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Daniel Samper Ospina, el antiyoutuber

Daniel Samper Ospina, el antiyoutuber

REVISTA JET-SET

Con su habitual tono satírico, el ex director de la revista SoHo se volvió youtuber porque, según él, es una forma rápida de ganar dinero y vender libros. Su divertida experiencia en el mundo digital ha tenido más de dos millones de vistas en las redes sociales. Pocos le conocían esta faceta histriónica.
El columnista de Semana fue más allá del debate que generó la presencia de los youtubers en la Feria del Libro de Bogotá y decidió parodiarlos en video para entender qué es lo que hacen.
Por: 19/5/2016 00:00:00

Tras ver lo ocurrido con Germán Garmendia, quien colapsó la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá, Samper sacó “el as bajo la manga”, como se llama el libro que estaba promocionando en la feria, y decidió convertirse en youtuber para venderlo.

Le contó su idea al periodista Diego Santos, quien hizo las veces de camarógrafo. Antes de lanzarse a hacer “el ridículo”, investigó cómo lo hacían sus nuevos colegas que ganan millones de pesos mensuales por subir contenido a YouTube, y estudió sus gestos y su lenguaje onomatopéyico. “Vi algunos videos y me di cuenta de que hacen mucho humor costumbrista. No me parecieron particularmente buenos. Hay de todo: de maquillaje, de historias de vida, me dicen incluso que hay uno que da clases de álgebra, pero ese sí me niego a verlo, porque yo estudié periodismo y renuncié a ser una persona de bien, para no tener que volver a ver problemas de números en mi vida.

Con la lección aprendida, el primer paso fue definir qué tipo de youtuber quería ser. “Seré un youtuber de 40 años. Grabaré videos epilépticos sobre el examen de próstata, la duración del guayabo, la calvicie y mi vida marital”. Teniendo eso claro, el histriónico columnista se encerró con Diego una mañana entera en uno de los cuartos de su casa rosada y, animado por su amigo, empezó a hacer monerías frente a una cámara artesanal, dejando de lado la timidez que dice tener y que disimula muy bien en el video. Se puso un gorro de baño y unas gafas de piscina y gritó, susurró, tocó el piano y hasta lloró. Ese día su hija estaba enferma y no fue al colegio, por eso pudieron hacer la escena en que ella lo saca a patadas de la cama.

Con el primer video, el “travieso” Daniel logró su cometido de vender los libros que tenía guardados en una caja, y firmó autógrafos. No tantos como Garmendia pero los suficientes —dice él— para inflarle el ego. “Nunca antes algo hecho por mí había circulado tanto, eso es muy diciente”. “#SoyDanny” tuvo más de un millón de vistas en Twitter en un día, y 250.000 en YouTube. “Ha tenido más entradas que la calvicie de mi cráneo”, bromea el voraz periodista.

A Daniel nunca se le cruzó por la cabeza la buena acogida que tendría su experimento en los niños y adolescentes, a quienes los ahuyenta la prensa escrita. “Ha sido una locura. Muchos chinos se lo saben de memoria. Uno de mis sobrinos me llamó a invitarme a su colegio porque yo era un ídolo”. Como lo predijo en el video, se volvió famoso. “El otro día iba caminando por la calle y un chofer de Transmilenio gritó: ‘Ahí va el youtuber’, una vaina que nunca me había pasado. Es impresionante lo que esto ha generado. Y uno aquí clavándose para escribir columnas”, bromea.

“Dejémonos de vainas”, como rezaba alguna vez su padre, Daniel Samper Pizano, las cosas han cambiado: los contemporáneos del columnista se divertían viendo a Ramoncito contar sus inocentes aventuras en televisión, mientras que los de ahora cambiaron el control por las teclas de un computador y escogen qué quieren ver y, lo más importante, cuándo. Ya no tienen que sentarse a esperar que empiece su programa favorito. “YouTube es la nueva televisión. Dejen de echarnos la culpa de que la sociedad sea tan estúpida”, dijo PaisaVlogs en su canal, refiriéndose al video de Samper en que, según él, los trata como burros. “Yo no sé quién le dijo a la sociedad bogotana que nosotros estamos aspirando a un Nobel de Literatura, no queremos hacerle competencia a Gabriel García Márquez o Fernando Vallejo. Lo nuestro es entretener y nos critican por eso”.

Esa polémica le ha servido a Daniel para entender a los famosos creadores de contenido de la plataforma 2.0. “A los de mi generación nos tocó un mundo ciento por ciento analógico e impreso, pero también la transición a lo digital. Y entre esas dos aguas estamos tratando de debatirnos. Lo de los youtubers es un fenómeno que uno a los 40 años ya empieza a ver con la misma extrañeza con la que los abuelos lo veían a uno cuando jugaba Atari. Por eso me pareció tan divertido aplicar un formato, que es muy propio de gente joven, a un contenido que debería ser dirigido a personas de mi edad o mayores”.

El tsunami que viven los medios impresos obligó a Samper Ospina y a otros periodistas, como los de La Pulla, de El Espectador, a explorar los canales digitales para expresar sus opiniones sobre la adopción por parejas del mismo sexo o lanzarle críticas a Santos por la crisis energética del país.

Sus comentarios generan una reacción inmediata en sus seguidores, quienes sienten que los conocieran de toda la vida. “Una característica de estos videos es que producen un grado de intimidad distinto”, afirma Daniel. Eso se debe a que muchos muestran su cotidianidad y le hablan a la cámara como si lo estuvieran haciendo con un amigo o con su pareja. “El youtuber Juan Pablo Jaramillo subió uno en el que salió del clóset y otro en el que le daba un beso al novio, y tuvo dos picos muy altos. Y Sebastián Villalobos confesó que su mamá era lesbiana. Ahora tengo un reto muy grande, que es hacer que mi mamá se case con una señora. Igual, yo también hice un video confesando cosas muy íntimas, como mi primer examen de próstata”, bromea. A su segundo videoblog le mete más sátira política, que es lo que sabe hacer, y dice ante la cámara: “Esperaba que el urólogo fuera como Yesid Reyes, calmado, pero me tocó uno como Néstor Humberto Martínez, una persona muy fría y práctica. No sentía asco por nada. Movía y removía todo el estamento con el dedo”. Daniel aseguró que le encantó ser youtuber porque es una forma rápida de ser famoso, de ganar dinero y de vender libros.

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