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El ministro Alejandro Gaviria, defensor del aborto, la eutanasia y la adopción gay

El ministro Alejandro Gaviria, defensor del aborto, la eutanasia y la adopción gay

REVISTA JET-SET

La revista Semana y la Fundación Liderazgo y Democracia incluyó al ministro de Salud, Alejandro Gaviria, entre los mejores líderes de 2015. Su discurso, que promulga la defensa de los derechos modernizantes y sus batallas por la marihuana medicinal y la eutanasia han puesto a Colombia en la vanguardia mundial. Jet-set habló con él.
Después de su paso por el Ministerio de Salud, Alejandro Gaviria retomaría la docencia universitaria y escribirá un libro que ya tiene título: Veinte ideas para
Por: 7/10/2015 00:00:00
El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, carga con dos libretas de bolsillo en las que escribe frases célebres, fragmentos de poemas, referencias a la polémica obra del escritor Fernando Vallejo y a autores de ciencia ficción que vaticinan el fin de la raza humana. Las palabras de sus cuadernos de anotaciones van ligadas a su ideario liberal y a las diferencias que ha marcado en el Gobierno. 
Es ingeniero civil, economista y periodista con laureles, por el Simón Bolívar que recibió su columna en El Espectador, y acaba de ser premiado por la revista Semana y la Fundación Liderazgo y Democracia como uno de los mejores líderes de Colombia. En el discurso de agradecimiento se refirió a los derechos individuales y modernizantes de los colombianos frente a la marihuana, la eutanasia, la adopción entre parejas igualitarias y el aborto. Ese día su esposa, Carolina Soto, ex viceministra de Hacienda, se puso nerviosa y hasta lo reprendió un poco para evitarle nuevas tempestades en el Congreso, la Procuraduría y la Iglesia. En un diálogo con Jet-set ratificó algunas posiciones que incomodan al mismo Gobierno. 
De alguna manera usted defendió a Carolina Sabino cuando le iban a imputar cargos por un aborto. –Lo de ella me impresionó mucho. Envié un mensaje por Twitter, un poco arriesgado para cualquier funcionario público. Tenía que aclarar que entre las excepciones de la ley se estipulan los problemas de salud mental como causal de aborto. 
¿Cree que se debe despenalizar en su totalidad? –Sí. De hecho, ya lo dije. He tenido varias conversaciones con Mónica Roa y la representante Angélica Lozano, quienes adelantan un proyecto sobre el aborto. Eso hay que hacerlo con inteligencia, respeto y delicadeza. 
Se dice que es partidario de la marihuana con usos recreativos. –El mundo está cambiando. Yo no hablo de legalización, sino de una regulación distinta e inteligente. La marihuana está domesticada por la sociedad. Ha sido legalizada en algunas partes de Estados Unidos. Así que eso se ve venir.
En el caso de la eutanasia, ¿cómo hacer para que no vuelva a pasar lo del papá de Matador, quien buscó a los medios para denunciar las trabas que le pusieron? –Esa era la primera eutanasia legal en América Latina y me pareció que no se entendía la complejidad de un avance normativo importante. No fue una decisión fácil para los médicos; de hecho uno de los del comité dijo que el papá de Matador no era un paciente terminal. El gran error fue que se había firmado el procedimiento sin la aprobación total. Después de eso ha habido muchas eutanasias.
¿Cómo le gustaría morir? –La pregunta es dura. En todo caso me he ido preparando para la muerte. Me gustaría que fuera sin dolor, en mi casa, no en un hospital y con las personas que quiero. 
Otro tema que usted apoya es la adopción entre las personas del mismo sexo. Aún se dice que estos núcleos familiares no son sanos para un niño. –Hay muchos artículos científicos que sustentan que no hay afectación para el niño. El único riesgo que corre es que lo rechacen en el colegio y que sea molestado en los ámbitos privados. Eso deja muchas secuelas. Hay que avanzar para que desde la legislación haya transformaciones sociológicas: cambiar la ley para que cambie la sociedad. 
Colombia es un país de carnavales y de ferias. ¿El efecto liberador de la fiesta nos hace más sanos? –Me parece que sí. A Colombia le va muy bien en los reportes de salud. Pregúntele a la gente cómo se siente, y el 80 por ciento responderá que muy bien. La fiesta como institución cultural ayuda.
Otra enfermedad que nos ronda es la dependencia a las redes sociales. –Claro. Es un vicio berraco. Nos volvimos adictos. La gente va a un restaurante y tiene que estar compartiendo la foto del plato de comida. Uno cae en lo mismo. Lo digital tiene cosas buenas como el hecho de mostrar los párrafos de los libros virtuales que estás leyendo. El acto más personal se volvió colectivo. Como ministro tengo una central de urgencias en mi computador personal y en el celular. Es un trabajo duro pero genera cercanía con la gente.
¿Cómo está la salud mental de los colombianos? –No estamos mal en términos de obesidad, ni de tabaquismo. Frente al manejo del alcohol vamos regular. Ya salió la encuesta de salud mental: la problemática ha crecido debido al conflicto armado. Hay depresión y dificultades en la convivencia.
La gente tiene menos hijos. En esos términos, Colombia está envejeciendo. –El centro del país está envejeciendo, no tanto como Suecia y Japón. Viene una pregunta clave: ¿Cómo vamos a cuidar a los viejos? Uno podría pensar que las instituciones se encargarán de eso. Pero en realidad debemos aprovechar a las familias y a la comunidad para diseñar una estrategia legal que permita que les paguen a las personas para que cuiden a los padres y abuelos. 
Todo el mundo quiere ser joven y bello. ¿Qué piensa del boom de las cirugías estéticas? –No me gustan: son una forma banal de luchar contra el paso del tiempo. Me leí un poema que dice: “Señora, venga a la cirugía y saldrá muy parecida, pero con un toquecito de ilusión”. 
Su conversación está llena de referentes a la poesía. –Me encanta la poesía, en especial el poeta chileno Gonzalo Rojas. Después de los anuncios de La Habana lo traje a colación por el siguiente fragmento: “Un aire, un aire, un aire, un aire nuevo. No para respirarlo sino para vivirlo”.
¿Escribe poemas? –Escribía bobadas. La musa va cambiando o muriendo. Escribí uno en tercero de bachillerato que hablaba de una marihuanada berraca: “La mosca atrapada en la telaraña abandonada, morirá de hambre. Habría preferido servir de almuerzo a la arquitecta de su desastre”.
¿Qué enfermedad le ha dejado el Ministerio? –Duermo menos bien y eso nunca me había pasado. Estuve tomando unas gotas, pero no funcionaron.
¿Cuál es la enfermedad más recurrente en los políticos? –Recuerde una frase que habla de la indiferencia, el oportunismo y la insensatez. 
El tema de la salud es desagradecido. En Colombia ningún presidente ha pasado a la historia por su gestión frente a esto. –Es verdad. Los gobernantes lo ven como un problema. En los países desarrollados se está volviendo el centro del debate. Difícilmente alguien es presidente si el eje de su discurso no es la salud.
Pero algo es algo, y a usted le han agradecido sus posturas frente al aborto, la marihuana, la eutanasia… –Colombia es más liberal de lo que uno cree. Qué bueno que me hayan dejado ser, algo difícil en un cargo público. 
¿Cómo va lo de la donación de órganos? –Hay prevenciones. Hay quienes creen que eso nutre el tráfico de órganos. Tenemos campañas. También existe un estigma cultural muy grande en la costa Caribe y el centro. Hay personas con muerte cerebral y la familia no los dona. Falta solidaridad.
Usted es ingeniero civil, economista y periodista. ¿Después de su paso por el Ministerio le gustaría ser médico? –Los exámenes de aptitud y actitud en la época del colegio reflejaban mi gusto por los números y las letras. Siempre me dijeron que serviría para ingeniero o abogado. La medicina se salía de eso. Nunca pude memorizarme los nombres de los benditos huesos del cuerpo humano.

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