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Gustavo Álvarez Gardeazábal y Hernán Peláez regresan a la radio, online

Gustavo Álvarez Gardeazábal y Hernán Peláez regresan a la radio, online

REVISTA JET-SET

La Pega, el programa radial que se emite a través de internet, volvió a unir a los dos periodistas que trabajaron en La Luciérnaga hasta el 2014. En esta nueva aventura, Peláez y Gardeazábal apelaron a la exitosa fórmula de un lenguaje directo y coloquial a la hora de criticar al Gobierno. Durante los 15 días de prueba, el espacio llegó a los 80 mil seguidores.
"Hernán Peláez es el cuerdo y yo soy el loco. Me regaña al aire y yo respondo con una risa o con un ‘mmm’”, dijo Gustavo Álvarez Gardeazábal, quien escribe una novela autobiográfica, con algo de ficción, que se llamará El violín.
Por: 7/4/2016 00:00:00

Hace más de un año Hernán Peláez y Gustavo Álvarez Gardeazábal anunciaron casi al tiempo que era hora de vivir de la pensión. Peláez se despidió de los micrófonos de La Luciérnaga, mientras Álvarez Gardeazábal parecía dispuesto a marginarse, sino del todo del periodismo, por lo menos de los medios radiales. Pero la nueva vida en modo de pensionados no fue del agrado de estos dos monstruos de la radio, quienes no podían vivir el uno sin el otro en los escenarios profesionales.

Cuando menos lo esperaban sus seguidores, hace unos días regresaron con el miniprograma La Pega que emiten de manera independiente por la aplicación Spreaker, lejos de los grandes conglomerados de la radio colombiana. Hernán Peláez, de 73 años, y Gustavo Álvarez Gardeazábal, de 70, se lanzaron a la conquista de las audiencias de los medios digitales.

Esta decisión sorprende aún más porque los dos colegas son más o menos nuevos en Twitter, donde llegaron a regañadientes y entendieron de manera tardía el poder de las redes sociales. En sus inicios La Pega alcanzó el récord de 80 mil oyentes en solo 15 días, gracias a la publicidad gratuita y la admiración de los directivos y locutores de unas 11 emisoras que empezaron a retransmitirla, incluyendo el programa Miami despierta, en Estados Unidos. “Nosotros, que no pertenecemos a la generación del dedo pulgar, nos pusimos en la misión de llegar a las nuevas tecnologías”, dijo Gardeazábal, quien además sigue con la columna “El Jodario” en el diario ADN y en la creación de libros punzantes para el poder y la Iglesia como El resucitado.

Los temas de La Pega surgen de sus trinos con Peláez y siguen la misma tendencia de los casos de escándalos en las instituciones estatales y confrontaciones de los partidos políticos que planteaban en La Luciérnaga. “Indudablemente somos una piedra en el zapato para el Gobierno de Santos. En estos momentos a las radios oficiales les daría culillo llamarnos”, afirmó el autor de Cóndores no entierran todos los días.

“Mientras estuve en Caracol Radio nunca recibí advertencias o censuras, aunque supe que los altos ejecutivos se mortificaban por los reclamos que recibían. Por eso, cuando me fui de La Luciérnaga muchos sintieron un fresco, comenzando por las altas esferas del Gobierno”, aseguró Peláez, quien también es comentarista estrella del canal Win Sports. Para llegar a tiempo a los estudios en Las Américas, en Bogotá, se levanta antes de las cinco de la mañana, media hora después se comunica con Gustavo Álvarez para cuadrar los contenidos y a las seis en punto lo graban para subirlo a las siete de la mañana a la red. El ritual milimétrico obedece a la obsesión por la disciplina y seriedad que les dio gran prestigio a nivel nacional.

Esa charla amena para los oyentes desprevenidos, pero virulenta para las personas implicadas en las denuncias, no dura más de 15 minutos. Pero han sido suficientes para entender que Peláez y Gardeazábal son como el agua y el aceite aún en temas aparentemente triviales como la música y el fútbol. Hernán es de boleros y salsa vieja; y Gustavo es del rock, o como dice él, de las canciones cantadas en otras idiomas para no desconcentrarse cuando se dedica a la lectura. Así mismo, el ex director de La Luciérnaga prefiere el vino tinto y su eterno colega el blanco. “Hernán y yo somos muy distintos. A mí me gustan los muchachos y a él las mujeres”, insistió el escritor, quien se acostumbró a los regaños de su amigo al aire, aún en La Pega, cuyo nombre resultó de la unión de las primeras sílabas de sus apellidos.

Ni siquiera coinciden en la arena política, donde Gustavo Álvarez Gardeazábal se declaró uribista furibundo y escudero de las opiniones más controversiales del procurador Alejandro Ordóñez. “No me importa lo que haga Gardis con sus amigos. Lo mío es el periodismo de denuncia”, sentenció Peláez.

La amistad de estos dos sabuesos del periodismo nació durante un homenaje que recibieron en Cali. En esos años Álvarez Gardeazábal se proyectaba como político en su región, primero en la Alcaldía de Tuluá y luego en la Gobernación de Valle. La carrera se truncó debido a varias demandas y un carcelazo por enriquecimiento ilícito, mucho después de hablar abiertamente de su homosexualismo.

Nada de esto perturbó a Peláez, ni minó la admiración que sentía por él, tanto que lo llamó para que fuera su fórmula radial en el programa de Caracol. El creador literario trabajó desde Tuluá ante el peligro que corría su salud si se sometía a la altura de Bogotá.

Este espacio de análisis y humor pareciera una acción revanchista contra La Luciérnaga, el barco que Gustavo Álvarez Gardeazábal abandonó por las diferencias con el nuevo director, el periodista Gustavo Gómez. “En el fondo es un desquite o por lo menos una lección de respeto humano. Nos sacaron del aire, pero no nos van a callar”, puntualizó el comunicador tulueño.

Hernán Peláez, tan cauto como siempre, se refirió al tema: “Dejé el programa de Caracol con una cantidad de oyentes y un estilo particular. Me fui porque quise. Como contratista pasé mi carta de terminación unilateral. Ni me contestaron, ni me dieron las gracias. Se ve que estaban contentos con mi salida”.

Con el nuevo proyecto de La Pega, los dos amigos no volvieron hablar de la pensión y menos Gardeázabal, quien escribe su biografía novelada con el título de El violín. “He pensado en retirarme, pero siempre resucito, pero no como el ave Fénix. Soy loca, pero sin plumas”, afirmó con su habitual sarcasmo. “No pretendo vivir de este programa de radio virtual, ni pienso comercializarlo. Empezamos con 15 minutos de duración y a lo mejor le daremos más tiempo”, aseguró Peláez.

El proyecto, según ellos, no marca el inicio de su regreso a la radio tradicional. Por ahora solo piensan en darle más cuerda a los señalamientos contra el Gobierno.

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