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Jorge Enrique Abello y Marisabel Gutiérrez se casan

Jorge Enrique Abello y Marisabel Gutiérrez se casan

REVISTA JET-SET

Después de tres años de un noviazgo como de telenovela, el actor Jorge Enrique Abello le propuso matrimonio a su novia, la arquitecta barranquillera Marisabel Gutiérrez. El romántico video con la pedida de mano fue tendencia en las redes sociales. Ellos le contaron a Jet-set su historia de amor.
A Jorge Enrique y Marisabel les encanta cocinar juntos, especialmente los desayunos los fines de semana, mientras escuchan Led Zeppelin o Carlos Vives. Él tiene el secreto para preparar los mejores huevos fritos y ella el jugo de frutas con verduras.
Por: 5/11/2015 00:00:00
De rodillas, el actor Jorge Enrique Abello le propuso matrimonio a su novia, la arquitecta barranquillera Marisabel Gutiérrez Celia, en la Capilla del Gimnasio Moderno, donde él estudió. “Quería hacerlo en una iglesia porque ya me casé por lo católico y ese era un sueño para Bel. Desafortunadamente no se lo puedo cumplir, pero sí le puedo jurar frente a Dios, mi amor”, cuenta entusiasmado, mientras ella lo mira con una dulce sonrisa. 
El actor planeó durante meses el momento con la complicidad de su hija, Candelaria, de 13 años, fruto de su primer matrimonio, y de sus amigos Saul Sasson y Tara Troconis. Le pidió al trompetista Batanga que le hiciera el arreglo de la canción Volví a nacer de Carlos Vives, una de las favoritas de su novia, y pasó diez días con el anillo entre el bolsillo esperando la ocasión perfecta para entregárselo. Cuando ya tenía todos los preparativos listos, invitó a Marisabel a un supuesto concierto de Ópera al Parque que iban a hacer en la capilla. 
“Cuando llegamos vi el lugar muy solo y me pareció raro pero oí a unos músicos ensayando al fondo y pensé que quizá la gente aún no había llegado. Me tomó por sorpresa, lo organizó muy bien”, cuenta Marisabel. 
El video que subieron a Instagram con imágenes del emotivo momento se volvió tendencia en las redes sociales, cuyos seguidores aplaudieron el romanticismo del actor, en una época en que no es usual ver a un hombre arrodillado pidiéndole la mano a su novia, ni siquiera en las telenovelas. 
La pareja se conoció hace tres años en la librería La Madriguera del Conejo, de la que él era socio. En ese momento él llevaba siete años separado de su exesposa, Marcela Salazar. Había tenido varias amigas pero ninguna que lo animara a casarse nuevamente. “Yo mamé mucho gallo, pero aprendí de mi gran amigo Frank Ramírez una frase maravillosa: ‘Lo hermoso es el principio de lo espantoso’, por eso es muy importante conocerse bien antes de empezar una relación. Cuando eres un padre separado no todo el mundo lo acepta o es apto. Uno tiene que ser muy cauto e inteligente porque hay muchas susceptibilidades de por medio y responsabilidades. Sin embargo, Bel conquistó el corazón de todos nosotros”. Se lleva muy bien con Candelaria, a veces le ayuda a hacer las tareas que le ponen en el Colegio Helvetia, donde está en octavo grado. 
Marisabel tiene feeling con los niños, se desvive por sus sobrinos, y quiere ser mamá en dos o tres años, después de gozar de su relación de pareja. Él está abierto a la posibilidad de tener más hijos. ¿Cuántos? “Los que Candelaria y Bel me pidan”. Es un papá amoroso y entregado a su hija. 
Este par de novios podrían ser los nuevos protagonistas de La costeña y el chacaco, novela que Jorge Enrique estelarizó en 2003. Marisabel es barranquillera, estudió bachillerato en el Colegio Marymount y dejó su tierra natal para venirse a Bogotá a estudiar arquitectura en la Javeriana. En esa época le propusieron ser Señorita Atlántico, pero ella rechazó la oferta por darle prioridad a su universidad. Hoy trabaja en Citibank y es modelo de Grupo 4.
Jorge Enrique casi dobla en edad a su bella novia, pero al ver lo bien que compaginan esa diferencia se olvida. “Lo que pasa es que Jorge es como un niño”, dice Marisabel. El apartamento de él, en el que vivirán después de casarse, está lleno de juguetes de El mago de Oz, Tintin, Terminator y Star Wars. En medio de la entrevista saca una réplica de la espada de luz de Obi-Wan Kenobi que muestra como uno de sus bienes más preciados. Además, por todas partes hay libros, vinilos, especialmente de jazz, y DVD. Uno de los planes preferidos de la pareja es sentarse tardes enteras a ver películas. 
Marisabel no es muy novelera, pero la primera vez que vio a su novio fue por televisión como el famoso don Armando en Yo soy Betty, la fea, la telenovela con más rating en Colombia. Este rol disparó su popularidad, tanto que muchos en la calle todavía lo llaman por el nombre de su personaje. Fue tan exitoso que corrió el riesgo de que lo encasillaran, sin embargo él supo opacarlo con otras actuaciones. “Yo tenía muy claro que si no me destetaba rápido no iba a poder hacer más papeles. Para ser honesto, de don Armando ya ni me acuerdo, tengo el recuerdo de la gente que trabajó ahí, que es como mi familia”.
Aunque muchos se refieren a él como uno de los galanes más cotizados de la televisión, asegura que no lo es: “Si se fijan bien, don Armando era un hijuemadre. En Los tacones de Eva interpretaba a un mujeriego y a la vez una mujer. En A corazón abierto, de un cínico y un tipo malo; en ¿Dónde está Elisa?, era un policía con problemas de abandono; y en La costeña y el cachaco era un neurótico”, dice. Se ve más como el antihéroe que usa como materia prima sus emociones. Por su cabeza hoy rondan mil proyectos: se asoció con el comediante Andrés López y escribieron una obra de teatro que van a producir con Idéalo Pez; también hicieron un par de series web, una de zombis y otra de conocimiento de cultura, que están en proceso de venta. Con su representante, Andrés Felipe Silva, tiene varios proyectos en el exterior de los que prefiere no hablar. Y ahora que su contrato de exclusividad con el Canal RCN terminó, los televidentes de Caracol lo verán pronto en el papel de un recio coronel del grupo SWAT en la novela El signo que lleva el amor. 
Los futuros esposos no tienen claro cómo será su matrimonio ni la fecha, lo único que saben es que no será en Bogotá. Quieren algo íntimo, fiel a como ha sido su relación.

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