Suscríbase

Reciba en su correo nuestras noticias y entérese de lo último de los famosos.

Franz Ferdinand de Austria: la muerte que detonó la Primera Guerra

Franz Ferdinand de Austria: la muerte que detonó la Primera Guerra

Revista Jet-Set

Antes de ser asesinado en el crimen que cambió la historia, el heredero del Imperio austro-húngaro desafió al rígido protocolo al casarse con Sophie Chotek, quien por eso llegó a ser la consorte más humillada de Europa.
El archiduque Franz Ferdinand y su esposa, Sophie, duquesa de Hohenberg, con sus hijos Ernest, Sophie y Max en 1912. Por su condición de hijos morganáticos, los niños no tenían derechos sobre el trono. Fueron los primeros huérfanos de la Gran Guerra y luego cayeron prisioneros en los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Foto: Getty Images
Por: Edición 28721/7/2014 00:00:00

Los efectos del crimen que segó la vida del heredero del imperio austro-húngaro fueron tan colosales, que opacaron la apasionante historia de su vida privada. Pero la verdad es que el archiduque Franz Ferdinand, aunque ni guapo ni elegante como el duque de Windsor, quien renunció al trono inglés por amor, sí fue tan transgresor como él.

Se había convertido en primero en la línea de sucesión de carambola: en 1889, su primo Rudolf, hijo del emperador Franz Joseph, se suicidó, y como sobrino mayor del anciano monarca, fue nombrado su sucesor. Era crucial entonces que se casara y continuara la decadente dinastía Habsburg Lorraine, la más estricta en cuestiones de sangre, pues exigía que la flamante archiduquesa fuese una princesa o noble que proviniera de al menos 16 generaciones de aristócratas de un exclusivo grupo de familias.

Hijo del archiduque Karl Ludwig y Maria Annunziata de Nápoles, Franz Ferdinand sufría de tuberculosis y tenía un genio endemoniado, aunque una nueva corriente revalora su figura, modales, pacifismo y deseo de modernizar a la monarquía. Casi a punto de someterse a un matrimonio por conveniencia, se vio seducido por Sophie Chotek, una condesa de Bohemia y dama de honor de su parienta Isabella, duquesa de Teschen, quien ambicionaba casarlo con su hija Maria Christina.

Foto: Other Images.

Sophie era esbelta e inteligente, pero tenía un inconveniente: si bien no provenía de 16 sino de 32 generaciones de ancestros nobles, las normas de los Habsburg dictaban que no era igual a ellos por lo que una boda con el archiduque sería un oprobio.

Franz Joseph era un retrógrado recalcitrante, mas permitió el matrimonio pero en calidad de morganático, es decir, desigual, privaba a Sophie del eventual título de emperatriz y a sus hijos de los privilegios reales, incluida la sucesión al trono.

Sophie, como su esposo, es reivindicada hoy, en biografías como The Assassination of the Archduke, de Greg King y Sue Woolmans, pero en esos años sus detractores la señalaron como sedienta de poder y maquiavélica. Según la nueva obra, desde el día de la boda, el 1 de julio de 1900, sintió el azote de ser una esposa morganática. No podía aparecer con el archiduque en ninguna parte ni gozar de escolta o ser reverenciada.

Poco a poco, el emperador mejoró su situación pero aún así seguía siendo humillada, pues en el orden de precedencia de la corte imperial era casi la última. En los opulentos bailes de Viena, a los que no podía entrar del brazo de Franz Ferdinand, no le asignaban un oficial que la escoltara y mientras que las puertas de los palacios de Hofburg y Schonbrunn se abrían de par en par para que entraran los invitados de mayor rango, cuando le tocaba el turno a ella, la guardia cerraba una de las hojas para que tuviera que ingresar de lado, incómoda, si se tienen en cuenta los ampulosos vestidos de aquel tiempo.

Sophie soportó con donaire el desdén y ganó adeptos en las cortes de Londres, Berlín y Bucarest, en donde fascinó su saber estar. Los triunfos siguieron cuando el emperador la nombró duquesa de Hohenberg, superior al de princesa e hizo que ella se sentara a su lado en el baile imperial de 1914. Había dejado de ser una sombra. Incluso, se empezó a vislumbrar que fuera llamada emperatriz o al menos coronada reina de Hungría, trono que formaba parte de la Monarquía Dual.

Pero no hubo final feliz. Gavrilo Princip, un serbio enemigo del dominio austriaco en Bosnia, apagó con dos disparos la vida de la pareja en Sarajevo y estalló la Gran Guerra. Tras la tragedia, la realeza cambió para siempre: el Imperio austro-húngaro se perdió, lo mismo que el alemán, el otomano y el ruso. Y las consecuencias de este amor prohibido aún se sienten en Europa.

LO MÁS VISTO