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Federico Gutiérrez, un alcalde guapo y exitoso

Federico Gutiérrez, un alcalde guapo y exitoso

REVISTA JET-SET

El mandatario de Medellín tiene un estilo informal y relajado, que lo aleja del político tradicional y hace que las mujeres se mueran por él. Acaba de recibir en Singapur el Lee Kuan Yew World City Prize, que se conoce como el Premio Nobel de las ciudades y ahora está enfocado en Colombiamoda y la Feria de las Flores.
Federico Gutiérrez tiene 41 años y desde la universidad tenía fama de pintoso, aunque él solo tiene ojos para su esposa, Margarita Gómez, la mamá de sus dos hijos, que son su prioridad.
Por: Revista Jet-Set27/7/2016 00:00:00

El atractivo del alcalde de Medellín no es solo físico, es un hombre con una personalidad arrolladora, inteligente y sobre todo buen conversador. Se va para los barrios de Medellín en metro o en bicicleta y se sienta a oírle los cuentos a la gente. En esas travesías se acercan muchas mujeres a abrazarlo y a decirle que es un “papacito”, mientras él se sonroja y esa timidez lo hace aún más seductor. Su encanto puede radicar en su pinta descomplicada e irreverente. Le gusta andar en tenis y usa corbata solo cuando es estrictamente necesario. Él mismo compra su ropa y escoge lo que se va a poner. “A mi esposa le pregunto de vez en cuando cositas. No vivo pendiente de las tendencias ni de la moda, pero creo que lo hago bien. Por ahí dicen que hay gente que no combina ni un chance”, cuenta, con su arrastrado acento paisa. Aunque verse bien no es su prioridad, trata de cuidarse. Hace ejercicio, monta en bicicleta y corre medias maratones. Antes jugaba fútbol pero a los 41 años, dice, es muy fácil salir lesionado. No es muy rumbero y prefiere los planes calmados como salir a comer a un restaurante, su plato preferido es la pasta y dice que le gusta sentarse con sus amigos a tomarse unos aguardienticos. Su música preferida es el vallenato y todo el que se sube a su carro ya sabe lo que va a oír. Es fanático de Pipe Peláez, Peter Manjarrés, Silvestre Dangond y el Binomio de Oro. Aunque también le gustan Coldplay y U2.

Fico, como lo llaman sus amigos, es el alcalde más joven que ha tenido la capital antioqueña. “Estoy en la edad perfecta porque tengo todas las energías para trabajar por una ciudad que exige un ritmo muy fuerte. Para mí estar acá es un orgullo y por eso no tengo ningún problema en levantarme temprano y acostarme tarde”. Es adicto al trabajo, no le gusta quedarse quieto y quienes lo conocen dicen que es un jefe exigente, pero justo y respetuoso.

Antes de llegar a este cargo fue concejal en los periodos de 2004 a 2007 y de 2008 a 2011 en los que impulsó programas como ‘En cicla’ y ‘Altavoz’ y luchó contra la trata de personas.

Nació en una familia que no tiene tradición política: su papá Hernán Gutiérrez es ingeniero civil y su mamá, Amparo Zuluaga, murió de un cáncer en 2015 antes de empezar la campaña a la Alcaldía y hoy, dice, lo cuida desde el cielo. “A ellos les debo todo lo que soy pues me enseñaron a amar la ciudad. Siempre me decían: ‘Vea Federico, nosotros no somos ricos pero la herencia que le vamos a dejar es la educación’”. Estudió el bachillerato en el Gimnasio Los Alcázares, donde no se destacó precisamente por ser el mejor estudiante, aunque le iba bien en física y matemáticas. Luego entró a la Universidad de Medellín a la Facultad de Ingeniería Civil y en segundo semestre conoció a Margarita Gómez, su esposa desde hace diez años, con quien tiene dos hijos que son su prioridad: Emilio, de 7 años, y Pedro, de 5. Emilio heredó el liderazgo de su padre, acaba de hacer campaña para ser elegido el representante de su curso y ganó. “Federico es un padre entregado y un buen esposo, es difícil pelear con él porque es muy conciliador”, contó Margarita en El Colombiano.

Adora los niños pero por ahora no quiere tener más hijos, sus pilas están puestas en cumplirles la tarea a los 244.636 antioqueños que votaron para que él fuera el sucesor de Aníbal Gaviria.

En este momento los paisas y su ciudad, que es la más innovadora del mundo, son su gran preocupación. “Medellín ha avanzado y ha tenido buenos y sucesivos gobiernos, pero todavía hay muchas cosas por solucionar”. Su reto más grande es mantener la seguridad. “En ese tema hay dos caminos: pasar de agache o enfrentar con decisión el crimen organizado, y yo elegí la segunda desde el primer día y no voy a parar”, dice. Lleva tan solo seis meses en el cargo y ya se ha visto una recuperación del centro de la ciudad en sitios como el Parque Berrío o la Plaza de Botero. Lo que más orgulloso lo tiene es haber logrado la aprobación de un Plan de Desarrollo de 17 billones de pesos. “Ahora falta ejecutarlo, vamos a hacer el Tranvía de la 80, el Metrocable de El Picacho, 85 nuevos kilómetros de carriles preferenciales para los buses y las bicicletas y a mejorar la calidad educativa”.

Por la forma en la que viene transformando a Medellín, acaba de recibir en Singapur el Lee Kuan Yew World City Price, el máximo galardón de urbanismo en el mundo, más conocido como el Premio Nobel de las ciudades. “Es un reconocimiento muy importante porque nos pone en el mapa mundial e incentiva el turismo y la inversión extranjera”, dice.

Como suele pasar en este país, ya muchos lo ven como un firme candidato a la Presidencia de la República. “Lo único que tengo claro es que quiero seguir en el servicio público y para eso tengo que hacer las cosas bien. Lo que no creo es que uno deba utilizar este cargo como un trampolín”, asevera. Dice que de la política odia los egos y las intrigas. “Cuando uno gana aparece la arrogancia y la soberbia, salir a la calle y estar en contacto con la gente es mi polo a tierra, no se me puede olvidar para quién trabajo. Aquí les ponemos la cara a todos los problemas y si hay errores los aceptamos”.

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