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El misterioso secuestro de Frank Sinatra Jr.

El misterioso secuestro de Frank Sinatra Jr.

REVISTA JET-SET

El hijo del cantante Frank Sinatra, fallecido hace pocas semanas, fue el protagonista de uno de los poquísimos secuestros que se registran en la historia de Estados Unidos.
Frank Sinatra Jr. murió a los 72 años de un paro cardíaco, cuando se encontraba en plena gira de conciertos en Florida. Tuvo un timbre de voz similar al de su padre y una larga carrera como cantante y actor, pero nunca conquistó el estrellato.
Por: 7/4/2016 00:00:00

Frank Jr. heredó un timbre de barítono muy similar al de su padre, así como sus dotes para la actuación, pero careció de ese carisma que caracterizó a La Voz y jamás pudo siquiera rozar su fama colosal, como él mismo lo reconoció.

Ahora que acaba de morir, a causa de un paro cardíaco, a los 72 años, los cronistas del espectáculo subrayan que la celebridad que no le dio su arte se la dará su secuestro cuando joven, uno de los más sonados y extravagantes de Estados Unidos.

En 1963, Frank Jr. contaba 19 años y lanzaba su propia carrera musical. La expectativa era enorme, pues se trataba nada menos que del hijo del cantante más famoso del planeta. Sin embargo, pronto la historia dio un giro dramático. El 8 de diciembre él se hospedaba en la habitación 417 del Harrah’s Hotel de Lake Tahoe, Nevada, cuando llamaron a su puerta. Al abrir, tres hombres armados lo intimidaron, lo amarraron y amordazaron e hicieron lo mismo con un amigo que lo visitaba.

Sinatra fue puesto en el baúl de un Chevrolet Impala por sus secuestradores, quienes lo condujeron al sur de California, mientras que a su amigo lo dejaron en el cuarto, donde pudo soltarse y avisar a la policía, la cual interceptó el Impala minutos más tarde. Pero los captores lograron escapar rumbo a una casa en el Canoga Park, en inmediaciones de Los Ángeles, donde el hijo de Sinatra fue retenido y atado a una silla.

Cuando el cantante fue informado de lo sucedido, voló en avión privado a Reno, Nevada, y desde una suite del hotel Mapes, se puso al frente de la situación. Como lo recuerda David C. Henley, un destacado periodista y dueño de diarios de Nevada de esos días, aquel era un momento lúgubre para el cantante, pues tres semanas antes Lee Harvey Oswald había asesinado a su gran amigo el presidente John F. Kennedy.

Pronto Frank Sr. recibió la llamada del líder de los secuestradores, Barry Keenan, de 23 años, ex compañero de colegio de su hija Nancy y quien le pedía 240 mil dólares por la liberación de su heredero. El cantante, proseguían las exigencias, debía ir a una estación de Chevron en Carson City y esperar en una cabina telefónica otra llamada para recibir más instrucciones.

Sinatra obedeció y volvió a ser contactado por Keenan, a quien le dijo: “Te doy un millón de dólares por la liberación de mi hijo”. Si hoy esa suma es una fortuna, en aquel entonces mucho más, pero, curiosamente, Keenan insistió: “No necesitamos un millón de dólares, pedimos 240 mil dólares”. Y lo comunicó con Frank Jr., quien alcanzó a decir: “Estoy bien, papá”.

Por último, el secuestrador le ordenó a Frank poner la plata en un portafolio y dejarlo al día siguiente en una estación de Texaco en Sepulveda, un vecindario cerca de donde permanecía cautivo su hijo. Un agente del FBI fue el encargado de esta misión y minutos más tarde Keenan y uno de sus secuaces, Joe Amsler, recogieron el dinero.

Mientras tanto, el tercer cómplice, John Irwin se arrepintió del secuestro y liberó a Frank Jr. en las colinas al norte de Los Ángeles. Allí, el joven recibió la ayuda del oficial George C. Jones, de una patrulla de vigilancia privada, quien lo condujo a casa de su madre, Nancy Barbato, en esa misma ciudad. Simultáneamente, Keenan y Amsler eran arrestados por el FBI, en posesión de casi toda la plata, en la vivienda donde tuvieron a su víctima.

El secuestro llenó las primeras planas de todos los periódicos. Robert Kennedy, hermano del mandatario asesinado y fiscal general de Estados Unidos le ofreció a Sinatra toda su ayuda; lo mismo que el célebre director del FBI, J. Edgar Hoover; y hasta el jefe de la mafia Sam Giancana, a quien el cantante, fallecido en 1998, le pidió que se mantuviera al margen.

El juicio a los raptores, en 1964, causó tanta sensación como el secuestro. Se rumoró que todo había sido orquestado por Sinatra para asegurarle un golpe de publicidad a la naciente carrera de su hijo y, en el tribunal, Keenan lo corroboró. Pero nadie le creyó, pues ya él y sus secuaces habían declarado que también consideraron capturar a los hijos de Bob Hope y Bing Crosby, otros dos dioses tutelares del espectáculo de la época.

Keenan fue sentenciado a cadena perpetua mas otros 75 años de prisión, pero salió bajo palabra en 1968, gracias a que sus abogados lograron que lo declararan enfermo mental. Luego se convirtió en un próspero agente de finca raíz y trató de ganar una millonada al venderle a un estudio de Hollywood la historia del rapto para una película. Pero no lo logró porque Frank Jr. interpuso una acción judicial. Los otros delincuentes recibieron penas más leves.

Otra de las razones que Keenan alegó para su delito fue que quería acercar al joven cantante con su padre y ello no sonaba nada infundado. Frank, el segundo de los tres hijos que Sinatra tuvo con Nancy, no disfrutó casi nunca de su compañía ya que él se la pasaba en giras o rodando películas. El secuestro no mejoró la difícil relación entre los dos, pues Frank Jr. era controlado por su progenitor con tal severidad que le prohibió reconocer a tres de los cuatro hijos que tuvo con sus amantes. Por eso él fue el primer sorprendido cuando, en 1988, lo convirtió en su director musical. Aun así, no se ahorraba insultos y gritos para ese retoño que hasta en la muerte permanece bajo su sombra.

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