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Felipe Samper y Manuela Sánchez se casaran en Villa de Leyva

Felipe Samper y Manuela Sánchez se casaran en Villa de Leyva

REVISTA JET-SET

El hijo menor del expresidente Ernesto Samper y Jacquin Strouss se casa el 8 de julio con su novia desde hace tres años, Manuela Sánchez, una bogotana especialista en tecnología. La celebración, con 300 invitados, será en Villa de Leyva, donde la familia de ella tiene una casa de recreo.
Manuela Sánchez y Felipe Samper ya tienen dos hijos: Crutón, un cachorro Golden Retriever que compraron hace un mes en un criadero en Bogotá; y Tartufo, un gato.
Por: Revista Jet-set.30/5/2017 14:20:00

El matrimonio será el 8 de julio a la 1.30 de la tarde en la iglesia Nuestra Señora del Rosario, ubicada en la Plaza de Villa de Leyva, y lo oficiará monseñor Guillermo Melguizo, quien fue el capellán de Palacio durante la presidencia de Samper. La celebración, con 300 invitados, tendrá lugar en la Hacienda Puente Piedra, que es de los padres de la novia. No revelan muchos detalles de la boda para no dañarles la sorpresa a los invitados, pero dicen que quieren algo campestre y sencillo. Para los preparativos han contado con la ayuda de sus mamás, Jacquin Strouss y Patricia Villamarin.

Después de la propuesta de matrimonio se fueron a vivir juntos a un apartamento en Rosales, en Bogotá, donde se divierten atendiendo a sus amigos. Foto: Karen Salamanca/17. Producción: Carolina Álvarez Tavera.

Felipe, el hijo menor del expresidente Samper, dirige una empresa de telecomunicaciones desde hace nueve años. “Lo mío nunca fue la política, mi hermano Miguel es el que está metido hasta el cuello en este tema, él es el masoquista. A mí me gustan los negocios”. Desde pequeño se la rebuscaba para conseguir dinero: vendía sánduches en el Gimnasio Moderno y buñuelos y gaseosas en Palacio cuando su papá era presidente.

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“Yo llegaba a la sala de crisis a ofrecer natilla y con lo que me ganaba compraba los regalos de Navidad para la familia. Mi papá tenía una regla y es que así él estuviera con el personaje más importante, nosotros teníamos vía libre para entrar a cualquier sitio y siempre nos pasaba al teléfono. Yo llegaba en camiseta al salón donde él estaba con el embajador de China a coger gomitas y chocolates”, recuerda Felipe. El expresidente es adicto al dulce y tiene caletas por toda la casa, un gusto que comparte con su nuera Manuela, quien cocina unos brownies deliciosos.

Sin sonreír, Felipe cuenta que su apartamento parece un zoológico: tienen un gato que se llama Tartufo; un cachorro Golden Retriever que compraron en un criadero hace un mes al que bautizaron Crutón. Y un elefante, en escultura, que colgaron en el baño social, haciéndole honor al animal que identifica a la familia. “Mi papá todavía no lo ha visto, quién sabe qué va a decir. El que hace más bullying con eso es mi primo Daniel Samper Ospina”.

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Felipe dice que el buen sentido del humor de su familia viene de su abuela Helena Pizano: “Ella fue la que le enseñó a mamar gallo a mi papá y a mi tío. Yo no lo heredé, soy un tipo muy serio”, dice, entre risas. Como todos los Samper, se burla de sí mismo, sin problema. “Es muy chistoso, y esa es una de las cosas que más me gustan de él”, dice su novia.

Manuela, de 28 años, modeló desde pequeña, y fue virreina de Miss Mundo 2014.

La pedida de mano, en diciembre del año pasado, fue muy divertida: Felipe le dijo a Manuela que le iba a celebrar el cumpleaños en Perú y que empacara ropa de clima frío y películas porque iban a acampar en una montaña. Cuando llegaron al aeropuerto, le mandó a que diera una vuelta mientras hacía el check in y luego en migración le pidió que se pusiera audífonos porque le tenía una sorpresa. Ella se subió al avión y tres minutos antes de despegar, le dijo que iban para Los Ángeles. Manuela empezó a buscar en internet restaurantes o planes para hacer, sin sospechar que su destino final era Alaska, a menos 28 grados centígrados.

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“Recuerdo que en el avión había una señora que dijo que iba para Australia y yo le comenté a Felipe qué pereza tener que coger otro avión ahora, menos mal nosotros vamos para el hotel”. Al pasar de nuevo migración, él le pidió que se volviera a poner los audífonos. Le mostró el papel con la información de donde iban a un funcionario que exclamó: “Are you going to Alaska”. “Manuela se quitó los audífonos y me dijo: “tú estás loco, cómo así que Alaska, hoy es miércoles y yo tengo que ir trabajar el lunes”.

En ese momento, ella empezó a sospechar que no la habían llevado hasta el “fin del mundo” solo para celebrar su cumpleaños. “Lo pensé pero nosotros nunca habíamos hablado de matrimonio, yo era de las que no se quería casar”. Finalmente llegaron al hotel y la conserje, con quien Felipe llevaba tres meses planeándolo todo por email, lo miraba con cara de complicidad. “Cada que pasaba por la recepción me señalaba el anillo”.

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Al día siguiente llegó alguien a preguntarle si estaba preparada para dar un paseo en helicóptero. “Me puse muy nerviosa, empecé a temblar y dije: obvio, aquí fue, ya me imaginaba la escena’”. Pero se bajó de la aeronave sin el anillo.

Al otro día, él la invitó a comer a un restaurante que queda en la cima de una montaña, al que se sube en teleférico, pidió una botella de vino, se tomó dos copas fondo blanco y le entregó el anillo, antes de que llegara la comida. “Estaba muy ansioso, llevaba una semana sin dormir y tres días sin comer”.

Antes del viajar, Felipe fue a la oficina de su suegro y le pidió la mano. ‘Él estaba más nervioso que yo y me dio su aprobación. Me dijo: “Yo sé que tienes problemas de autismo pero eso se soluciona con un par de terapias’”, bromea Felipe.

Viven juntos hace cuatro meses y les gustan los mismos planes: cocinar e invitar a sus amigos a su apartamento en Rosales, en Bogotá, que decoró Manuela. “Cuando uno se casa tiene que tener paciencia y dar lo mejor de sí, esa es la clave de la convivencia”, cuenta el menor de los Samper-Strouss.

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