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Las peleas de la senadora Paloma Valencia

Las peleas de la senadora Paloma Valencia

REVISTA JET-SET

La senadora del Centro Democrático es una de las defensoras más recalcitrantes de Álvaro Uribe. Después de ser objeto del matoneo en las redes sociales, por su propuesta de dividir el departamento del Cauca, dice que se siente con más fuerzas para trabajar por el país.
Antes de llegar al Congreso, Paloma Valencia fue columnista de los diarios El País y El Espectador. También participó como panelista en Blu Radio, y dirigió la revista virtual La Otra Esquina.
Por: 23/4/2015 00:00:00
De ella dicen que es la imagen joven y “despeinada” de la derecha colombiana, que es la defensora número uno de Álvaro Uribe Vélez. Hasta la han pintado como una marioneta que simplemente recita sus discursos en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional. Paloma Valencia Laserna nunca ha negado su gran admiración por el expresidente, que tiene la bancada femenina más grande del Senado. Reconoce que las mujeres del uribismo son beligerantes y comprometidas, y no tiene ningún reparo en comparar al senador con Simón Bolívar. Tampoco se mide al pronosticar que a él también deberán erigirle una estatua de bronce en reconocimiento por ser “el mejor presidente que haya tenido Colombia”, poniéndolo por encima hasta de su propio abuelo, Guillermo León Valencia, que asumió la primera magistratura entre 1962 y 1964. Para ella, que creció en el seno de una familia conservadora de altas estirpes del Cauca y Tolima, esto no es una exageración. De hecho, se confiesa adepta a sus políticas desde que era estudiante de derecho y filosofía en la Universidad de los Andes, fundada por su abuelo materno, Mario Laserna. Por ese entonces Uribe era gobernador de Antioquia y fue a dar una conferencia en la que reclamaba el deber del Estado de defender la seguridad de los ciudadanos. “Entendí que él era el guía que necesitaba el país”, recuerda.

Ahora, como tercera en la lista del Centro Democrático en el Senado, trasladó a los estrados políticos la defensa de su líder. Aquella que inició, con la vehemencia que la caracteriza, en las columnas de opinión que escribía en los diarios El País y El Espectador; y como panelista en La Hora de la Verdad, de Fernando Londoño, o en Blu Radio.

La senadora, que en enero cumplió 37 años, también armó polémica en las redes sociales al proponer en su cuenta de Twitter un referendo “para que el departamento del Cauca se divida en dos”. Desde el pasado 16 de marzo, la payanesa de nacimiento y tradición ha sido tildada de racista y llamada con sarcasmo “aria de pura cepa”, entre muchos otros calificativos. Paloma, quien no tiene nada de mansa, se queja de que después del famoso trino quedó estigmatizada. “Si hablo con vehemencia, soy la loca de las naranjas. Pero si el que se expresa así es un hombre, es un gran orador. Si adopto una posición fuerte, es que soy intransigente; el hombre tiene carácter. Si salgo con el pelo crespo es que soy una descuidada, pero el tipo que no se peina es casual”.

¿Cree entonces que hay algo de machismo en lo que le ha pasado? –Claro. En la política las mujeres no podemos hablar duro y siempre debemos ser discretas. Es más fácil no decir nada para evitarse problemas y solo tocar temas que a todo el mundo le gusten. A mí no me da pena opinar sobre lo que pienso, pero con la diferencia de que no le falto al respeto a nadie, así traten de dibujarme como el monstruo espantoso que no soy.

¿De dónde salió su propuesta de dividir su departamento en dos? –Venía de una reunión con las personas que han sido invadidas y perseguidas en el Cauca. Escribí el tuit pensando en la alternativa de concederles a los indígenas toda la autonomía que ellos piden, a cambio de unos límites. Es un problema de derechos de propiedad y de definir hasta dónde va el territorio de unos y otros. Por supuesto no estoy casada con ninguna idea. Lo que veo es que hay asesinatos, casas dinamitadas y gente torturada.

¿Qué experiencia le quedó? –Que no es bueno tratar temas importantes en Twitter. Aunque siempre lo tuve claro, pensé que era posible iniciar una conversación. Pero Colombia es un país intolerante y si la persona no piensa como a ti te gusta, es un tonto, un animal, un “uribestia”. Hay una falta de respeto que es dura de digerir, pero uno va sacando piel.

¿Qué ha aprendido de Álvaro Uribe? –La paciencia para interesarse por absolutamente todos los problemas del país, para ver siempre a la gente, para que nunca se le pase nadie sin atenderlo adecuadamente. Él asumió la misión que tiene con el país. Cuando estoy cansada de trabajar, me pregunto dónde estará el presidente Uribe en este momento y siento que hay que seguir.

¿No es una exageración comparar a Uribe con Simón Bolívar? –Creo que tienen mucho en común. En mi discurso sobre la parapolítica dije que Uribe sigue representando la esperanza de muchos por un país mejor. Es algo generacional. La gente de mi edad estaba terminando la universidad cuando Colombia no era viable. Cuando él llegó a la Presidencia se recobró la fe. Es un símbolo y como tal lo deben respetar, porque representa cosas buenas para mucha gente.

¿Todo lo que se ha dicho de Uribe son mentiras?
–Son tergiversaciones e imprecisiones que lo único que buscan es dañar su figura. Claro que él tiene errores, pero si se evalúa como líder, es imbatible.

También han sugerido que usted está en el Congreso solo por sus apellidos... –La “matoneadera” de la que soy víctima, antes de ser por mis abuelos, es por el hecho de ser uribista y mujer. En mis dos familias lo más importante siempre ha sido el país. Mi abuela, Liliana Jaramillo de Laserna, con quien pasaba las vacaciones en la finca, me decía: “Palomita, tu abuelo fue el presidente de la paz; y tu otro abuelo fundó la mejor universidad de Colombia... ¿Tú qué vas a hacer por el país?”.

¿Qué va a hacer por Colombia? –En mi casa aprendí valores como la austeridad, el respeto, la decencia, el compromiso. Pienso en mi padre, Ignacio Valencia, y me acuerdo que tengo que resistir, independientemente de la adversidad. Entonces todo lo que hago ahora cobra sentido. No creo que los políticos podamos solucionar todos los problemas del país, pero sí debemos visibilizarlos.

¿Se siente perseguida? –Me siento más vulnerable. El Estado utiliza medios para perseguir a los de la oposición. Tengo un grupo de críticos asiduos a quienes les pagan por hablar mal de mí y creo que todo el mundo tiene que vivir de algo.

¿Qué pasó con la invitación que usted le hizo a Daniel Samper Ospina de viajar al Cauca? –Sigo esperando que vaya, porque la gente de Bogotá no se entera de lo que pasa en la provincia. Debería conocerme para que vea que no soy tan mala. Es divertido viajar conmigo porque me sé muchas anécdotas y me gusta reírme. Pero la diferencia es que me río de mí, por eso el chiste de que vivo despelucada me lo inventé yo. Nunca me burlo de los demás.

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