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Estela de Carlotto la abuela más importante de Argentina

Estela de Carlotto la abuela más importante de Argentina

Revista Jet-set

Hace 20 días, la presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo encontró a su nieto después de 36 años de buscarlo. Perdió a su hija Laura durante la dictadura militar y cuando apareció su cadáver, se enteró de que había tenido un hijo. Desde entonces se dedicó a indagar sobre su paradero.
Ignacio cuenta que estaba tomando mate cuando lo llamaron a decirle que era nieto de Estela de Carlotto. Su primer mensaje en Instagram con las fotos con su abuela decía simplemente: “Gracias, infinitas gracias”. Foto: AFP.
Por: Edición 28925/8/2014 00:00:00
Estela de Carlotto recibió una llamada de la jueza federal María Romilda Servini. Se imaginó que era rutina puesto que todo el tiempo la contactaban jueces por su trabajo al frente de las Abuelas de la Plaza de Mayo. Pero cuando entró al despacho de la jurista se dio cuenta de que toda la oficina estaba paralizada y le sonreía sin saber por qué. Ahí sospechó que algo raro pasaba. Lo primero que le dijo la jueza fue: “Encontramos a Guido”. Cuenta que no recuerda mucho más, solo que se abrazaba a la magistrada y lloraban juntas. A los cinco minutos le entró una llamada de la sede de gobierno, y era la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que le decía: “Decime que es cierto lo que me acaban de anunciar”. Volvió a llorar, esta vez acompañada por la inquilina de la Casa Rosada.

Un día antes de encontrarlo, había averiguado todo acerca de él. Le informaron de su trabajo como profesor de música, su buena pinta y del aprecio que el pueblo le tiene. “Y tiene rulos (crespos)”, le contó a sus más allegados. La sede de Abuelas era una fiesta, llantos de alegría donde usualmente se respira ansiedad e incertidumbre, drama y dolor. Los trabajadores explican cómo cuantos pasaban a pie aplaudían y los carros pitaban cuando circulaban frente a la casa. Además, los efectos sobre el trabajo fueron impresionantes: mientras un día común reciben entre 20 y 40 llamadas, las secretarias de la organización cuentan cómo, desde que apareció Ignacio, atienden un promedio de 100 telefonazos diarios.

La estrategia de búsqueda de estos ya no tan niños, tuvo que cambiar. Hace 20 años modificaron la forma de salir a espiarlos en las escuelas, como si hicieran algo prohibido. De seguirlos discretamente, las Abuelas pasaron a abordarlos con pancartas que decían: “¿Y vos sabés quien sos?”.

En el último Mundial de Brasil, lanzaron una campaña muy fuerte, secundada por jugadores de la selección, como Messi, Mascherano y Lavezzi, que posaban con una foto donde se leía el mensaje futbolero: “Hace 10 mundiales que te estamos buscando”.

Cuando sus colaboradoras le preguntaban cómo se imaginaba ese primer encuentro, Estela aguantaba las lágrimas y les contaba en la cocina de la casa donde trabajan: “Creo que lo primero va a ser el silencio y después el abrazo”.

Estela escribía cartas al aire: “¿Cómo se puede querer tanto a alguien sin conocerlo, sin saber qué siente, cuándo ríe, por qué sufre? Trato de imaginarme tu cara. Le pruebo bocas, ojos, gestos. Naciste un 26 de junio de 1978... Hace 32 años que te llamás Guido y yo te extraño”.

Desde hace unos años, Ignacio Hurban tenía la duda de sus orígenes. Sabía que había sido adoptado por una familia campesina de Olavarría, provincia de Buenos Aires. “Estaba en casa, tocando el piano, tomando mate y comiendo bizcochitos, cuando me llamaron para decirme que era nieto de Estela de Carlotto. Estoy conmocionado, hace muy poco que pasó todo esto y me parece maravilloso y mágico”, dijo en declaraciones a la televisión de su país.

De 36 años, Ignacio, originalmente Guido, es profesor en una escuela de música de su localidad. Tuvo la suerte de haber sido acogido por una buena familia que no podía tener hijos y a los que simplemente les ofrecieron un bebé que decidieron aceptar. La misma Estela dice: “Les agradezco, porque criaron un buen hombre, son gente honrada”. Por ahora, Ignacio no piensa cambiarse el nombre, pero acepta esta realidad y toda esta nueva información y condición familiar.

Ignacio, por estos días, lleva todo con tranquilidad. Tímido, prudente pero firme: “Yo no sabía qué responder cuando me preguntaban cosas, porque crecí en el campo con una pareja que me crio en el mayor de los amores”. Admite que nunca tenía una respuesta coherente cuando le preguntaban de dónde su amor por la música. Hasta que entendió que ese joven de 18 años que fue su padre, y su abuelo, fueron músicos también. “Ahora sé quién soy”, concluye.

Cuando a su abuela le preguntaban, hace cinco años, por esa ausencia de un nieto al que jamás había visto, contestaba: “Tiene 31. En algún lado está. Antes, yo miraba las caritas de nenes de su edad. Me da un respingo el cuerpo cuando alguien dice: ‘¡Vení, Guido!’”. Y toda esta lucha se resume en un titular de una entrevista concedida hace apenas dos años, que refleja toda la angustia de estas abuelas huérfanas de nietos: “No queremos morir sin antes darles un abrazo”.

Desde 2008 a 2012 las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo han sido nominadas al Premio Nobel de la Paz. La ONU y la Unesco les han dado premios y reconocimientos internacionales por su labor. En ciudades de Argentina, Holanda, Alemania y España, hay calles con su nombre. Son invitadas frecuentes en encuentros internacionales para compartir sus historias. Y sin embargo, ningún premio va a ser comparable a los 114 hijos y nietos que ahora están con sus familias. Estela de Carlotto cuenta que nunca se sintió más recompensada como cuando al final de ese día de reencuentro con su nieto, este se despidió con un simple “¡Chau, Abu!”.
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