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Gloria Zea en el Mambo: años de arte y poder

Gloria Zea en el Mambo: años de arte y poder

Revista Jet-Set

A propósito de sus primeros 50 años, el Museo de Arte Moderno de Bogotá no solo desempolvó sus obras más preciadas, sino también un nutrido anecdotario que incluye quiebras económicas y cuadros semidestruidos por las revueltas estudiantiles de los años 60. El Mambo nació donde hoy queda el único teatro porno de la ciudad.
Gloria Zea asumió la dirección del Mambo en 1969 por petición de quien fuera su profesora de arte, Marta Traba, que lo creó en 1963. Foto: Revista Semana (©Guillermo Torres).
Por: 14/3/2013 00:00:00
A la altura de la carrera séptima con calle 24, en el centro de Bogotá, sobrevive el Esmeralda Pussycat, el único teatro de cine porno que queda en la ciudad. A plena luz del día, y ante la mirada escrutadora de los transeúntes de la zona, en este lugar entran y salen hombres solitarios que le dan vuelo a la sexualidad con las viejas películas de Nacho Vidal, Rocco Siffredi y la Cicciolina, antes de su llegada al Parlamento italiano.

Estas estrellas apenas eran unos bebés cuando el Pussycat ni siquiera era el gran templo de la pornografía, sino la primera sede del Mambo o Museo de Arte Moderno de Bogotá. En octubre 31 de 1963, Marta Traba fue la encargada de abrir sus puertas, después de concretar una idea del ministro de Educación de entonces, Aurelio Caicedo Ayerbe. La exposición Tumbas, de Juan Antonio Roda, fue escogida para inaugurar aquella aventura artística y romántica que se iría de bruces cuando se acabó el dinero para continuar con las mesadas del alquiler.

Del centro capitalino, los amantes del arte se arrimaron a las instalaciones de la Universidad Nacional, a la altura de la calle 45, donde las sistemáticas revueltas estudiantiles los obligaron a cerrar las puertas hasta el año 1969. Traba, de origen argentino, se enfrentó al gobierno nacionalista de Carlos Lleras Restrepo al rechazar la intromisión de la fuerza pública en el claustro educativo. Las consecuencias de sus declaraciones fueron nefastas para el futuro del arte contemporáneo colombiano, pues el mandatario decidió expulsarla del país.

Después de una calurosa polémica entre los intelectuales de la época, Lleras Restrepo reversó la medida, pero Marta prefirió entregarle los dominios del Mambo a su exalumna Gloria Zea, quien venía de estudiar en Nueva York. “Durante un almuerzo, por allá en la Jiménez, me dijo: ‘Gloria, eres la nueva directora del Museo’, o mejor, de un museo que no tenía sede y menos plata para sobrevivir. Mi esposo, en ese entonces Andrés Uribe Campuzano, nos subvencionó durante más de veinte años. Nos pagaba los servicios, la secretaria y el curador”, recordó Zea, justo cuando esta institución comenzó a organizar una serie de actividades culturales para celebrar sus primeros cincuenta años.

El día en que Gloria Zea aceptó este cargo de responsabilidades quijotescas comenzó por recuperar los ochenta cuadros que estuvieron a punto de perderse por culpa de una turba de estudiantes de la Nacional que destruyó los vidrios del museo. Pasado el susto, pidió posada por un tiempo corto en el edificio de Bavaria y más ?tarde en el Planetario Distrital, del Parque de la Independencia.

En 1979 se trastearon definitivamente a la actual sede del Mambo, que diseñó el arquitecto Rogelio Salmona, después de que Gloria Zea tocara la puerta de todas las instituciones del gobierno y de la empresa privada para que este proyecto fuera viable económicamente. “El Ministerio de Cultura y la Alcaldía solo nos subvencionan el cincuenta por ciento de los dos mil millones que necesitamos anualmente para vivir. De ahí que para sacarlo adelante hemos organizado subastas y hasta carreras de caballos. Lo único que no he hecho es prostituirme en la séptima”.

En su nueva etapa, el Mambo será ampliado hacia el parqueadero contiguo, un terreno que perteneció al supuesto narcotraficante Rayo Montaño, conocido porque en la lista de sus testaferros apareció el exfutbolista colombiano Freddy Rincón. Aunque se cuenta con la mitad del presupuesto, las obras de ampliación no han empezado debido a varios inconvenientes legales durante la expropiación del inmueble.

Para la celebración de sus cincuenta años, el Museo de Arte Moderno de Bogotá desempolvó cerca de cuatrocientas obras de arte, de las cuatro mil quinientas que tiene en sus sótanos custodiados. En estos espacios impenetrables duerme la historia moderna de la plástica colombiana.
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