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Gabriel Odín El DJ del jet set

Gabriel Odín El DJ del jet set

REVISTA JET-SET

Gabriel Odín, el DJ preferido del jet set nacional, ha tocado en los más elegantes matrimonios del país como el de la hija del presidente Santos, María Antonia con Sebastián Pinzón. Hace más o menos 12 shows al mes y sus clientes dicen que cobra 10 millones de pesos por fiesta, aunque a él no le gusta hablar de dinero.
La agenda de Gabriel Odín vive copada, el año pasado viajó 42 veces a Cartagena a poner la música en fiestas y matrimonios. Desde hace 19 años ameniza la fiesta del 31 de diciembre del Hotel Santa Teresa.
Por: Revista Jet-set.22/7/2016 00:00:00

Este DJ que ha puesto a bailar a medio país, tiene más pinta de ejecutivo pilo que de músico. En sus shows, por lo general, viste de saco y corbata, siempre se ve como recién peinado y habla con un tono parsimonioso, que raya en lo formal. Todo lo que dice es políticamente correcto. Por principio nunca se refiere a sus clientes entre los que figuran reconocidos políticos y empresarios del país. “Mi relación con ellos es muy personal, está basada en la confianza y el respeto”. Cuenta que alguna vez le propusieron escribir un libro con los detalles de estas rumbas pero, obviamente, rechazó la oferta.

Odín nació hace 47 años en Bogotá, en el seno de una familia de clase media. Su papá, un ingeniero eléctrico, le enseñó a aproximarse a las máquinas y a encontrarle el gusto a la música. “Él me ponía sinfonías de Mozart, Bach, Beethoven, Schubert; y mi madre, jazz y rock and roll. A los 14 años, ellos le regalaron su primer tornamesa, un Technics. En 1981 entró a trabajar a discomóvil Nice e hizo su primera fiesta en un salón de la defensa civil del barrio El Chicó. “En esa época usábamos casetes no vinilos, como ahora. Nos tocaba organizar todo para llegar a la canción rápido, era un ejercicio que demandaba más esfuerzo”, cuenta.

A finales de los años ochenta su nombre sonaba con fuerza en la escena electrónica bogotana. Aprendió a moverse como pez en el agua en exclusivas discotecas y clubes de la ciudad, como Faces, Keops y Zona Franca, donde tenía público que solo iba a oír sus mezclas. Sus amigos empezaron a llamarlo para que les pusiera la música en sus eventos o matrimonios.

Tuvo tanto pedido que en 1997 creó una compañía con la que aún hace sus famosas “fiestas a la medida”. Cuando un cliente se le acerca estudia sus gustos musicales y el de su círculo de amigos, y tratar de definir un perfil. “Queremos que los colombianos tengan la oportunidad de divertirse con la misma calidad con que lo harían si fueran a un concierto de U2”. Para lograrlo, hace investigación con su equipo de trabajo para que el audio y el show de luces tengan ese nivel.

Su especialidad son los matrimonios, ha puesto la música en más de 500, entre ellos el de Samy Bessudo y Martina Hakim; Manolo Cardona y Valeria Santos; Santiago Pastrana y Sabina Nichols; y Simón Brand y Claudia Bahamón. El más reciente fue el de María Antonia Santos y el golfista Sebastián Pinzón, para el que firmó un acuerdo de confidencialidad que le impide referirse al tema. “Una boda es lo más complejo de hacer porque es aterrizar un sueño. Es construir con la música una gran constelación de dos familias que se unen. La experiencia es muy exigente por los diversos universos: así como hay un señor que quiere escuchar a Charles Aznavour, hay un joven que prefiere oír a Richie Hawtin”.

Desde su consola, Odín es el maestro que dirige la energía en las noches de excesos. En sus tornamesas y con la ayuda de una parafernalia de máquinas electrónicas transforma la música y la convierte en parte de una atmósfera. Con la humildad de un hombre que crea la banda sonora de las mejores fiestas del país a punta de talento y sin ufanarse demasiado, investiga sobre su próxima fiesta.

“Yo me declaro un aprendiz”, dice sin misterio. Se la pasa oyendo canciones en internet, viaja por el mundo buscando nuevos sonidos y va a las tiendas de vinilos de Berlín, Nueva York, Tokio e Inglaterra. Hace poco estuvo en La Habana, Cuba, donde tocó con Los Van Van y la Orquesta Aragón. Ha compartido escenario con reconocidos músicos como Afrika Bambaataa, David Morales, David Guetta; y ha hecho parte del cartel de importantes festivales de música electrónica como el de Berlín, Ibiza o Nueva York.

Su esposa, una artista japonesa, le acolita la exploración de nuevos ritmos. ”Por encima de cualquier cosa soy un apasionado coleccionista de canciones”, dice. Le gusta subirse a los buses porque es la manera más eficaz de saber cuáles están sonando en el país. “Los colombianos tenemos una riqueza musical muy grande que desconocemos. Estamos en un proceso de descubrir nuestro mestizaje. Hace 25 años ponía una cumbia en una fiesta y me cogían a patadas. Hoy, con el trabajo tan intenso que han hecho músicos como Bomba Estéreo, Sistema Solar y ChocQuibTown, es ‘cool’”. En sus bailes suena salsa, merengue, reguetón, techno, house e indie, que es la tendencia ahora. “Los adultos en el país son muy bellos, bailan punk, disco, música latina”, dice. Siempre cambia el repertorio y no tiene una canción preferida. Su lista es tan larga como su carrera que lleva casi 40 años.

Antes hacía 22 fiestas al mes, ahora máximo 12 y mínimo ocho, para tener tiempo de prepararse bien. Desde hace 19 años pone la música en la fiesta del 31 de diciembre del Hotel Santa Teresa en Cartagena a la que han asistido la actriz Eva Longoria, Mario Vargas Llosa y reconocidas modelos de Victoria’s Secret. También trabaja para marcas como Amelia Toro, Leal Daccarett, Four Seasons, Omega, Mercedes Benz y BMW.

Sus amigos dicen que cobra más o menos 10 millones por show, aunque a él no le gusta hablar de dinero. En nuestro circuito hay artistas que pueden cobrar desde 500.000 pesos hasta 12 millones, como lo hace Natalia París. “Yo no soy el que más gana. Hago esto por pasión y con la misma mística con la que lo haría un chamán. No le puedes romper el corazón a nadie”, dice con su voz pausada.

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