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Iñaki Urdangarin: “Letizia me tiene bronca”

Un nuevo libro revela que el esposo de la infanta Cristina culpa a la princesa Letizia de la intriga por la cual hoy está acusado de corrupto. También salen a la luz las ridiculeces a las que llegó envanecido por el hecho de ser el yerno del rey de España.

Iñaki Urdangarin: “Letizia me tiene bronca”. Iñaki y su esposa, Cristina (al fondo), están enemistados con los príncipes Felipe y Letizia (en primer plano) porque creen que se han encargado de empañar su imagen ante el rey. Foto: AFP.

Iñaki y su esposa, Cristina (al fondo), están enemistados con los príncipes Felipe y Letizia (en primer plano) porque creen que se han encargado de empañar su imagen ante el rey. Foto: AFP.

“Es periodista, nos tiene manía y seguro que está detrás de todo lo que nos está pasando”. Con estas palabras Iñaki Urdangarin, duque de Palma de Mallorca, responsabilizó a su concuñada, la princesa Letizia, de la tormenta que se les ha venido encima a él y a su esposa, la infanta Cristina, por el escándalo de corrupción que lo tiene en los tribunales.

Al menos así lo sostienen Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta, periodistas del diario El Mundo, en Urdangarin, un conseguidor en la corte del rey Juan Carlos, el primer libro que se introduce en las intimidades del caso Noos, como se conoce en España al terrible lío protagonizado por el yerno del monarca. Los autores sostienen que se basaron en “conversaciones literales” de Iñaki para reconstruir cómo él se siente víctima de la esposa de su cuñado Felipe, heredero del trono.

De acuerdo con el reportaje, el duque cree que ella, resentida por el desdén con que la ha tratado Cristina, se valió de los contactos en la prensa que hizo cuando era periodista de Televisión Española para que se tejiera la intriga que hoy lo tiene acusado de desviar millonarios fondos públicos a través de su Fundación Noos.Las infidencias de Iñaki, además, le dan otra puntada al viejo cuento de que tanto Cristina como su hermana Elena no quieren a Letizia. “Siempre la vieron como una intrusa”, le habría contado a un amigo.

Los periodistas narran que el propio Felipe tiene entre ojos a Iñaki hace tiempo por el desmesurado aumento de su fortuna. La gota que rebosó la copa cayó hace cuatro años, el día en que cumplió 40 años. Esa noche, Cristina le organizó una fiesta sorpresa que él aprovechó para pedirle plata a su cuñado. “Pues nada, que no puedo con la hipoteca de la casa. Son 20 mil euros al mes. Lo único que le pido es que me ayude, tal y como se me prometió. Yo compré esta vivienda porque el Rey quería alojarse en nuestra casa cada vez que viniera a Barcelona y, como el piso en que vivíamos no era muy apropiado para el padre del señor, se me aseguró que me echarían una mano. Es que no llego, no llego señor”, fueron sus frases, a las que Felipe contestó atónito: “Eso es mentira, nosotros jamás te hemos prometido nada, entre otras cosas porque aquí cada uno se paga su casa”.

La propiedad en cuestión es la mansión de los duques de Palma en Pedralbes, el barrio más lujoso de Barcelona, por la cual pagó nueve millones de euros y es símbolo de las controvertidas andanzas de Iñaki, juzgado hoy en las islas Baleares por prevaricato, falsedad, fraude y malversación de fondos públicos. Sin embargo él se defiende diciendo que tal ostentación fue inspirada por el rey, quien al ver que habitaban en un edificio de apartamentos le dijo: “¡Pero cómo tienes a mi hija viviendo en un piso de 300 metros cuadrados cuando ha vivido toda su vida en un palacio!”. De todos modos, el libro salpica al rey, pues asegura que fue él quien, en el propio Palacio de la Zarzuela, contactó a Iñaki con funcionarios de la Comunidad Valenciana, cuyos fondos también malversó.

El reportaje, desmentido en su totalidad por Mario Pascual Vives, abogado de Iñaki, les da la razón a los que afirman que a él se le subió a la cabeza su vínculo con la familia real hasta la ridiculez. Así es calificada la ocasión, en el 2004, en que le expresó a Jorge Valdano, entonces director técnico del Real Madrid, que quería encargarse de los fichajes del equipo para cobrar jugosas comisiones, algo impensable en el club de fútbol más rico y celoso del mundo en sus negociaciones. Valdano, asegura el texto, tuvo que hacer un esfuerzo para no mandarlo a freír espárragos y atinó a contestarle que eso era imposible porque él no era agente de la Fifa.

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