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Ángela Benedetti: “Es mejor la diplomacia que la política”

Ángela Benedetti: “Es mejor la diplomacia que la política”

REVISTA JET-SET

Apenas llegó a la Embajada de Colombia en Panamá, Ángela Benedetti tomó dos decisiones importantes en su vida: tener su segundo hijo y no volver a un cargo de elección popular. La barranquillera habló con Jet-set de sus pasos en el mundo diplomático, lejos del mundanal ruido de la política.
Desde la Embajada de Colombia en Panamá, Ángela Benedetti trabaja en la ampliación de la agenda bilateral en asuntos como seguridad, bienestar de las comunidades fronterizas y exportaciones.
Por: 15/1/2016 00:00:00

En Panamá muchos se preguntan si Ángela Benedetti, la embajadora de Colombia en ese país, fue reina de belleza. Por lo general, la exconcejal de Bogotá toma este tipo de comentarios con humor y amabilidad como parte de las cualidades que ha afianzado en estos cuatro años de labor diplomática. Aquel lenguaje beligerante y crítico, al que apelaba en los escenarios políticos de la capital de la República, no habría sido conveniente en esta nueva etapa, y menos durante la tensión bilateral que vivieron Colombia y Panamá, cuando el gobierno de Juan Manuel Santos incluyó al istmo en la lista de paraísos fiscales. En octubre de 2014, en plena confrontación verbal entre los dos países, nació Manolo Fernández, el segundo hijo de la vocera estatal. El bebé llegó a hacerle compañía a Carlos Andrés Dada, el primogénito de la barranquillera. Ángela es hija del exministro Armando Benedetti Jimeno y hermana del senador Armando Benedetti Villaneda. Su nueva vida en el territorio panameño le permitió desplegar sus cualidades de buena anfitriona que heredó de su padre, un conversador consumado que se volvió popular gracias a las infaltables tertulias en una vieja casona del barrio Bellavista, en Barranquilla. Panamá conoce más del folclor y la gastronomía colombiana gracias a las actividades sociales de la actual embajadora. ¿Qué dificultades tuvo para trasladar el lenguaje político y directo que usaba en el Concejo de Bogotá a los escenarios diplomáticos? –Recuerdo los días de campaña y debates legislativos como una época de mi vida apasionante, que disfruté muchísimo y en la cual aprendí intensamente la problemática de Bogotá y del país. Pero, en definitiva, me gusta mucho más lo que hago ahora. La diplomacia es amable, positiva, discreta, glamurosa, es un escenario donde me siento identificada. ¿Qué cualidades innatas tiene para ser diplomática y cuáles le ha tocado aprender? –El ejercicio de la diplomacia requiere estudio y mucha discreción. Soy una anfitriona innata y eso me ayuda a hacer mi trabajo bien. Sobre el aprendizaje, el más importante ha sido saber en qué momento se debe guardar silencio. ¿Qué sello personal tienen la residencia de la embajadora y la sede diplomática de Colombia en Panamá? –Están ubicadas en el barrio de Punta Pacífica, a una distancia de menos de 800 metros entre ellas. El sello personal está en los detalles: colores, olores, libros, flores y música. Sin que uno se lo proponga, esos espacios acaban teniendo algo de quien los habita y los cuida. En Colombia nos quejamos por la poca representación de la mujer en los cargos políticos. ¿Sucede lo mismo en el campo diplomático? –El campo diplomático es tal vez uno de los pocos sectores donde la mujer ha tenido representación significativa en cargos de dirección. Muestra de ello son las mujeres que han obtenido el logro de ser ministras de Relaciones Exteriores, especialmente en los últimos años: Noemí Sanín, María Emma Mejía, Carolina Barco, “la Conchi” Araújo y María Ángela Holguín. ¿Hay mucha diferencia entre hacer política en Panamá y en Colombia? –Creo que la política es la misma en cualquier lugar del mundo. Ciudad de Panamá tiene metro, y en Bogotá no se ha podido. ¿Qué reflexión hace al respecto? –Ciudad de Panamá ya tiene la primera línea de metro, la construyeron en 4 años. El nuevo gobierno adjudicó la segunda línea y antes de acabar su periodo dejarán contratada la tercera en concesión. En Ciudad de Panamá hay metro sencillamente porque ha habido voluntad para ello. ¿Cómo ve a la Bogotá de estos últimos años? –Abandonada, engañada, deteriorada... ¿Como barranquillera fue fácil adaptarse a Panamá? –¡Definitivamente! Hablamos el mismo idioma, hasta te podría decir que ni siquiera tuve etapa de adaptación. ¿Qué debemos aprender los colombianos de los panameños? –Muchas cosas, pero quizás una de las más importantes es la forma de resolver sus conflictos. Son pacíficos. Difícilmente verás a un panameño escalar una situación conflictiva hacia niveles de riña, pelea y violencia. ¿En qué otros países le gustaría asumir la labor de representación diplomática? –No he pensado en eso. Permaneceré en Panamá todo el tiempo que el presidente Santos decida. ¿Sigue siendo del Partido Liberal, aunque sea de corazón? –Yo he sido de los pocos liberales que jamás abandonaron el Partido Liberal. Muchos, cuando la cosa estaba difícil, se fueron a otras colectividades y más tarde regresaron. He sido y seguiré siendo liberal, y no solo de corazón. Una pregunta obligada para todos los liberales: ¿Qué opinión tiene del aborto, matrimonio gay, legalización de la marihuana? –No milito en esa especie de nihilismo liberal que asume la inexistencia de valores políticos y sociales. La tolerancia, que está en las entrañas del pensamiento liberal, es un valor político esencial en el mundo contemporáneo. Todos esos temas reclaman un liberalismo capaz de garantizar la convivencia de las distintas creencias. ¿Qué actividades comparte con su esposo e hijos?–Es una costumbre muy panameña ir a la playa los fines de semana. La hemos adquirido también. Es el momento de la familia, del descanso, de la reflexión y del ocio.Hace un tiempo dijo que no quería volver a la política, pero a la vez aseguró que desearía postularse a la Alcaldía de Bogotá. ¿Qué ha decidido desde entonces? –Dicen que no hay expolíticos, que el que lo fue jamás deja de serlo. Lo único que puedo asegurar es que soy la excepción a la regla.

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