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Los perros de la reina Isabel viven como reyes

Los perros de la reina Isabel viven como reyes

REVISTA JET-SET

Los corgis, la raza canina preferida por la monarca británica, comen delicias gourmet en bandejas de plata, son servidos por mayordomos de librea y tienen permiso para transitar y cometer travesuras en todos sus palacios.
“Los corgis son mi familia”, dice Isabel, quien valora mucho el afecto que recibe de ellos, pues no está mediado por el estatus social. En la foto, con una de sus mascotas en Sandringham en 1970.
Por: Revista Jet-set23/3/2016 00:00:00

“Los corgis comen mejor que algunos miembros de la familia real”, es una broma que se oye a menudo entre los sirvientes de la reina y no les falta razón. Son los perros más distinguidos y consentidos de Gran Bretaña, cuya dueña se encarga de planear un menú especial para cada uno con base en diversas y refinadas fuentes de proteína según su edad, salud y gustos.

Al momento de cada comida, todas preparadas por chefs, se sigue un estricto protocolo. Los perros son servidos en platos de plata y porcelana por mayordomos de librea, uno por cabeza, en orden de mayoría de edad, ante la mirada atenta de la monarca, quien supervisa el ritual si sus funciones de jefa del Estado británico se lo permiten. Mientras los más viejos reciben sus raciones los menores esperan con paciencia, pues saben cuál es su posición. Las delicias van a menudo mezcladas con remedios homeopáticos y herbales en los cuales Isabel tiene mucha fe.

Estos y otros detalles se los reveló hace poco a la revista Town & Country el psicólogo y terapista conductual de animales Roger Mugford, quien entrena a los canes de su majestad. Contó, además, que los empleados de la reina se cuidan de no criticarlos, a pesar de que los odian por su ladrido chillón constante, porque son bravucones y no tienen mucho adiestramiento en cuanto a su comportamiento dentro de los palacios. Así, los sirvientes andan siempre con papel absorbente y agua de soda a la mano para atender ‘accidentes’ causados por sus necesidades.

Mugford reveló que los animales son trotamundos como su dueña, quien siempre los lleva en sus desplazamientos entre el palacio de Buckingham, el castillo de Windsor o sus casas en el centro de Londres, Escocia o Norfolk, donde tienen acceso ilimitado. El amor de la reina es tan abnegado que, cada vez que se prueba un vestido con sus modistas, recorre el piso con un imán especial para recoger los alfileres que hayan podido caer y así evitar que se lastimen.

A la hora de dormir los corgis también gozan de privilegios, pues no lo hacen en una perrera sino en estancias contiguas a las de la familia real, en canastas de mimbre. Al morir son enterrados en el cementerio de perros de Sandringham, creado por la reina Victoria, tatarabuela de Isabel, también gran amante de los perros.

La historia de los corgis y su majestad comenzó en la infancia, cuando ella no sabía que subiría al trono de Inglaterra. Un día llegaron a su casa Dookie y Jane, dos corgis galeses de Pembroke, con los que ella y su hermana, la princesa Margaret, se encariñaron de inmediato. Si bien ya tenían ejemplares de otras razas, estos canes (originalmente destinados a pastorear ovejas) las cautivaron porque son afectuosos, inteligentes, aprenden rápido y muestran un gran deseo por complacer a sus amos.

Cuando cumplió 18 años Isabel recibió de su padre, el rey George VI, a Susan, una corgi con la que inició uno de los criaderos de perros más reputados de Gran Bretaña, en el castillo de Windsor, y una verdadera dinastía de 14 generaciones de la que descienden todos sus ejemplares. Isabel es hoy la única criadora de corgis del país que tiene vástagos de la perra inicial de su ‘semillero’. De igual modo, así como es una caballista de talla mundial, es una avezada entrenadora.

“Los corgis son mi familia”, ha dicho la reina, quien es identificada con ellos como ningún otro líder mundial lo es con un animal. No obstante, según lo destacó Michael Joseph Gross en un artículo para Vanity Fair, los perros son más que un símbolo. “En una vida regida por el protocolo, ellos le facilitan romper el hielo con los extraños. Su posición como monarca la obliga a cierto aislamiento, de modo que obtiene de sus mascotas cantidades ilimitadas de amor y afecto físico, solo porque es ella y no la reina de Inglaterra”, explicó el cronista. El entrenador Mugford por su parte cree que “los perros son grandes niveladores, ya que no están influenciados por el estatus social, lo que debe ser un gran alivio para la reina. Cuando habla de sus perros y sus caballos, uno aprecia un lado diferente de ella, se relaja”.

Isabel II llegó a tener unos 30 descendientes de Susan. Nunca ha vendido los animales de su perrera, pero sí regalado muchos, pero eso cesó porque hace poco decidió no seguir produciendo corgis, dado que no quiere dejar ejemplares jóvenes cuando sabe que su fin está cerca y nadie de su familia tiene interés en seguir la tradición. Su hijo Carlos, en efecto, prefiere los labradores, mientras que su nieto William confiesa que no soporta el ruido que hacen los corgis, aunque reconoce el efecto calmante que ejercen sobre su abuela los paseos con sus peludos amigos.

A la reina ya solo le queda un corgi, Willow, además de cinco cocker spaniels y dos dorgis, Candy y Vulcan, un cruce que resultó de los romances de los corgis con Pipkin, un dachshund de la fallecida princesa Margaret. Holly, el otro corgi de la Reina, murió el pasado 9 de octubre y fue quien la acompañó en el famoso video de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde Isabell II se encuentra con James Bond y juntos se embarcan en un helicóptero hacia el estadio donde se llevaba a cabo el evento.

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