Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

El misterio de la salud de Hillary clinton

El misterio de la salud de Hillary clinton

REVISTA JET-SET

La reciente neumonía de la candidata demócrata volvió a poner sobre el tapete su peor talón de Aquiles: la falta de claridad sobre su estado físico y mental, la cual sus enemigos aprovechan para decir que sufre gravísimas enfermedades, y por eso es incompetente para ser presidenta de Estados Unidos. ¿Cuál es la verdad?
El peso de la edad se le empieza a notar a Hillary, de 68 años, y por eso su salud genera tanta preocupación, en un país donde hay un gran prejuicio en contra de los candidatos mayores de 55.
Por: Revista Jet-set21/9/2016 00:00:00

En un acto tan importante para la imagen de cualquier político gringo, y más en campaña electoral, como lo es la conmemoración de los ataques del 9-11 en Nueva York, Hillary Clinton sufrió un desmayo y tuvo que retirarse. Su equipo sostuvo que se debió al exceso de calor, pero resultó que en realidad sufría de neumonía. Cualquiera se enferma, pero en este caso la afección le abrió un boquete a la aspirante presidencial que está siendo muy difícil de tapar.

Su salud, justamente, ha sido el caballito de batalla de sus detractores para descalificarla y aprovecharon para subrayar que el episodio les daba la razón. El más satisfecho de todos es su principal contrincante, el republicano Donald Trump, quien sostiene que a Hillary “le falta la resistencia física y mental para combatir al Estado Islámico”, la organización extremista que aterroriza al mundo. Aunque también es cierto que de él se comenta que presenta todos los síntomas de un psicópata y que su reporte de salud parece dictado por él mismo, pues todo es “positivo” y “perfecto”.

Como lo señaló el portal Político.com, manchar a los candidatos difundiendo historias alarmantes sobre su salud es un subgénero de la política, el cual está más vivo que nunca, pues el estado de ambos candidatos se volvió un asunto de la campaña. Pero no cabe duda de que Clinton ha sido la más golpeada por el juego sucio: antes de la neumonía, la cuenta de Twitter @HillsMedRecords publicó una carta en la que su médica, Lisa Bardack, afirmaba que Hillary sufría de demencia y convulsiones, condiciones que estaban empeorando. Bardack informó que el documento era falso y reiteró que la esposa del expresidente Bill Clinton se encontraba bien.

Otro que sostiene que padece problemas mentales y neurológicos es Sean Hannity, presentador de Fox News, canal de televisión que apoya a Trump. Basado en un video en el cual ella agita la cabeza al hablar con una periodista, se dedicó toda una semana a justificar la tesis de la epilepsia de Clinton.

Abundan en la web fotos y videos que pretenden comprobar los achaques. Como señal de sus problemas cardiacos, por ejemplo, fue presentada una imagen en la que ella lleva bajo la ropa un supuesto desfibrilador (aparato que le permite al corazón recuperar su ritmo normal), según los cibernautas. En últimas, se trataba del transmisor de un micrófono inalámbrico.

Se rumora, además, que a Hillary no la desampara un neurólogo que lleva consigo pastillas de Diazepam ocultas en un bolígrafo, por si sufre un ataque epiléptico. Otra publicación adepta a Trump es el National Enquirer, que en uno de sus números más reciente fue más allá y aseguró que la exsecretaria de Estado es víctima de un virus que la dejará discapacitada, y que tiene distrofia muscular congénita, mal de Alzheimer y otros daños cerebrales. En fin, el tabloide le da pocos meses de vida, mientras que sus carcajadas, el más leve tropezón o titubeo al hablar, han sido tomados por sus enemigos para decir que está perdida.

“Sin embargo toda calumnia que se origina en la arena política tiene algún fundamento y de otra forma no se afianzaría entre el público con tal fuerza”, explicó Jack Shafer, analista de Politico.com. “Si se dice que Trump está mal de la cabeza, es porque él actúa... como un loco. En el caso de Clinton, los chismes tienen tal poder por la conmoción cerebral que sufrió en 2012 y porque a ella se le están notando los años”, prosiguió Shafer, experto en psicología política.

La edad es, precisamente, el gran motivo por el cual la salud de los candidatos ha cobrado tal relevancia. Si gana Trump, de 70 años, será la persona más vieja en llegar a la Presidencia, mientras que Hillary, que cumple 69 en octubre, sería la segunda. Jack Shafer recuerda que los calendarios son un excelente indicador para saber si un candidato puede ser un buen mandatario, pues con ellos llegan las enfermedades e inhabilidades. “Si personas mayores aspiran a la Presidencia, que de por sí resulta agotadora para los jóvenes, es razonable que los votantes y la prensa tengan un amplio escrutinio al respecto”, reflexionó Shafer. Él alude además al prejuicio que Estados Unidos tiene tanto hacia los candidatos viejos, por su posible fragilidad, como por los muy jóvenes, por su falta de experiencia. Entonces, la edad promedio para los dignatarios entrantes es de 54,5 años, siendo John F. Kennedy el que se ha posesionado con menos edad: 43.

Clinton y Trump están lejos de ese marco, de modo que la guerra de difamación, que pasa por encima de cualquier principio ético y se basa en dictámenes médicos arbitrarios y acomodados, solo parará el próximo 8 de noviembre, día de las elecciones del sucesor de Barack Obama. Para el doctor Art Caplan, director de ética médica de la Escuela de Medicina de la New York University, la única forma de detener este sainete y las dudas, sería que un comité independiente de médicos examine a los candidatos y dé a conocer sus conceptos imparciales. “No se trata de pasar un examen médico para aspirar a la Presidencia, sino que sería bueno acceder a información al margen de la que dan sus propios médicos o aquellos que andan evaluando y diagnosticando a los candidatos por televisión y las redes sociales”, le dijo el facultativo a The Atlantic.

LO MÁS VISTO