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Isabel Preysler libre otra vez

Isabel Preysler libre otra vez

Revista Jet-set

Con la muerte de su tercer marido, la reina de la alta sociedad española, exesposa de Julio Iglesias, vuelve a quedar sola y bella a los 63 años.
La viuda salió del funeral de la mano de Hugo, uno de los nietos de Miguel Boyer. Miembros de la realeza, la nobleza y la política la acompañaron en las exequias. Foto: AFP.
Por: Edición 29210/10/2014 00:00:00
La divina Isabel ha sabido torcerle el cuello al destino y a las convenciones de muchas formas. En la España racista y elitista de los años 60, una filipina mestiza como ella saltó al primer plano de las páginas sociales al conquistar al ídolo de la canción, Julio Iglesias, para quien ella fue su primera esposa y seguirá siendo el gran amor de su vida, según su propia hija Chábeli Iglesias Preysler. Pero en sus giras por el mundo, el cantante no sólo coleccionaba aplausos, sino también amantes, por lo cual ella pidió el divorcio. Isabel se quedó en Madrid con Chábeli y sus hermanos, Julio José y el también vocalista Enrique Iglesias, y pronto se convirtió en la marquesa de Griñón, al casarse con el aristócrata Carlos Falcó. Para entonces, la alta sociedad de la Transición admiraba la elegancia de “la china”, como la llamaban despectivamente, y cómo se había abierto paso. “Ahí viene Carmen con su perrito”, comentaban en los ambientes de alto turmequé cuando veían llegar a Carmen Martínez-Bordiú, la nieta del dictador Franco, con Isabel, su gran amiga, lo que aumentó su protagonismo.

Nacida en 1951 en una familia burguesa de Manila, de raíces ibéricas y filipinas, que la había enviado en 1968 a la España franquista en busca de estudios y de un buen partido, Isabel en efecto no decepcionó a sus padres. Pasar de esposa del rey de la farándula a marquesa era mucho decir, pero no por eso ella estuvo dispuesta a soportar sinsabores. El marqués, con quien tuvo a su cuarta hija, Tamara, no era tampoco el modelo de los buenos maridos y, se rumoraba, no le daba la vida confortable a la que ella estaba acostumbrada. Al parecer, el nacimiento de su negocio de cobrar por ir a fiestas y ser la imagen de marcas como Porcelanosa, Joyería Suárez, Ferrero Rocher y la revista ¡Hola! surgió porque tuvo que trabajar para mantener a su marido, quien no llevaba una peseta a casa.

El matrimonio de los marqueses estaba deteriorado cuando la ya archifamosa Isabel inició su romance con el economista y físico Miguel Boyer, ministro de Economía, Hacienda y Comercio. Cuando estalló el escándalo por el adulterio del colaborador más importante del presidente Felipe González y la reina de las páginas sociales, Boyer renunció a su carrera política y dejó a su esposa, Elena Arnedo, y a sus dos hijos, quienes sólo hasta hace poco le volvieron a hablar. Preysler ya se había divorciado del marqués.

El político dejaba el gobierno elogiado como el modernizador de la economía y uno de los más relevantes de la democracia, pero a la vez se convirtió en el hazmerreír de los salones elegantes, cuyos asistentes se preguntaban con sorna qué le había hecho “la china”, una heroína de la frivolidad, a un intelectual ponderado como él para actuar al estilo de un loco adolescente enamorado. Eran vistos como una pareja imposible.

Tras vivir juntos varios años, los amantes se casaron en un juzgado de Madrid en 1988 ante sólo dos testigos. Las apariciones de ella en actos sociales se hicieron cada vez más esporádicas, en atención a que él prefería una vida reservada. Con el tiempo le propinaron un bofetón a quienes pronosticaron que su unión sería flor de un día. En varias entrevistas, Isabel ha contado que en Boyer encontró por fin el verdadero amor y, de hecho, el suyo fue considerado como uno de los matrimonios mejor avenidos de la high life española, plagada de divorcios, y en la que siempre estuvieron bajo la lupa de los reporteros chismosos, quienes incluso escarbaban en las canecas de basura de su lujosa residencia de Puerta de Hierro para averiguar detalles de su vida íntima.

Pero en la cima de la dicha conyugal y de su celebridad, Isabel se ve ahora golpeada por el infortunio, con la inesperada muerte de Boyer, a los 75 años, por una embolia pulmonar. La salud del exministro había decaído desde 2012, cuando sufrió un ictus que le afectó el habla y la movilidad. En una rara entrevista que concedieron los dos al semanario ¡Hola!, él declaró que ella lo salvó al llevarlo velozmente al hospital cuando sufrió el ataque. Desde entonces, estuvo dedicada en cuerpo y alma a cuidarlo. Sin embargo, esta vez ella no pudo torcerle el cuello a la adversidad, como en otras ocasiones, y tras los funerales, la prensa rosa ya especula sobre el futuro de la que a los 63 años se convierte en la viuda más bella de España. ¿Sabrá conjurar la pena? ¿Aparecerá un hombre que sepa reemplazar en su corazón a Miguel? Las respuestas son un misterio; pero si hay algo cierto es que correrán ríos de tinta al respecto, como todo lo que gira alrededor de esta mezcla de negocio y leyenda llamada Isabel Preysler.
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