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Gabriel García Márquez la muerte del patriarca

Gabriel García Márquez la muerte del patriarca

El adiós al nobel

México y Colombia se unieron para despedir a García Márquez en el Palacio de Bellas Artes, del DF, y en la Catedral Primada de Bogotá. Al final de sus días, el escritor soportó con dignidad y fortaleza dos enfermedades: el Alzheimer, que hizo mella en su memoria, y el cáncer.
En el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana, la viuda de Gabo, Mercedes Barcha, y sus hijos, Rodrigo y Gonzalo, agradecieron los mensajes de condolencia del mundo entero. Foto: AP.
Por: Edición 28123/4/2014 00:00:00
Los restos del escritor Gabriel García Márquez fueron cremados, lo más lejos de la tradición de los sepelios de Macondo, el mundo imaginario donde los muertos eran envueltos en sábanas blancas o subían al cielo, como lo hizo Remedios la bella.

Gabo no murió de repente, sino a cuentagotas al igual que las ceibas bicentenarias de Aracataca, su tierra natal. El escritor padeció un cuadro clínico que empezó con un cáncer linfático a principios del nuevo milenio, y luego fue agobiado por el Alzheimer, en 2006, una paradoja que heredó de sus antepasados, quienes en la juventud tenían mentes prodigiosas, pero al final de la vida olvidaban fechas, datos históricos y solo recordaban a sus difuntos.

A mediados de la década pasada, su hermano Jaime García Márquez fue el único que se atrevió a hablar de la débil memoria del autor de Cien años de soledad: “Nosotros sufrimos demencia senil. Pero a Gabo se le adelantó debido al cáncer y las quimioterapias”. En 2007, el hijo de Aracataca regresó a Colombia, donde le dijo a su amigo Juan Gossaín que la mente le empezaba a fallar.

A partir de este periodo, el novelista se marginó de los actos públicos que organizaron los gobiernos de México y Colombia para recordar los 40 años de la publicación de Cien años de soledad y los 30 de su Nobel literario. Aun así, cada 6 de marzo, día de su cumpleaños, salía al jardín de su casa de El Pedregal de San Ángel, México, para saludar a la prensa, pero con la condición de que no le hicieran una sola pregunta.

El pasado 31 de marzo, García Márquez entró en el laberinto de la muerte. Sus familiares lo internaron en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, de la capital azteca, bajo un riguroso hermetismo que generó todo tipo de informaciones acerca de la salud del escritor. Su hijo Gonzalo dijo que su papá tenía una simple gripa, mientras el presidente Santos desmentía los rumores que señalaban que el escritor padecía un nuevo cáncer.

No obstante, el diario El Universal, de México, lanzó una noticia menos optimista que las anteriores al asegurar que el autor colombiano enfrentaba la metástasis de esta enfermedad con pocas posibilidades de cura. Las células cancerígenas regresaron para atacar el hígado y los pulmones de Gabito, quien murió en su refugio del Distrito Federal.

En este orden de ideas, México le rindió honores en el Palacio de Bellas Artes, un escenario donde solo han despedido a grandes de la talla de Cantinflas, Frida Kahlo y Carlos Fuentes.

Al cierre de esta edición, la familia de García Márquez estudiaba la posibilidad de repartir las cenizas del nobel entre Colombia y México. Aída García Márquez, la hermana, y Tufi Hatum Arias, alcalde de Aracataca, pidieron que se quedaran únicamente en nuestro país. La tierra natal de Gabo realizó un entierro simbólico entre vallenatos de antaño y el revoloteo de las mariposas amarillas que salen en cada verano.
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