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Los Villegas, de libreros a galeristas

Los Villegas, de libreros a galeristas

REVISTA JET-SET

Benjamín Villegas, quien lleva 42 años como editor de libros, en su mayoría de arte, inauguró su galería en Bogotá. En esta aventura, que busca promover el mundo de la plástica nacional, fue secundado por sus hijos Camilo, Laura y María Villegas.
Benjamín Villegas no toma determinaciones sin consultarlas con sus hijos. El proyecto de la galería, que abrió en uno de los espacios de su tradicional librería de Bogotá, fue respaldado por María y Camilo Villegas, dos apasionados de las letras y la plástica colombiana.
Por: 15/1/2016 00:00:00

En su época de estudiante de arquitectura, Benjamín Villegas se divertía con las posibilidades de crear planos, fachadas y trazos a mano alzada que le exigían sus profesores. Pero, como lo dijo él, no tuvo el talento suficiente para sobresalir en el arte, aunque las condiciones estuvieron dadas para desarrollar esta vocación. Primero, con la apertura de su revista cultural Lámpara, que editaba en un local contiguo a la Facultad de Artes de la Universidad de los Andes, y luego en el ambiente creativo que lo rodeaba, gracias a su parche de amigos ilustradores y pintores de la talla de María de la Paz Jaramillo y Luis Caballero, quienes en esos días no habían entrado en los radares de la crítica Marta Traba. La vida lo había planillado como editor periodístico y literario ante el prestigio que adquirió gracias a los libros de contenidos gráficos e ilustraciones, cuando ni siquiera se había graduado de arquitecto. Sus primeros sueldos salieron del éxito que tuvo Lámpara, en plena ebullición estudiantil de la Bogotá que se abría a las modas y revoluciones intelectuales del mundo. Estos recuerdos lo invadieron en estos días cuando, después de 20 años de intentos y darle vueltas al asunto en su cabeza, decidió abrir una galería de arte contemporáneo colombiano. El proyecto lo concretó en uno de los espacios de la sala de exhibición y ventas de los libros de Villegas Editores, la empresa familiar que creó hace cuatro décadas en el norte de Bogotá. “Se me ocurrió lanzarme a esta aventura porque cada vez que alguien iba a mi oficina me decía que estaba en el mejor sitio de la ciudad y que no le estaba sacando provecho. Así que si ahora alguien va a comprar un libro también puede conseguir arte, o viceversa”, dijo el creador de esta iniciativa que también impulsaron sus hijos Camilo, María y Laura Villegas. El lugar fue concebido con la particularidad de trabajar por la promoción del talento estrictamente nacional y la exhibición, en su mayoría, de piezas escultóricas. De hecho, Villegas abrió la galería con obras de autores clásicos como Édgar Negret y Eduardo Ramírez Villamizar, entre otros 17 escultores, entendiendo las limitantes de que no existen muchos en el país. Otros creadores no menos importantes, como Ceci Arango, Luis Fernando Peláez, Consuelo Gómez y Carlos Blanco, formaron parte de la selección de piezas que fueron escogidas por el propio Benjamín Villegas, quien desde hace años quería probar suerte como curador artístico. En este salón también se pueden contemplar algunos trabajos de David Manzur, Beatriz González, Leonel Góngora, Santiago Cárdenas y Pedro Ruiz. La amistad con varios de ellos empezó cuando les publicó un libro con la retrospectiva de sus obras. “Lo que empecé a exhibir es el reflejo de mi buen o mal gusto. Eso solo lo dirán los clientes: los mismos que han creído en los criterios estéticos de mi casa editorial que nació hace 42 años”, aseguró el empresario, quien en los últimos meses se dedicó a visitar los talleres de algunos de estos virtuosos. La emoción de conocer cómo hicieron los cuadros y esculturas la comparó con la de los cinéfilos que entran a los sets de filmación con el fin de descubrir qué pasa tras bambalinas cuando realizan las películas. Para llegar al proyecto de la galería, Benjamín se negó a contratar un estudio de mercadeo o mapa de ruta para entender el comportamiento de este segmento de la economía. En otros términos, el editor se lanzó a ciegas a un mercado que aunque gana adeptos con las ferias ARTBO, Barcú y Odeón aún tiene debilidades como la falta de coleccionistas en Colombia. “No tengo idea si la gente está comprando arte o no. Mi nuevo negocio fue abierto sin la proyección de los cálculos económicos. No sé si voy a vender bastante o poquito. Tampoco me interesa saberlo. Estoy haciendo algo que me gusta. Es un atractivo alternativo en la librería”, afirmó. Él soltó la rienda de su vocación de galerista en un momento en que el sector editorial aparece frágil y amenazado por el auge de los libros y medios de comunicación digitales. El empresario, quien es consciente de los pasos de animal grande que han dado las nuevas tecnologías, hizo una reflexión que comparte con sus hijos: “Cuando los niños menores de 10 años, que crecieron en la era digital, tengan poder adquisitivo, con seguridad van a seguir con esto. Por fortuna, en nuestro caso, sostenemos el segmento de los libros ilustrados o de gran formato, que son objetos de colección, casi piezas de arte que la gente sigue comprando. Digamos que la crisis aún no nos ha tocado. En esta transición a lo virtual estaremos hasta que soporte el papel. ¿Cuándo será eso? No lo sabemos todavía”. María Villegas, su hija, quien dirige el Departamento de Literatura Infantil y Juvenil de esta casa editorial, es una abanderada de los libros de papel y una promotora de la lectura de cuentos a los niños antes de dormir, tal como lo hacían sus papás. “El papel y lo digital coexisten, pero son dos experiencias muy diferentes. La luminosidad que irradia un iPad no produce tranquilidad. Por eso mis libros no son concebidos para las nuevas plataformas”, aseguró la autora de la publicación El desafío inesperado, que aborda temas como el conocimiento del cuerpo, pensamiento positivo y armonía con el ambiente. Para ella y su familia completa, el arte sigue siendo uno de los caminos para elevar el espíritu.

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