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François Hollande un presidente ridículo e infiel

François Hollande un presidente ridículo e infiel

Revista Jet-Set

La maltrecha imagen del jefe de Estado de Francia terminó de irse al piso luego de ser pillado con las manos en la masa cuando engañaba a la primera dama, Valérie Trierweiler, con la actriz Julie Gayet.
El presidente François Hollande, de 59 años, le era infiel con Julie Gayet a su mujer, Valérie Trierweiler, hacía dos años.
Por: Edición 27611/2/2014 00:00:00
Las risitas y comentarios mordaces y soterrados son una vieja costumbre del Elíseo, pero por estos días se han disparado como no sucedía desde que se descubrió que François Mitterrand tenía una amante y una hija en la sombra, en 1994. ¿Todo un presidente de la gloriosa Francia escabulléndose en scooter como un vulgar ladrón, un sátiro, por la puerta trasera de la casa de Gobierno, oculto bajo un casco, tras sus noches de pasión con su amante? Sí, así de cómicas resultaron las maromas que el mandatario de una de las naciones más poderosas del mundo hizo desde que se posesionó en 2012, para mantener ocultos sus amores con la actriz Julie Gayet, con la complicidad de un solo guardaespaldas, quien a lo mejor no habría podido salvarle la vida en caso de un atentado en medio de esas andanzas.

Las discretas escapadas dejaron de serlo cuando la revista Closer decidió comprobar si eran ciertos los chismes sobre el affaire y dio en el blanco. El semanario, que publicó meses atrás las famosas fotos de la duquesa de Cambridge en topless, descubrió que el nido de amor del presidente estaba en un edificio a dos pasos del palacio y hasta allí lo siguió y develó su rutina clandestina. Primero, Julie, una conocida actriz de cine de 41 años, llegaba al pequeño apartamento; luego, el escolta revisaba que los alrededores y el pasillo del lugar estuviesen libres de intrusos. Al minuto, el jefe de Estado llegaba en la moto, conducida por otro guardia, y permanecía con su amante hasta la mañana siguiente, cuando el escolta volvía con una bolsa de croissants para el desayuno, un detalle que junto al de la moto ha sido el hazmerreír en Francia.

Lo que para muchos era cómico, significaba una tragedia para Valérie Trierweiler, la compañera sentimental de Hollande, quien ya empezaba a corregir su imagen, luego de ser una de las personas más odiadas del país galo. Como lo dijo después a Paris Match, ya había oído los rumores del romance del presidente con Gayet, pero los ignoró. “Cuando me enteré (a través de Closer) fue como caerme de un rascacielos”, le confesó a la revista. En efecto, la periodista, a quien se le hizo complicado encontrar un lugar en palacio, dado que no estaba casada con el presidente, sufrió una crisis nerviosa al saber que Hollande le había puesto los cuernos por dos años. Fue internada de urgencia en la famosa clínica Pitié-Salpêtrière por varios días y luego siguió guardando reposo en La Lanterne, residencia oficial en Versalles.

El lío tuvo un final abrupto cuando Hollande, a través de un comunicado a la agencia AFP, anunció el rompimiento de su relación con Valérie, después de siete años juntos. Según el Journal du Dimanche, superado el shock nervioso, ella tuvo un desayuno con el gobernante en el cual pactaron los términos de su separación. En principio, la ex primera dama seguirá viviendo en el apartamento que compartían antes de que él fuera elegido presidente. Hollande pagará el arrendamiento, así como la educación de los tres hijos que ella tuvo con su segundo esposo, Denis Trierweiler, cuyo apellido conservó. Hollande, además, se ocupó de garantizar que ella retome y conserve el puesto de periodista de Paris Match que dejó cuando se convirtió en primera dama por conflicto de intereses.

Como ya lo había reportado Le Monde, la pareja estaba muy distanciada antes del escándalo, lo cual Valérie confirmó en un diálogo con la prensa en Mumbai, a donde viajó luego de la separación, en el marco de la labor humanitaria que piensa continuar así ya no esté en palacio. “El mundo no se detiene porque ya no sea primera dama”, explicó, y agregó: “parece extraño pero no estoy atravesando por una crisis. Esta no es la primera ruptura de mi vida pero ha sido violenta por su carácter mediático”. Eso sí, reconoció ser víctima del poder: “si François Hollande no se hubiera convertido en jefe de Estado, él y yo seguiríamos juntos. No estamos en guerra y nos seguimos llamando”, concluyó.

El presidente, por su parte, no ha confirmado ni desmentido su relación con Gayet, quien denunció a Closer, lo mismo que al parecer contemplaba hacer Hollande al cierre de esta edición, cuya favorabilidad cayó al 19 por ciento, lo que lo hace el presidente más impopular en la historia de Francia. Fuentes cercanas al Elíseo creen que él no se casará con Julie Gayet ni la llevará a vivir a la sede presidencial, porque cree que su país no necesita una primera dama.

Los franceses, por su parte, vivieron un respiro con esta tragicomedia en medio de la depresión colectiva que sufren. La opinión pública, además, ha tenido que reconocer que algo ha cambiado en este país donde antes dominaba el código de silencio acerca de las travesuras amorosas de los presidentes. Ahora, al estilo de los tabloides ingleses, revistas amarillistas como Closer se les meten en las sábanas y les quitan lectores a colegas reservados e intelectuales como L’Express, que nunca dijo nada de lo que se ha llamado el “Juliegate”, pese a tener todas las pruebas.
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