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Faryd Mondragón: el veterano del Mundial de Fútbol

Faryd Mondragón: el veterano del Mundial de Fútbol

Revista Jet-Set

Hace poco se retiró del Deportivo Cali, su equipo del alma. Participó en la sexta eliminatoria mundialista con la Selección Colombia, se prepara para su tercer mundial, y con solo pisar una grama en Brasil, tendrá el récord Guinness por ser el jugador de más edad en jugar una copa del mundo.
“Rezo todos los días, no solo antes de los partidos. Soy católico, practicante y es una costumbre que no depende del fútbol. Tengo muchas cosas que agradecer”. Viaja siempre con La Biblia y con veladoras. Foto: Kathalina Muñoz/14
Por: Edición 2825/5/2014 00:00:00
Faryd no puede pasar desapercibido, aunque su temperamento tranquilo se lo dicte. Con 1,92 metros de estatura, 42 años de edad y 24 de experiencia, este caleño se ha ganado un puesto en la Selección Colombia de fútbol y en la memoria del país por su juego, su elegancia y su clase a la hora de enfrentar retos. Porque no siempre estuvo todo bien. En algún momento de la eliminatoria para la Copa Mundial de Sudáfrica, un sector malintencionado lo bautizó “Mondragol” por un desafortunado error contra la selección argentina, en Barranquilla. Salió del impasse como siempre lo ha hecho: callando y jugando.

Hoy Faryd vuelve a ser noticia, y no solo por ser el arquero suplente de una de las selecciones Colombia más aplaudida de la historia. Puede que a él los números no le afecten mucho, pero son innegables: a sus años (cumplirá 43 el 21 de junio, en pleno campeonato) será el futbolista más veterano en jugar un mundial; hasta ahora lo aventaja Dino Zoff, leyenda italiana que participó con 41 años. Además, será el seleccionado que estará en dos torneos con mayor diferencia de años: han pasado 16 entre Francia 98 y hoy. En aquel entonces, en medio de la tristeza y las lágrimas derramadas en el partido contra Inglaterra, decía que su sueño profesional tenía dos premisas: volver a tapar una copa del mundo y pensionarse en su Deportivo

Cali del alma. Hace menos de 15 días anunció su baja del equipo azucarero. Y en menos de un mes estará en Brasil, en la concentración de su tercer mundial.

El retiro que anunció no lo angustia. “Es un proceso normal para cualquier jugador. Fue una decisión pensada y es lo mejor para mí y para el equipo. Uno debe irse cuando todavía lo necesitan”. Tiene serias intenciones de trabajar como comentarista de fútbol, y aunque ya tiene conversaciones adelantadas, se reserva los detalles. “Hasta que salga, prefiero no decir nada”. La posibilidad de ser entrenador no lo desvela, pero dice que tampoco la rechazaría.

Faryd ha sido una rara avis del fútbol. Discreto, tranquilo, prudente. Egresado del Colombo Británico de Cali, hijo de Camilo Mondragón, un jugador de la segunda división del fútbol colombiano, supo que lo suyo era el deporte desde mucho tiempo atrás. No era exactamente vago, pero no figuraba en las izadas de bandera por resultados académicos. Matemáticas, Historia y Biología eran sus dolores de cabeza. En Educación Física ni siquiera lo evaluaban, salía siempre con 10. A su mamá, Wassyla, hija de inmigrantes de origen árabe, no la convencía el entusiasmo de los hombres de la casa. Pero con el tiempo y a base de resultados, se la ganaron. Hoy sigue siendo su más grande hincha.

Cuenta que si no fuera deportista, le habría gustado estudiar sicología, aunque luego de graduarse del colegio perdió la costumbre de leer. Aprendió a oír y a bailar salsa con los compañeros de la Escuela de Fútbol Sarmiento Lora, en unas jornadas de viajes de 4 horas en carro con un solo casete: “Nos aprendíamos las canciones de los Hermanos Lebrón, sí o sí”. De su puesto en el arco, dice que lo aburridor es estar todo el tiempo ahí de pie. El problema no es el cansancio físico, sino tener que oír todos los insultos y gritos de las graderías: “Los otros jugadores al menos corren y no se enteran de todo lo que nos dicen”.

Ajeno a escándalos personales y disputas pasionales, Mondragón se ha convertido en un referente personal para el equipo. Para nadie es un secreto que el mismo Pékerman ha declarado que se apoya en Faryd a la hora de trabajar con los jugadores el tema de cómo enfrentar de manera serena e inteligente la presión de la competencia. “Ninguno tiene el puesto comprado, todos tenemos que luchar para que nos llamen, es una pelea diaria y aunque tenga más experiencia, eso no me da ventaja frente al resto de los muchachos”.

Mondragón sabe y entiende la responsabilidad que cae sobre sus hombros cada vez que pisa el campo de juego. Hay un ambiente de tensa emoción entre la hinchada, una mezcla entre los buenos resultados de la eliminatoria reciente y los malos recuerdos de la Copa Mundial de Francia 98. “Yo creo que la hinchada ha madurado, todos hemos crecido con las lecciones del pasado. Los del equipo nos ilusionamos de puertas para adentro, pero hacia afuera tenemos la obligación de permanecer con los pies en la tierra. Yo le digo a los colombianos que sueñen todo lo que quieran, tienen ese derecho. Y que celebren siempre con mesura”. ¿Hay cosas nuevas por experimentar en un mundial? “Siempre. Vos no te imaginás lo que es cantar el himno en un estadio en un torneo de estos. Suena distinto, sabe diferente. La ansiedad siempre va a estar ahí, no importa cuántas veces hayás ido”.
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