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El príncipe Carlos de Gales, un pintor cotizado

El príncipe Carlos de Gales, un pintor cotizado

REVISTA JET-SET

El heredero al trono de Gran Bretaña es uno de los artistas vivos más exitosos de su país. Cuenta con ventas cercanas a 9 millones de dólares en los últimos años a pesar de ciertas críticas demoledoras.
Uno de los lugares preferidos de Carlos para pintar al natural es la estación de esquí de Klosters, Suiza, como lo recuerda esta imagen de los años 80.
Por: 10/3/2016 00:00:00

La historia de su triste infancia es conocida y la etapa más dura que recuerda es su paso por el internado Gordonstoun donde sus compañeros lo matoneaban. Desde entonces el futuro rey se refugió en la pintura como modo de expresar su gusto por la soledad y la reflexión. “Es una actividad casi que meditativa en el sentido en que accedes a otro mundo y todo lo demás queda excluido. Es extraordinario”, señaló tiempo atrás en el documental Royal Paintbox.

Pero se trata de algo más que un escape de la vida pública. Según cifras reveladas por The Express, de Londres, ha hecho una fortuna de más de 8.5 millones de dólares desde 1992, que se suman a los 27 millones de dólares anuales que recibe por el ducado de Cornualles, con el cual se sostiene.

Sin embargo, lo que recoge por sus pinturas no va a sus arcas sino a su fundación, The Prince Trust, la cual trabaja en áreas como sostenibilidad, creación de negocios responsables, artes y medio ambiente.

Tan jugosa suma hace de él uno de los pintores mejor pagados de las islas. Lo interesante es que no ha tenido que vender ni un solo original de sus acuarelas, su técnica, sino litografías de las mismas en ediciones limitadas. Cada copia firmada por el príncipe de Gales puede costar hasta 20 mil dólares, una cifra asombrosa si se tiene en cuenta que en Gran Bretaña un pintor vivo destacado solamente vende alrededor de 14 mil dólares al año. Así mismo, ha llegado a percibir 278 mil dólares anuales por su arte, el cual tiene a los palacios reales y los paisajes británicos y de otros puntos del globo como motivos principales.

Las obras, que tienen pedido en todo el mundo, se venden en salas de exposición de Londres como Belgravia Gallery, en el ultrachic barrio del mismo nombre, cuya directora, Laura Walford, le declaró a The Express: “El príncipe Carlos es muy talentoso. La acuarela es una técnica muy difícil y me parece que se percibe en su obra una creciente madurez. Es un artista consumado. Es justo decir, de todos modos, que su condición de miembro de la realeza aumenta el precio de sus pinturas”. Empero, advierte la galerista, “las litografías no se venderían si él no tuviera aptitudes”.

No falta quien le dé palo a su alteza real, en especial aquellos que lo ven como un personaje insustancial. “A nadie le importa si él va a pintar acuarelas en las montañas. Algo tiene que hacer el pobre hombre con su tiempo”, escribió el crítico de arte Jonathan Jones, en el diario antimonárquico The Guardian. “Es complicado ver la genialidad en las acuarelas de Carlos. No son horrorosas. Son comunes y corrientes. Lucen como lo que son: el arte de un aficionado. Son un buen esfuerzo, pero nadie creería que vale la pena ponerlas en el mercado si su nombre no estuviese asociado a ellas”, continuó la andanada. “Hay que ser un monárquico muy convencido para pagar por una obra de estas”, remató.

La diatriba de Jones recordó que Adolf Hitler fue un aspirante a artista y luego se convirtió en el peor dictador. “Podríamos ver la aparente necesidad de Carlos de ser tomado en serio como artista como una señal de un tirano en gestación”, anotó el crítico quien sentenció: “Si recoge dinero para la caridad, buenísimo. Pero si lo que ambiciona es pintar como un Rubens moderno, repentinamente descubrirá cuan pequeños son sus poderes en realidad”.

The Express consultó la opinión del acuarelista Nick Harrison Jones, quien ha expuesto en la Bankside Gallery y enseña la técnica. “Hay algunos defectos técnicos en sus obras. Si no supiera que es Carlos, diría que es un creador con ciertas habilidades en desarrollo. Hay pinceladas verdaderamente delicadas. Mi consejo sería que pintara en formatos más grandes, lo que le ayudaría a lograr una mejor expresión”, apuntó.

El también duque de Cornualles y conde de Carrick efectivamente se autodefine como un “artista entusiasta y amateur”, aunque lo cierto es que sus antecedentes no los cuenta cualquiera. No se puede olvidar la vieja relación entre la realeza y el arte a través del mecenazgo y que Carlos creció rodeado por el invaluable tesoro artístico de su familia. De otro lado, no pocos antepasados suyos, como el rey George III (cuyas obras son sus predilectas), la reina Victoria y su esposo Albert, también trajinaron con lienzos y pinceles con logros apreciables. Los bordados de María Estuardo, la decapitada reina de Escocia del siglo XVI, son considerados como la primera muestra de arte serio en la casa real, recordó lady Antonia Fraser en el Daily Mail. El príncipe, de hecho, dio sus primeros pasos en la pintura de la mano de su padre, el príncipe Felipe de Edimburgo, también pintor.

Bueno o malo como acuarelista, lo que a unos asombra y a otros ofende, es que cuando él muera sus originales costarán mucho más millones que las impresiones de hoy. Y el tan vilipendiado Carlos al menos habrá cumplido su objetivo de perpetuar su legado, como lo insinuó una vez: “Partimos, dejamos nuestra envoltura mortal, pero estas cosas persisten. Una parte de nosotros sigue viva en ellas”.

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