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Fernando Botero el libro de su pasión por los toros

Fernando Botero el libro de su pasión por los toros

Revista Jet-set

El maestro colombiano presentó Bullfight: Paintings and Works on Paper, una recopilación de sus 140 óleos y 35 dibujos que recrean la controversial fiesta brava. Con la publicación, Botero reitera su eterna conexión con la tauromaquia desde que fue novillero en la adolescencia y la estrecha amistad con muchos matadores.
“¿Por qué pinta toros?”, le preguntaron a Fernando Botero en Nueva York. Y él respondió: “Por el profundo amor que les tengo. Mi primer cuadro fue una acuarela con el tema de la tauromaquia”. Su obra con esta temática es tan prolífica, colorida y pintoresca como su serie de cuadros relacionados con el mundo del circo. Foto: EFE
Por: Edición 29322/10/2014 00:00:00
Para toreros como Gitanillo de América y César Rincón, el pintor Fernando Botero se había demorado en manifestar su rechazo a la prohibición de las corridas en ciudades como Bogotá, Cataluña y Panamá, entre otras. Finalmente, el maestro antioqueño dio un nuevo respaldo a la fiesta brava y de qué manera. Lo hizo con la publicación del libro Bullfight: Paintings and Works on Paper, aún sin título en español, que recoge 140 óleos y 35 dibujos que ha pintado como parte de su eterna pasión por la tauromaquia. “Con esta publicación, solo puedo demostrar mi amor puro hacia los toros”, dijo en Nueva York, donde se hizo el lanzamiento mundial.

El volumen, en últimas, es una colorida retrospectiva de 60 años de trabajo pictórico con un componente obsesivo por la tauromaquia, considerada por la crítica como el tema que más le apasiona al artista colombiano, después del circo y la violencia en el país. Y es que antes de ser pintor fue torero, cuando apenas tenía 14 años y la existencia lo enfrentaba entre la pintura de figuras voluminosas y las corridas. Como si fuera poco, la primera obra que pintó, y luego se la vendió a un sastre de Medellín, fue una acuarela pintoresca que recreaba el mundo de los matadores.

Pero en ese entonces la suerte no lo acompañó, tal como lo recordó durante su encuentro con los editores de Glitterati que se encargaron de la publicación: “La vendí en dos pesos. Fue mi primer ingreso. Cuando corrí con el dinero a casa para enseñárselo a mi hermano, lo perdí en el camino”. Sesenta años después, algunos de sus cuadros, como el que tituló La escena familiar, han sido subastados por Christie´s hasta por 1,7 millones de dólares, una cifra equivalente a los 3.400 millones de pesos.

Fernando Botero empezó a pintar toros de manera tímida y silenciosa. Finalmente, la crítica y los coleccionistas le dieron el valor artístico y comercial, el equivalente a los hombres de los trajes de luces que siempre salen por la puerta grande: “Llegué al arte a través de la tauromaquia. No tenía un estilo propio. Hacía copias de lo que pintaba el mexicano Ruano Llopis. Luego encontré mi camino y me cambié al paisaje”, aseguró en la Gran Manzana.

En una reciente conversación con representantes del mercado editorial alguien le preguntó por qué cambió la capa y las banderillas por los lienzos y pinceles. Su respuesta fue contundente: “Me faltó coraje”.

Con la clara decisión de que es mejor ver los toros desde la barrera o pintarlos, Botero se convirtió en un personaje respetado en el mundo taurino. Casi nunca se pierde las corridas de Colombia, donde ha bebido manzanilla con políticos, toreros, ganaderos y periodistas. A principios de este año, por ejemplo, el matador Sebastián Castella le ofreció en Medellín una oreja de uno de los toros de la ganadería de Santiago Uribe Vélez, que forma parte de las más encumbradas del país. Igualmente, en 2010, su amigo Enrique Ponce le regaló de cumpleaños el traje de luces que llevaba cuando cortó dos rabos en la Plaza de México. El anecdotario del maestro Botero cerca de los ruedos podría seguir, pues es tan amplio como el número de óleos y carboncillos que ha pintado acerca de este tema.

La serie de cuadros boterianos que elogian con veneración y empeño a la fiesta brava, no solo se limitan a lo que sucede en la arena sino al colorido mundo que la rodea, incluyendo las majas con abanicos y mantillas, los picadores en sus caballos, la emoción de las tribunas y la iconografía católica que le ha dado nombres a plazas como La Macarena, de la capital antioqueña. “Las corridas me han fascinado toda la vida. Primero, porque tienen todos los elementos para realizar una pintura llamativa como el color, las formas, la composición y el espacio. Pero además, por las implicaciones del drama que encarna la lucha entre el hombre y el toro”.

El libro Bullfight: Paintings and Works on Paper, profusamente ilustrado y que hasta el momento se consigue en librerías virtuales, está acompañado de un texto del presidente Juan Manuel Santos, quien en lenguaje taurino pidió un “olé” por el artista. Así mismo, contiene la entrevista que le concedió Botero al periodista Curtis Bill Pepper, y que con el tiempo se convirtió en un elemento valioso para entender la estrecha relación del pintor colombiano con la tauromaquia. “El toreo es algo cruel, pero no perecerá porque es una tradición que data del siglo XV. Es parte de la cultura en países como España. Es un arte”, dijo a manera de parte de tranquilidad para los taurinos. Así como él, artistas de la talla de Picasso y Dalí incluyeron toros en sus obras.

Fernando Botero tiene 82 años y hasta el momento no ha pensado en colgar los pinceles. Su pasión por el arte es tan fuerte como la de los matadores por los animales de lidia.
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