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Grau inédito

Grau inédito

Revista Jet-set

A pocos meses de los diez años de la muerte de Enrique Grau, se prepara un libro con las fotos inéditas de la vida del pintor y escultor de origen cartagenero. La obra que lleva el título Grau inédito contiene imágenes de sus días más alegres y de bohemia en Nueva York, Roma, Cartagena, Medellín y Barranquilla.
La casa de Enrique Grau en Bogotá, donde murió en 2004, estaba llena de prendas femeninas como corsés, guantes y sombreros. Foto: ©Imagen Reina/00.
Por: Edición 26429/7/2013 00:00:00
El libro Grau inédito relata algunos aspectos desconocidos de la vida del artista Enrique Grau, reconstruidos a partir de la visión de muchos de sus amigos, familiares y allegados. La obra no tiene un solo autor, sino que recopila el testimonio de varios personajes de la vida pública nacional como Belisario Betancur, Clara López Obregón, Elvira Cuervo y el retratista Armando Villegas, entre otros que lo conocieron. Cristina von Linderberg, la modelo que posaba como Rita, el personaje lúdico y lujurioso que lo obsesionó durante más de 20 años, también contó su relación paternalista con el pintor. Monika Hartmann, directora del Museo y Centro Cultural Casa Grau, asumió la labor de editora del proyecto literario.

Las diferentes miradas a la vida del maestro de origen cartagenero conducen en últimas a redescubrir a un Grau rumbero, meticuloso, sensible, poeta, loco, genio, amoroso, tolerante, responsable y riguroso, durante la investigación de los autores y escuelas artísticas que lo desvelaron. Solo buscaba privacidad cuando se internaba en su taller de arte. Incluso, en 1996, durante la creación del mural Las musas que instaló en el plafón del antiguo Teatro Heredia, de Cartagena, exigió intimidad con el fin de ocultar la técnica que usó para la obra. Este prolífico periodo marcó el deterioro físico del artista, hasta morir en el año 2004.

El Grau mundano y viajero también fue abordado desde la óptica de los amigos que participaron en el libro. En los años 50, luego de estudiar en Nueva York, se subió a un buque de guerra que lo llevó a Italia, con la motivación de conocer de primera mano todos los frescos de Piero della Francesca, su gran inspirador. La obsesión por él llegó a tal punto que durmió una noche en la casa donde vivió el pintor renacentista.

Después de un tiempo regresó a la Gran Manzana, donde a casi a diario visitaba el Metropolitan, llevado por la fascinación de las exposiciones permanentes, pero también por el martini de la cafetería, que a su juicio era el mejor del mundo.

De regreso a Colombia, el maestro siguió sumando amigos por todos los rincones del país, entre ellos las galeristas Elida y Edith Lara, en Barranquilla; y Alejandro Ramírez, Julián Fernández y Marleny Plata, además de otros bohemios de Santa Elena, Antioquia. En Cartagena, retomó la relación con la amiga y cómplice de su juventud, la escritora Judith Porto, de 90 años, quien sigue tan lúcida como antes.

Grau debe estar feliz en su tumba. Siempre quiso que no lo olvidaran.
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