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Estéreo Picnic: el Woodstock colombiano

Estéreo Picnic: el Woodstock colombiano

Revista Jet-Set

Durante tres días, 45 mil asistentes se tomaron el Festival, el más grande de Bogotá. Con 41 bandas invitadas, casi la mitad extranjeras, confirmaron la buena salud de esta fiesta que durante sus tres primeras ediciones solo dio pérdidas. Hoy, todo es ganancia.
El festival tuvo dos escenarios distintos donde alternaban bandas durante la tarde y la noche del 3, 4 y 5 de abril. Foto: © Vanessa Pérez/14
Por: Edición 2807/4/2014 00:00:00
El primer año del festival asistieron cerca de 2500 personas. El siguiente, los organizadores, por pura terquedad, insistieron. Llegaron a los 4500. El tercer año alcanzaron los 6 mil. En tres años calculan haber perdido alrededor de 800 millones de pesos. Hasta que llegó el festival de 2013, con una nómina de lujo, un riesgo enorme, y un cartel que ofrecía nombres como las leyendas del britpop New Order y The Killers, una de las bandas de rock de mejor reputación y sonido de los últimos diez años. Y entonces llegaron a 25 mil asistentes, la mitad de los que caben en El Campín. Y si no ganaron los millones que los demás imaginan, al menos no perdieron. Pero sobre todo, recuperaron la fuerza que los había llevado a montar ese primer festival y seguir pegados a sus principios. Philippe Siegenthaler de T310 explica: “de alguna manera estábamos planeando los conciertos que nosotros queríamos ver”.

Cuando se habla de los organizadores, son básicamente dos empresas de conciertos que decidieron fusionarse para afrontar un reto de estas dimensiones. Absent Papa y T310, usuales competidores a la hora de traer músicos a tocar a Colombia, vieron en el festival la posibilidad de juntar presupuestos, cabezas y talentos. Uno de los miembros de esta fusión cuenta que a mediados del año pasado hicieron el pacto solemne de unirse por doce meses para hacer el festival y ver cómo funcionaba. Algo así como un matrimonio por conveniencia y en observación. Hasta ahora las cosas van bien, dicen ellos, y en junio revisarán ese acuerdo.

El festival de este año tuvo un cartel de lujo con 41 bandas invitadas, cerca de 20 extranjeras, el resto locales. Para hacerse a una pequeña idea, es un evento que puede estar alrededor de los 9 mil millones de pesos. ¿En qué se gastan todo eso?

En 41 bandas, entre las que figuran nombres como Red Hot Chili Peppers, DJ Tiesto, Nine Inch Nails, Empire of the Sun, y unos viejos amigos de Colombia como Zoé, Los Fabulosos Cadillacs y Babasónicos. Y de postre, The Pixies. Para hacerse una idea, Kurt Cobain, de Nirvana, confesó que le debía la mitad de su música a esta banda de Boston. Tal y como lo asegura la otra mitad del grunge de los 90.

La coordinación de un evento de estas dimensiones no es para nada sencilla. Hay que pensar en la logística, los hoteles, vuelos y transportes, además de lidiar con las necesidades y caprichos de las bandas. Siegenthaler cuenta: “no hemos tenido verdaderas emergencias ni nada que lamentar”. Este año, la primera banda en llegar a Bogotá, The Wailers, los secuaces de toda la vida de Bob Marley, tuvieron un incidente con uno de sus músicos: al salir del hotel se cayó y se fracturó un pie. El año pasado el equipo de producción de The Killers se quejó por el mal servicio del lugar donde se hospedaron. Pero son anécdotas intrascendentes frente al riesgo que significa tener a 25 mil jóvenes saltando y produciendo adrenalina durante ocho horas seguidas, tres días distintos.

Lo más difícil, según Siegenthaler, ha sido la financiación: “hace falta mucho músculo financiero que no tenemos, que apenas estamos construyendo. Este año nos asociamos con la empresa que suministra boletería, que asumieron parte del riesgo”. De otra manera, no habrían podido embarcarse en tamaño despropósito. Sus familias los han apoyado, con dinero, paciencia y comprensión. “Pero a veces creo que no nos quieren ver, y nos perdemos unos días de las casas para dejarlos respirar, son demasiados compromisos y muchas deudas encima”.

Quedan sueños pendientes para el 2015. El festival aspira revivir al Bloque de Búsqueda, esa agrupación de culto integrada por músicos de Carlos Vives que desapareció a mediados de los 90. Este año estuvieron a punto de firmar con Depeche Mode, pero todo el proceso de más de seis meses se truncó porque uno de los músicos no tuvo el permiso familiar de salir de gira. “Es el problema de que los dinosaurios de la música envejezcan, que ya no pueden salir sin autorización de la señora de la casa”, cierra Siegenthaler.

Además del orgullo de organizar un evento de esta magnitud, y de poner a bailar a casi 45 mil asistentes que se reunieron durante tres días en un lote adaptado para conciertos en la calle 222 de Bogotá, estos quijotes de la era digital tienen la satisfacción de saber que ya se habla de ellos entre mánagers, bookers y bandas de los circuitos mundiales más exigentes. El Estéreo Picnic ya es una marca registrada en Colombia.
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