Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Gérard Depardieu “Fui prostituto y ladrón”

Gérard Depardieu “Fui prostituto y ladrón”

Revista Jet-set

El gran actor francés causa sensación al revelar los pasajes más oscuros de su vida en su nueva autobiografía.
El actor el año pasado en Niza. Su familia era tan pobre que tenía que ayudar a su madre a dar a luz a sus hermanos porque no tenían con qué pagar a una partera, recuerda en sus memorias. Foto: AFP.
Por: Edición 29322/10/2014 00:00:00
“Dejé la escuela porque me acusaron de un robo que no cometí. Yo era el niño pobre de la clase, el único que no pudo seguir estudiando. La pensión costaba cinco francos y eso era muy caro para Dedé, mi padre”. Con este dramático relato de su infancia el monstruo de la actuación inicia su libro de memorias, que ha causado revuelo en todo el mundo del cine, que lo admira como el símbolo del amante francés, una mezcla de virilidad, seducción y fragilidad.

Desde esa época, Gerard mostró esa capacidad de asumir diferentes roles que es la gran riqueza de su talento y le ha permitido pasearse en las últimas cuatro décadas por lo mejor del cine galo y de Hollywood. Pero antes de alcanzar la gloria, el protagonista de Cyrano de Bergerac conoció una miseria tan cruda, que le tocaba ayudar a su madre, Anne, a dar a luz a sus hermanos, porque la familia no tenía dinero para pagarle a una comadrona. “Y pensar que casi te mato”, le decía Anne a cada rato, recordando cómo intentó abortarlo con la ayuda de agujas para tejer.

A los 10 años, ya vagaba por las calles de su natal Châteauroux, centro de Francia, y a los 15 era un ladronzuelo. “Comprendí que les gustaba a los homosexuales”, relata, y cuando estos lo abordaban para pedirle que se acostaran con él, les pedía dinero. Por esos días, además, pasó tres semanas en la cárcel por haberse robado un auto, y confiesa que profanaba tumbas de cadáveres para robarles las joyas y los zapatos.

“A los 20, el matón que habitaba en mí estaba vivito y coleando”, anota Depardieu al introducir su llegada a París, donde siguió su carrera como prostituto. “A varios de mis clientes los estafé. Les daba una paliza y salía corriendo con toda la plata que llevaran encima”, recuerda. En Mayo del 68, el famoso movimiento libertario de París, la futura estrella les robaba sus relojes y carteras a los estudiantes que dormían en las calles en los días de las protestas.

De la mala vida lo salvó un cazatalentos gay que le pagó los estudios de arte dramático, los cuales marcaron el comienzo de su mítica carrera, que le trajo fama y fortuna, pero no felicidad familiar. En 1970, dos años antes de su debut en el cine, Gerard se casó con la actriz Élisabeth Guignot, de una familia acomodada de París, con quien tuvo dos hijos: Guillaume y Julie. Ellos le siguieron los pasos en la actuación, pero no han tenido la mejor relación con él, de modo que reniegan de su origen. “¡Pues cámbiense el apellido, si tanto les molesta!”, solía gritarles, como lo revela en la autobiografía titulada Ca c’est fait comme ca (La cosa fue así).

A propósito, el mayor lunar de su existencia es la muerte de Guillaume, sobre quien el actor ofrece nuevas pistas en el libro, como que también se prostituía para comprar las drogas a las que era adicto y lo llevaron a la tumba en 2008. Depardieu se culpa de la tragedia y reconoce que los sets de rodaje lo alejaron de su rol de padre y que la crianza de los hijos le tocó a la madre, quien, por lo demás, le costó “un divorcio a la americana: un procedimiento de 14 años y 10 millones de euros”.

El actor tuvo dos hijos más: Roxanne, de 22 años, con Karine Silla, y Jean, con Hélène Bizot. “He sido más padre de ellos que de los mayores”, afirma, aunque todavía se le hace difícil decirles que los ama, una herencia de su padre, obrero metalúrgico, quien hablaba muy poco: “Sé decir las palabras de otros, pero cuando se trata de las mías, soy el hijo de Dedé”.

Últimamente, Depardieu ha sido más noticia por sus escándalos que por sus actuaciones. En un avión de aerolínea, por ejemplo, no pudo aguantarse las ganas y se orinó en pleno pasillo. Luego, confesó que se toma 14 botellas de bebidas alcohólicas al día, el cual comienza con champaña y termina con whisky. Empero, explica, no es que sea un adicto, sino un hombre perseguido por las fobias. “Vivo obsesionado con los ruidos de mi cuerpo, los latidos de mi corazón, el gorjeo de mis intestinos y el chasquido de mis articulaciones”, expresa.

El más polémico de sus movimientos recientes fue su traslado a Rusia, porque en Francia se sintió perseguido por el fisco, que le hacía pagar el 87 por ciento de sus ganancias en impuestos. No hay que olvidar que Depardieu es también un exitoso empresario, con su propia bodega de vinos, restaurantes y actividades en el campo inmobiliario y del turismo.

En Moscú, lo recibió con los brazos abiertos el polémico presidente Vladimir Putin, de quien se ha vuelto un entrañable amigo. Se conocieron en 2008 y de inmediato sintieron que tienen mucho en común. En su libro, Depardieu reflexiona: “Ambos pudimos haber sido rufianes. Creo que apenas me vio, a él le gustó el lado vándalo de mi personalidad, el hecho de que de vez en cuando a mí me recogen borracho del pavimento”.

Hoy, con su impresionante sobrepeso, el protagonista de Jean de Florette manifiesta que si antes no podía estar sin compañía, hoy se refugia en la soledad, en su casa de Saransk, cerca de Moscú, o en su palacete estilo Imperio de París, repleto de obras de arte, con sus seres queridos difuntos por única compañía: “Aquellos que me han acompañado y a quienes yo he acompañado en las risas, las peleas, los amores, no están muertos, están ahí, a mi alrededor, y hablo con ellos”, concluye.
LO MÁS VISTO