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Los Stones, de Rolling por Bogotá

Los Stones, de Rolling por Bogotá

REVISTA JET-SET

Finalmente, después de horas de tensión por la lluvia, el granizo y los truenos, los dinosaurios del rock se presentaron en Bogotá ante 45 mil fanáticos que cantaron a voz en cuello sus míticas canciones. Pero el concierto estuvo a punto de ser suspendido debido al peligro de las descargas eléctricas tan cerca de los equipos de sonido. Así se vivió esa tarde de tempestad.
Mick Jagger podrá tener 72 años pero lo que hace en el escenario es propio de un joven de 30. Aunque muchos asocian sus presentaciones con sexo, drogas y rock and roll, la verdad es que el cantante tiene una estricta rutina de ejercicios donde combina el yoga, el ballet, el jogging y el kick boxing. Se calcula que en una noche de concierto puede llegar a recorrer 20 kilómetros.
Por: 23/3/2016 00:00:00

En Bogotá no llovía como ese 10 de marzo desde hacía mucho tiempo. Para algunos fanáticos místicos fueron los mismísimos Rolling Stones los que trajeron la lluvia a la ciudad azotada, como el resto del país, por el fenómeno de El Niño desde hace más de ocho meses. Pero ese día cayeron truenos y centellas como casi nunca, como un presagio. Tanto así que, a pocas horas de iniciarse el concierto, se cerraron las compuertas que conducen a la gramilla donde estaban ubicados los equipos de sonido porque, como es sabido, atraen la corriente de los rayos y puede ser fatal.

Mientras tanto, llegaban por decenas los aficionados envueltos en plásticos transparentes y se agolpaban bajo los angostos techos de las afueras del Nemesio. La orden era contundente: prohibido ingresar hasta que amainara la lluvia.

Dentro del estadio la situación no era diferente. Los Stones habían citado a Juanes y al coro de la Javeriana a un ensayo previo a su presentación. Pero como no fue posible en el escenario, usaron una de las salas de El Campín, que a esas alturas estaba medio inundado y sin luz. “Fue algo muy íntimo”, cuenta Ana Paulina Álvarez, directora del grupo de 26 universitarios escogidos seis meses atrás para cantar You Can`t Always Get What You Want, una linda sorpresa de la banda para los colombianos. Ella, caleña y profunda en música culta, no había oído de Mick, ni de Keith, ni de Ron antes de la propuesta de preparar a su grupo para presentarse con ellos, pero cuando los vio en el ensayo entendió porqué llevan más de 50 años sumando adeptos de diferentes generaciones. “Son impresionantes –dijo–. Solo un músico entiende el tiempo, la experiencia y el trabajo que se necesitan para llegar al ‘ensamble’ que los Rolling Stones tienen como grupo”.

Como muchos de los colombianos que tuvieron contacto con la banda en este viaje, los coristas firmaron un acuerdo de confidencialidad en donde prometían no contarle ni a sus madres que harían esta presentación, que no les pedirían autógrafos, ni mucho menos les tomarían foto alguna cuando se encontraran con ellos. Así que de ese ensayo con los Stones les quedó solo el recuerdo... y un video que Mick Jagger les hizo con su teléfono, pero nunca se los envió. Otra cosa fue lo que sucedió en el escenario donde hicieron una presentación magistral que ya circula por todas las redes sociales.

Mientras los rockeros seguían llegando al estadio, y más de 700 rayos partían en dos y hasta en tres el cielo bogotano, Alfredo Villavecves y los representantes de Ocesa, organizadores del concierto, se comían las uñas decidiendo qué hacer. La lluvia no fue problema para el grupo de septuagenarios ingleses, quienes el pasado 25 de febrero lograron un concierto apoteósico en Sao Paulo a pesar de un torrencial aguacero. Pero en Bogotá los rayos representaban un peligro ese día.

Por fortuna la tormenta cedió. Y aunque un poco más tarde de lo previsto se inició el esperado espectáculo: primero emergió de la oscuridad la guitarra de Richards con Jumping Jack Flash y entonces estalló la emoción de los 45 mil espectadores, venidos de todas partes del país, con sus camisetas negras y la lengua estampada en el pecho. Más de la mitad superaban los 60 años, algunos incluso llegaban a los 70.

Luego vino el saludo de Jagger: “Hola Colombia, hola rolos, hola Bogotá”, dijo, a pesar de que el español no es su fuerte. “Nosotros siempre hemos apoyado la economía colombiana –contó a su público más tarde–. Ronnie toma ocho tazas diarias de café colombiano”. El cantante es un mago en el escenario, no solo por el montaje, sus canciones y el show, también contrató a una colombiana que vive en Los Ángeles para que le enseñara frases muy típicas de nuestro país. Lo mismo había hecho en Buenos Aires, donde dijo que “Charlie [Watts] comió choripán con chimichurri”; en Chile contó que visitó la casa de Neruda; y en Perú saludó a los fanáticos con un “Hola mis causitas”. En México, una semana después de presentarse en Colombia, bromeó con el Chapo Guzmán y comentó: “Sean Penn fue a entrevistarme al hotel pero me escapé”.

Aparte de sus apuntes colombianos, Jagger se tenía guardada otra gran sorpresa para Bogotá: Juanes. Lo contactaron con un mes de anticipación con la idea de que acompañara a la banda con Angie, la balada escrita por Keith Richards que Mick Jagger interpreta con su desgarradora voz. Pero el cantante colombiano sugirió Beast of Burden, y aunque los Rolling no la tenían en su repertorio del Olé Tour, la montaron para él.

No volvió a llover en toda la noche. Los dinosaurios del rock cantaron y bailaron durante más de dos horas y el público colombiano salió complacido y emocionado de haber podido disfrutar de este emocionante espectáculo, que pocos creían posible en Colombia.

Y como si no hubiera sido suficiente para Jagger, esa noche tenía planeada otra fiesta en el J.W. Marriot donde estaba alojado. La organizó a larga distancia a través de José María Reyes Santo Domingo, sobrino de su único amigo colombiano, el fallecido Julio Mario Santo Domingo Braga. Reyes se contactó con sus amigos Maurizio Mancini y Gerónimo Basile e invitaron a 13 amigas más. De ahí salió a las 2 de la mañana de la mano de Karen Carreño…

Esa noche los demás Rolling Stones se fueron temprano a dormir.

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