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Jan Koum, la historia secreta de WhatsApp

Jan Koum, la historia secreta de WhatsApp

Revista Jet-set

El fundador de la popular aplicación de mensajería móvil, cuya opulenta compra por parte de Facebook revolucionará las redes sociales, pasó de ser un pobre hacker que vivía de la caridad pública a multimillonario.
Jan Koum, de 37 años, creció en la escasez y la represión en Ucrania. Cuando emigró a Estados Unidos, vivía de los cupones de beneficencia, trapeaba pisos y aprendió computación de manera autodidacta. Hoy su fortuna se calcula en 6800 millones de dólares.
Por: Edición 27724/2/2014 00:00:00
La facilidad para registrarse en WhatsApp, sin tener que dar más información que el número del teléfono, es una de las claves de la popularidad de la aplicación y se inspira en la dura infancia de Jan Koum, su fundador. En ese entonces, su natal Ucrania estaba bajo el yugo de la Unión Soviética y sus padres no hablaban por teléfono porque sabían que las autoridades tenían chuzado a todo el mundo. Por eso, Jan odia la falta de libertades. Un día, su padre se desapareció y la escasez y mala vida del país lo obligaron a él y a su madre a emigrar a Mountain View, California, donde ella trabajaba como niñera y él trapeaba el piso de una tienda de víveres luego del colegio.

A los 18 años, aprendió computación de manera autodidacta, con manuales de segunda que devolvía luego de haberlos leído. Se unió a un grupo de hackers llamado w00w00 y era un matón en el colegio, pero luego se enderezó, se matriculó en la Universidad de San José y su trabajo como probador de seguridad informática lo llevó a conocer, en sus oficinas de Yahoo!, a Brian Acton, a quien le encantó su sensatez, se lo llevó a trabajar a la empresa y se convirtió en su único ser querido cuando su madre murió de cáncer.

En 2007 ambos dejaron Yahoo! e, irónicamente, Facebook no quiso contratarlos. Dos años después, Koum se compró un iPhone y entrevió que el maravilloso mundo de las aplicaciones nacía. Pensó que sería genial crear una que notificara en qué andaba la gente cuando no usaba el teléfono y de ahí su nombre, inspirado en la frase en inglés “What’s up?” (¿Qué pasa?). WhatsApp Inc. nació en febrero de 2009 y las dificultades iniciales de plata y poca acogida casi lo hacen desistir. Pero su amigo Acton lo animó y siguió. Con el tiempo los usuarios empezaron a enviarse mensajes como “me levanté tarde” o “estoy en camino”, y fue cuando descubrió que eso era lo que había inventado, un servicio de mensajería que al perfeccionarlo resultó más barato y eficaz que los existentes.

Acton se unió a la empresa como socio capitalista, con 250 mil dólares, y ambos trabajaron sin sueldo por años, en un café de “tecnoadictos”, en la cocina de sus casas, etc. Finalmente, la fiebre por la aplicación empezó a subir, mucho más cuando permitió enviar fotos. Los cofundadores empezaron a recibir ganancias y el dinero jugoso de nuevos inversionistas y para 2011 WhatsApp estaba en el top 20 de las aplicaciones. Hace un año tenía 200 millones de usuarios activos, una sede en construcción y estaba avaluada en 1500 millones de dólares, mientras que sus directores hacían del no a vender publicidad una férrea consigna, así como conservar un bajo perfil (casi no se consiguen fotos de ellos en agencias). Sorpresivamente, ese mismo Facebook que los había rechazado, tuvo casi que rogarles y ofrecerles la friolera de 19 mil millones por su negocio, en la mayor compra que se ha realizado en el mundo de las aplicaciones. “Esto puede salir muy bien o muy mal”, dijo, Forbes, revista que además se pregunta cómo se van a llevar los discretos Koum y Acton, con alguien tan sociable como Mark Zuckerberg, creador de Facebook, quien los antecedió en llegar de la nada al éxito, de chiripa, a través de la innovación en las redes sociales.
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