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Ivanka Trump y Chelsea Clinton  Amigas y rivales

Ivanka Trump y Chelsea Clinton Amigas y rivales

REVISTA JET-SET

Las conocidas hijas de Hillary Clinton y Donald Trump se parecen más de lo que se podría sospechar.
Ivanka y Chelsea son amigas desde la adolescencia, pero ahora el antagonismo de sus padres las ha distanciado. Hace apenas dos años, alternaban en la alfombra roja de los Glamour Women of the Year Awards.
Por: 22/7/2016 00:00:00

El dúo de Chelsea Clinton e Ivanka Trump evidencia una de las novedades de la campaña que culminará con la elección del presidente de la nación más poderosa del mundo en noviembre: como hijas de Hillary Clinton, del Partido Demócrata, y Donald Trump, del Partido Republicano, ejercen un rol vital en sus estrategias por conquistar la Casa Blanca. Nunca, las hijas de los aspirantes habían sido tan mediáticas, y a medida que se calienta la contienda, su presencia en los mítines de sus progenitores se vuelve obligada. Ambas saben controlar a la prensa y tienen experiencia como oradoras ante vastas audiencias, de modo que toman la palabra para cautivar a los votantes. En uso de su excelente educación, actúan como cualquiera de los asesores de los políticos, pero su labor es también calmarlos ante los ataques de los oponentes o cuando meten ‘la pata’.

La verdad es que Chelsea e Ivanka no han sido siempre adversarias, como lo recordó hace poco la revista Psychology Today, que trazó el perfil psicológico de tan particulares hijas. De adolescentes se hicieron amigas, departían en las fiestas más brillantes de la alta sociedad y hasta antes de la campaña se elogiaban mutuamente en las redes sociales. Eso no fue casualidad, pues sus padres también fueron cercanos hasta que la ambición política los enfrentó de manera tan acerba. Los Clinton asistieron a la boda de Trump con su esposa Melania, en 2005. Tres años después, qué ironía, él apoyó con su dinero la aspiración presidencial de Hillary.

Desde niñas, Ivanka y Chelsea estuvieron en el ojo de la prensa, obsesionada con su aspecto físico. La primera, hija del magnate más farandulero de Estados Unidos, se hizo modelo a los 16 años. La experiencia fue más amarga para la segunda, quien como hija del presidente Bill Clinton fue matoneada porque no era bonita.

Hoy se destacan como profesionales exitosas que trabajan en las causas y empresas de sus padres. Tras ser consultora de McKinsey & Company, en Manhattan, analista financiera y corresponsal de NBC, por la friolera de 600.000 dólares al año, Chelsea es la vicepresidenta de la Clinton Foundation, por lo cual no cobra sueldo. Eso sí, figura entre los diez oradores políticos mejor pagados de su país, con tarifas que arrancan desde los 75.000 dólares por charla.

Ivanka, es la vicepresidenta ejecutiva de desarrollo y adquisiciones de la Trump Organization, con la cual su padre ha amasado una fortuna de 4.500 millones de dólares. Ella ha construido también un emporio con sus líneas de ropa, accesorios y fragancias.

Para Psychology Today, si algún aspecto emparenta a estas dos famosas es que se vieron estremecidas por los escándalos de cama de sus padres. “Comparten la peculiar humillación de haberse enterado de las proclividades sexuales de ellos en un grado que ningún hijo debería saber jamás”, asegura la revista.

En junio de 1998, el paso de Chelsea por la Casa Blanca se volvió aún más desdichado cuando se destapó que su padre había tenido sexo en su despacho con la practicante Monica Lewinsky. La ‘primera hija’ tenía 17 años y a instancias de un reporte oficial de los investigadores del caso se informó, junto al planeta entero, de las canas al aire del presidente y hasta de cómo es su pene. “Confusa y herida”, contó su madre, la joven evitó al mandatario por un tiempo.

Ivanka se vio traumatizada a los 8 años cuando la prensa reveló que Donald Trump engañaba a su madre con la exreina de belleza Marla Maples, quien confesó que él era un amante sensacional. “Mamá, ¿es verdad que ya no voy a ser más Ivanka Trump?”, le preguntaba a Ivana cuando descubrió que se divorciaba del hoy candidato.

Rachel Kitson, psicóloga y analista de la cultura popular, le declaró a Psychology Today que aunque las dos parecen tener una relación sana con sus padres y los defienden “en el fondo se sienten un poco escépticas y hastiadas de sus excentricidades y saben que hay algo moralmente malo en su proceder”. “Me parece que Chelsea negó el problema y adoptó la posición de su madre, según la cual el escándalo fue en realidad una conspiración de la derecha contra su marido”, opina la psicoanalista Jeanne Safer.

Trump, por su lado, saca la cara por su padre luego de sus característicos desatinos. Cuando trató de fea a la precandidata Carly Fiorina, alegó: “Es uno de los grandes abogados de las mujeres y ha sido un gran ejemplo para mí”, le manifestó a Town & Country.

Para David Greenberg, profesor de Historia de la Rutgers University, que las dos trabajen con sus padres es diciente: “Es una manera de aferrarse a ellos, de negar que algo perverso sucedió y una señal de perdón”.

En lo que sí se diferencian las herederas, ambas casadas con judíos, es en el modo en que manejan su imagen. Mientras que Ivanka ha perseguido la fama, Chelsea ha sido celosa de su vida privada. Ahora, concluyó Psychology Today, “la hija del vencedor enfrentará un nivel de atención quizá sin parangón en la crónica de las familias presidenciales”.

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