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Los exorcismos de Germán Tessarolo

Los exorcismos de Germán Tessarolo

Revista Jet-Set

El artista sabe cómo liberar a las personas poseídas por el diablo. Hace año y medio desarrolló este don natural, justo cuando dejó de ser aquel “diablillo” que vivió los excesos de la adicción por las drogas y el alcohol. Por primera vez entregó su testimonio.
El artista plástico Germán Tessarolo realizó hace más de un año su primera liberación del diablo, o el equivalente del exorcismo para los católicos. En esos días se metió de lleno en la iglesia cristiana City Harvest, en el norte de Bogotá. Foto: ©Imagen Reina/13.
Por: Edición 2759/1/2014 00:00:00
El pintor italo-argentino Germán Tessarolo, quien llegó al país cuando se casó con Amparo Grisales, descubrió que tiene el don sobrenatural del exorcismo. La primera vez que liberó a una persona poseída por una fuerza demoníaca acababa de unirse al redil de la iglesia cristiana City Harvest de Bogotá. Antes de aprender a expulsar al diablo, Tessarolo enfrentó sus propios demonios como las drogas, el sexo desenfrenado y el rock and roll.

¿Quién es el diablo?
–Fue un ángel caído que se llamaba Lucifer. Su belleza lo volvió vanidoso. Dios lo expulsó de su reino porque lo desafió. Miren lo curioso: hoy se sabe la Biblia de memoria.

Usted dice que el diablo existe y que se apodera del espíritu de las personas. ¿Cómo se dio cuenta?
–Hace un año estaba en proceso de separarme y llamé a una abogada para que adelantara los trámites legales. En el encuentro vi que el rostro de ella empezó a cambiar de manera monstruosa. Y le dije: “tú estás poseída por el demonio”. Y me respondió con la voz totalmente masculina: “desde los 14 años le entregué el alma al diablo porque mi mamá no me quería”.

¿Cómo se enfrenta a esta mujer poseída? –Me paré como un resorte y empecé a reprender al diablo. Yo le decía: “Maligno, en el nombre de Jesucristo, sal de este cuerpo”. Esta persona empezó a tener un ataque de furia y se despojó de sus vestimentas. Una lengua larguísima le salió de la boca. El ritual de liberación empezó a las 11:00 de la noche y terminó en la madrugada.

¿Y de qué otra manera se manifestó el diablo? –Un olor a azufre se apoderó de la casa. A ratos olía a fango, otras a perfume barato. De verdad que era un aroma asqueroso. Le cuento que este olor duró más de una semana.

¿Cómo derrota al diablo? –Con la Palabra de Dios y una lucha que me deja extenuado. La mujer que traté nunca se golpeó, pero terminó llena de moretones. Lucifer es agresivo con el poseído. A mí me insulta.

Usted cuenta esto y nos recuerda una imagen cinematográfica… –Como en las películas, el estómago de los poseídos por las fuerzas del mal se abulta. Parecen manos tratando de ensancharlo desde adentro. El diablo que le saqué a la abogada leyó la Biblia pero al revés.

¿Cuando cuenta esto se topa con muchos incrédulos? –Hay gente que no me cree pero lo que me interesa es que varios pastores dijeron que a mí me guía el Espíritu Santo. Con esto de las liberaciones me siento más cerca de Dios. Tengo este don que es natural, jamás lo he estudiado, y puedo usarlo cuantas veces sea necesario.

¿Usted estuvo poseído por el diablo?
–No, pero es como si lo hubiera estado, debido a la drogadicción durante 30 años y al desenfreno sexual, con orgías e infidelidades.

¿Y cómo logró exorcizar sus propios demonios?
–Dios apareció en mi vida hace 25 años en un momento en que se terminó mi matrimonio y me separé de mi hijo. Fui a la iglesia cristiana de la Confraternidad pero asumí a Dios como un comodín, un dios de bolsillo. Era religioso pero no cristiano. Iba a la iglesia, pero entre semana había drogas, sexo y rock. Yo sentía esa voz interna que pedía un llamado más comprometido. Dios me llevó al límite para que cambiara, sí o sí.

¿Cómo así?
–Al límite quiere decir que pensé en suicidarme. Tenía problemas serios de salud por una fibromialgia o un dolor de esos que parece que te pusieran destornilladores en la espalda. No comía. Tenía visiones terroríficas de mi propia vida que era terrible porque andaba sin trabajo y con problemas económicos. No me soportaba hasta que me refugié ciento por ciento en Dios. Como en una película le dije: “Señor, aquí estoy. Quiero servir a los demás”.

¿Cómo se encuentra ahora? –Desde hace año y medio estoy estabilizado y más tranquilo. Salí de deudas, estoy pintando y vendo mi obra. Hacer mi propio exorcismo fue duro.

En esta búsqueda de Dios, ¿qué otros caminos siguió? –En esa búsqueda recorrí diez iglesias. Empezaba en una y me salía. Hasta que me quedé en City Harvest. En este camino me alejé de amigos que no te ofrecían nada bueno. Hay relaciones que son tóxicas ya sea de pareja, de amistad o laborales. Hay que saber cortar por lo sano.

Eso sí que fue una verdadera metamorfosis: de “diablillo” pasó a ser lo más parecido a un exorcista. –Conclusión: el hastío me llevó al cambio y me salvó. Cuando empezó a morir el viejo Germán viví una etapa de metamorfosis en la que incluso pinté mariposas. Dejé de ser gusano para empezar a volar.
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