado por mis ojos porque duré mucho tiempo sin ver, con mucho dolor. Me crecían las pestañas por dentro del ojo entonces me las quitaba. Son muchas cosas: los dolores de las quemaduras, las ampollas, el verme así. El encierro es depresivo, yo soy una mujer muy callejera.
¿Ahora ha empezado a salir más? –Sí, ya le he perdido más el miedo a salir y a que me vean. A veces en la calle me preguntan: “¿Ah, tú eres la de la televisión?”, y yo les digo: “¿Cuál de la televisión? Yo soy la chica quemada por ácido, no soy ninguna actriz”. Pero la verdad ya no me importa tanto lo que digan, voy a las terapias, me subo al ascensor sola y la gente se queda mirándome, a veces estoy con la máscara y otras no. Soy una persona muy sociable y amiguera, salgo y me tomo mis vinos.
¿Disfruta la rumba? –Me gusta bailar, la música; pero ahora la vida me cambió y no voy a meterme a un bar porque no me siento cómoda. He salido a restaurantes a comer, estoy manejando otra vez, poco a poco voy retomando mi vida.
¿Cómo está su mamá? –Es una montaña rusa. Ella retomó su vida y está trabajando. Tiene sus momentos de tristeza y felicidad, depende mucho de cómo estemos las dos, a veces siento que somos como una sola alma. El dolor de madre es muy fuerte, yo soy muy creyente y le pido mucho a Dios por ella. Está volviendo a sus terapias respiratorias. Mis padres son separados, mi papá también es muy allegado a mí, lo amo, sino que él es de bajo perfil, no le gustan los medios.
¿Con qué recursos paga las cirugías? –No pertenezco a una familia millonaria, tenemos comodidades pero no nos sobra la plata. A mí me cubre todo la EPS. Se han portado muy bien aunque al principio no tenían el conocimiento de que en estos casos ellos tienen que cubrirlo todo. Parte del trabajo que hago con mi fundación es aclararles a las víctimas que exijan el pago de todo, porque estas no son cirugías estéticas. Yo tengo la boca torcida porque me echaron un químico, no me estoy operando para quedar con una boca divina.
¿Cómo pueden ayudarla? –Es muy importante que todos los colombianos donen piel. Los injertos que le hacen a uno son de piel de muertos obviamente procesada en el Banco de Piel de Colombia. Pero cuando no hay, toca importar piel de marrano y es mucho más costosa.
¿Qué es lo que más extraña? –Ir a la playa, me toca cuidarme mucho del sol, tengo que andar siempre con sombrero y con la máscara de policarbonato que me marca las facciones y me alisa la piel. No me puede dar la luz porque me mancho, en este proceso de cicatrización me toca cuidarme demasiado.
¿Tiene novio? –No, ahora estoy sola. Terminé con mi exnovio en febrero, pero somos amigos. Él me acompañó en todo este proceso, en los momentos más duros, y se lo agradezco. Pero no quiero atar a nadie a mí. Él es hermoso pero somos muy diferentes.
¿Cómo se ve en un futuro? –Viajando por el mundo, contando mi experiencia y pidiendo ayuda para Colombia. Esto tiene que acabar. Me gustan mucho los niños pero me da miedo traerlos a este mundo como está. No me cierro a esa oportunidad aunque ahora no tengo pareja, me toca empezar por buscar un papá.
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