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Íngrid Betancourt novelista y vidente en Oxford

Íngrid Betancourt novelista y vidente en Oxford

Revista Jet-set

Seis años después del fin de su secuestro, que se cumplen por estos días, la excandidata presidencial publica en París su primera novela, en la que explora sus experiencias extrasensoriales, el odio y el perdón.
Ingrid Betancourt fue fotografiada por la revista Paris Match en la Universidad de Oxford, Inglaterra, en cuyo Harris Manchester College prepara un largo trabajo sobre la Teología de la Liberación. Foto: Contour by Getty Images.
Por: Edición 2868/7/2014 00:00:00
En 2011, Íngrid pasaba unos días alejada del mundo en la ciudad de Cairns, Australia, cuando una mujer la abordó en francés y le contó su tragedia. A los 16 años y embarazada, agentes de la dictadura militar la arrestaron y torturaron por pertenecer a los Montoneros, la guerrilla urbana peronista que fue noticia en la Argentina de los años 60 y 70. Al escucharla, sintió que había encontrado a Julia, la heroína de la novela que hacía rato le daba vueltas en la cabeza. Su historia coincidía en varios aspectos con lo que ella había bosquejado, salvo por detalles como que su marido había sido asesinado. “Tú, al menos regresaste, pero yo tendré siempre este dolor”, le expresó la argentina, comparando su drama con el del cautiverio de Íngrid.

Para la exsenadora, cuya liberación por parte del ejército colombiano, tras un largo secuestro de las Farc, conmovió al mundo el 2 de julio de 2008, le contó estos y otros detalles íntimos de su primera incursión en la novela a la revista Paris Match, de Francia, cuya prestigiosa editorial Gallimard acaba de lanzar La ligne bleue (La línea azul). “Es la línea del horizonte mental donde imaginamos que encontraremos nuestra felicidad, allá donde el mar y el cielo se juntan”, señaló Íngrid al aclarar a qué alude el título.

Julia tiene el poder de ver el porvenir, un recurso que, según la escritora, posibilita desarrollar el tema central del relato: “¿Tenemos la opción de dirigir nuestras vidas o están ellas ya escritas por el destino?”. Íngrid, por su parte, cree que las fuerzas de lo invisible son poderosas e influyentes. “En nuestro mundo ultramaterialista no se quiere creer en las visiones o en las intuiciones –reclama–. Se habla de coincidencias, de azar. La ciencia nos somete a las leyes de la física, pero se puede aun creer en un mundo metafísico, permanecer en contacto con una realidad irracional. (…) No hablamos de ello temerosos de que se nos tilde de estrambóticos, pero es una realidad que yo he vivido a menudo. Aquellas no eran coincidencias”.

Una de esas ocasiones fue el encuentro con Julia. Curiosamente, ella ya había pensado en Argentina como escenario de la novela y definido la época a la que se quería devolver y los personajes que deseaba abordar: “Los curas del tercer mundo y toda esa generación de jóvenes nutridos por Mayo del 68 (en Francia) quienes, de vuelta a casa, creyeron que podrían cambiar el mundo y cumplir sus sueños”, le explicó la excandidata presidencial al semanario galo.

Los Montoneros, le recordó el entrevistador Gilles Martin-Chauffier, eran también asesinos, así el lector llegue a sentirlos cercanos en su novela. “Soy próxima a mis personajes, pero guardo mis distancias. Nada justifica la violencia, pero en esta época los jóvenes vivían influenciados por el mito del ‘Che’ Guevara. (…) Querían ser héroes y por ende tener un público, porque no se puede ser un héroe en la propia esquina. Eran estudiantes, profesores universitarios, personas inteligentes que tenían también un aspecto romántico, incluso al hacer correr la sangre. Cuando un ‘tribunal popular’ votó por la muerte del general Aramburu, no fue por haber sido miembro de la junta militar, sino por haber escondido el cadáver de Evita Perón. Es inaudito. El horror convertido en mística”.

En la novela, que tiene un claro sustrato autobiográfico, Julia trabaja para el padre Mugica, quien se apega al principal cometido del cristianismo: servir a los más débiles. Betancourt parece haber nutrido este carácter con elementos de la personalidad y obra del papa Francisco, sobre cuya vida en Buenos Aires en esos años 70, cuando era un joven sacerdote, investigó ampliamente.

En su crítica de La ligne bleue, Gilles Martin-Chauffier anota que se trata de una novela de aventuras que evoca los libros de Isabel Allende y uno en especial de Oriana Fallaci, Un hombre, sobre el revolucionario griego Alexandros Panagoulis. “Cuando se ha vivido lo que Íngrid vivió en la Amazonia (donde permaneció secuestrada) tu estilo no hace alarde”, comenta el periodista, al subrayar el carácter dantesco de las escenas de tortura que sufren Julia y su amado Theo. En últimas ellos sobreviven, pero se separan y se vuelven a encontrar 25 años después, en el presente, que en la narración siempre está en contrapunto con los flashbacks a los años 70.

La ligne bleue también ha sido definida por la crítica como el modo en que Íngrid pretende liberarse de las sombras del pasado. Reflexiones que fueron la esencia de su anterior libro, No hay silencio que no termine, sobre su secuestro, son expresadas ahora por los personajes de la novela. Persiste, por ejemplo, su resumen de lo que significó cohabitar con sus enemigos, sus victimarios de las Farc: “Cultivar el odio”.

Seis años han pasado desde la Operación Jaque, en la que fue rescatada junto con otros prisioneros, y sus pensamientos hoy dejan entrever la voluntad de perdonar. “Sin ese comportamiento espiritual, nadie se puede reconciliar con las relaciones humanas. Sin el camino del perdón, no se niega solamente la humanidad del otro patente en su perfidia, sino también la propia. Porque, ¿qué es lo que es imperdonable? No es el mal que se nos ha hecho, es nuestra furia por habernos puesto en situación de haber sido tan malos. El perdón no tiene que ver con los demás, sino con nuestro propio ego. Lo que nos asquea es no haber estado a la altura. Todos aspiramos a ser más que nosotros mismos, pero cuando no triunfamos, viramos la mirada a quienes nos lo han impedido. A esos que nos han revelado nuestra debilidad. Cuando se perdona, es con uno mismo que se hace la paz”.
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