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Fredric Brandt, el dermatólogo conocido como el doctor Bótox

Fredric Brandt, el dermatólogo conocido como el doctor Bótox

REVISTA JET-SET

El dermatólogo favorito de celebridades fue uno de los primeros en inyectar la tan de moda toxina botulínica con fines cosméticos. Hoy es el que más la usa en todo el mundo, tanto en sus pacientes como en sí mismo.
Tiene 65 años y su rostro congelado y liso se debe a que se inyecta bótox desde hace un cuarto de siglo. También se aplica rellenos en los cachetes,la mandíbula yalrededor de los ojos.
Por: 27/2/2015 00:00:00
Tiene el rostro pálido y congelado. Su frente está libre de líneas de expresión, mientras que sus mejillas son mullidas como las de un niño. Cualquiera creería que, a los 65 años, el dermatólogo cosmético más famoso de Estados Unidos ha pasado una y otra vez por el quirófano para lograr la sospechosa tersura de su piel, pero la verdad es que nunca se ha hecho una cirugía plástica y todo es obra de las inyecciones de bótox, nombre comercial de la toxina botulínica cosmética, en lo cual es un verdadera estrella mundial. “Experimento en mí mismo porque si algo pasa, prefiero ser el primero en sufrirlo”, le dijo hace poco a The Times, mostrando orgullosamente que no tiene cicatrices que delaten cualquier operación. “Me empecé a inyectar bótox desde mediados de los años 90. Me aplico también rellenos para restaurar el área de los cachetes, alrededor de los ojos y la línea de la mandíbula”, revela el doctor Fredric Brandt, quien también reconoce que la vanidad y el deseo de verse mejor lo motivan a inocularse bótox dos veces al año.

La famosa toxina botulínica, que está redefiniendo los estándares de belleza del siglo XXI con la llamada New New Face, es la clave de la impresionante imagen de Brandt y además el origen de su fama y fortuna. No en vano, luego de ser conocido como el “rey del colágeno” en los años 80, hoy es llamado “el barón del bótox”, pues fue uno de los encargados de promover la aprobación del uso de la sustancia con fines estéticos por parte de las autoridades de Estados Unidos. En la década de 1990, fue pionero del auge que hoy experimenta esta pujante industria, cuyas ventas se han incrementado 784 por ciento en el último decenio y alcanzará ingresos por 2.900 millones de dólares en 2018. 

En este negocio redondo, el doctor Brandt brilla como el que más ampollas aplica en todo el planeta (5 mil al año), a una profusa clientela que debe esperar varios meses antes de poder ponerse en sus manos en su clínica en pleno Manhattan. Entre ellos figuran estrellas del espectáculo como Madonna, Gwyneth Paltrow y Demi Moore. Así mismo, lo prefieren miembros de la alta sociedad, profesionales ricos, diseñadores y escritores, de ambos sexos. Hay quienes viajan desde Europa occidental, Rusia y Medio Oriente para consultarlo.

“Muchos de mis pacientes aspiran a seguir siendo competitivos en sus campos de trabajo, especialmente en el de la tecnología, y no quieren verse viejos porque vivimos en una sociedad obsesionada con la juventud”. A menudo, le critican estar en la cima de una industria que vive de la insatisfacción con la propia imagen, con lo cual no está de acuerdo. “Muchos de mis clientes están contentos con lo que tienen, solo que quieren verse mejor o más jóvenes. Hay personas de 60 o 70 años, por ejemplo, que dicen sentirse de 25, pero no ven eso reflejado en el espejo. Mis inyecciones los ayudan a experimentar un mejor balance al respecto”, declaró en su diálogo con The Times

El doctor le debe su fama de “barón del bótox” a la magia de sus manos y a su creatividad. “Sencillamente él sabe dónde inyectar para lograr el mejor efecto visual, sin quitarles a sus pacientes la capacidad de reír o de gesticular”, señaló el diario londinense, aludiendo al efecto más común del abuso de la sustancia. Por eso, el costo de sus procedimientos no es barato, pues oscila entre los 800 y los 1.000 dólares (alrededor de dos millones y dos millones cuatrocientos mil pesos). Brandt recomienda dos visitas a la clínica cada año.

Tras dos décadas bajo los efectos del bótox, su apariencia no es la más normal del mundo y tampoco falta quien le pregunte si cree que se ve bien así. “La gente se sorprende cuando sabe mi edad, entonces siento que estoy en buena forma”, le respondió al Times. Y a la insinuación de que es un ser vano, replica: “Creo que todos lo somos de alguna manera y tratamos de lucir tan bien como podemos y de acuerdo con quienes somos”.


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