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La vida privada de Isabel II de Inglaterra en Netflix

La vida privada de Isabel II de Inglaterra en Netflix

REVISTA JET-SET

La firma de video por suscripción causa furor con el reciente estreno de The Crown, la serie más costosa sobre la realeza británica en la historia de la televisión y que muestra a la reina y a su familia como nunca antes se les había visto.
2016La primera temporada de la serie relata las dificultades de los primeros años del matrimonio de Isabel, interpretada por Claire Foy, y el príncipe Felipe, encarnado por Matt Smith. La producción reprodujo fielmente 60 vestidos de la reina, así como sus joyas, pieles y carteras.
Por: Revista Jet-set.9/11/2016 00:00:00

“Inquieta permanece la cabeza que lleva una corona”, escribió Shakeaspeare hace 500 años y los ecos de la frase resuenan aún en la vida de su compatriota Isabel II. Muchos de sus millones de súbditos esparcidos por los cinco continentes y otros tantos que admiran a la monarquía inglesa, también alrededor del globo, creen conocer bien a la reina y a su parentela. La verdad, dice Claire Foy, es que no.

Foy es la intérprete de la reina en The Crown, cuyo recuento de los 64 años de su reinado, el más largo en la historia de Gran Bretaña, ambiciona precisamente mostrar esas facetas desconocidas y cómo ha sorteado ella la realidad que encierra la sentencia de El Bardo de Avon. En particular, el drama se centra en el dilema que la ha preocupado desde antes de ascender al trono: “¿A qué o a quién le debo lealtad? ¿A mí identidad como esposa, a mi marido, a la Corona?”, según lo resume el creador y guionista de la serie, Peter Morgan, autor de otros éxitos relacionados con Isabel, como el filme La reina, y la obra de teatro The Audience.

Esa tensión se siente desde el episodio inicial de la serie, cuya primera temporada fue estrenada el 4 de noviembre por Netflix, la conocida distribuidora de video por suscripción, que además la produjo enteramente. Este tramo transcurre entre 1947 y 1955, cuando Isabel pasa de princesita a mujer casada y reina inexperta, con solo 25 años. Debe hacerle frente a la total oposición a su matrimonio con un príncipe pobre, Felipe de Grecia y Dinamarca, de una familia disfuncional, un poco desfachatado, y quien bebe el trago amargo de ser menos importante que su mujer, caminar dos pasos detrás de ella y ser el que se queda en la casa con los niños. Isabel se ve también obligada a aplicarle el rigor de las reglas de la monarquía a su hermana Margaret, quien tiene que renunciar al amor de su vida porque es divorciado.

Rica además en intriga política, The Crown descubre los entresijos del gobierno del gran Winston Churchill, el primero de los 13 primeros ministros que ha visto desfilar Isabel. Ella llegó a amarlo como a un padre pero, como muestra la producción, no dudó en hacerle ver sus desaciertos.

La virtud de la serie es hacer sentir a la teleaudiencia como si estuviera con la familia real en la sala de su casa, le declaró Stephen Daldry, su director y productor ejecutivo, al Mail Online. Aparece el deslumbrante esplendor del trono y, así mismo, se abren las puertas de los rincones más privados de sus palacios, de manera que no es raro ver a un príncipe desnudo o a otro alistándose para ir a la cama.

La serie teje la delgada línea donde termina la realidad y comienza la ficción, pero los realizadores advierten que hay en ella momentos asombrosos que sí ocurrieron, según la rigurosa investigación detrás de los argumentos. Entre ellos se cuentan la vacilación y el tartamudeo de Isabel en su boda o la extracción de un pulmón a su padre, George VI, en una sala de cirugía improvisada en un lujoso salón del Palacio de Buckingham.

The Telegraph asegura que solo las dos primeras temporadas de la serie costaron 120 millones de dólares, un presupuesto necesario para retratar a una de las familias más ricas y famosas del mundo. La serie, quizá la más comentada del año, apenas comienza y ya es calificada como “alarmantemente brillante”. También es vista como otra señal de que empresas como Netflix están retando a los canales tradicionales de televisión, que no podrían atraer a sus 83 millones de suscriptores, quienes ahora pueden imbuirse en el mundo misterioso de la Corona, como ya lo ha hecho en el del poder en otro hit como House of Cards.

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