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Está de moda Santa Marta

Está de moda Santa Marta

Revista Jet-set

Después de un plan de recuperación urbana, el Centro Histórico de Santa Marta está a punto de convertirse en una zona tan atractiva como la ciudad amurallada de Cartagena. Las casonas coloniales albergan hoteles, bares y restaurantes con una gran oferta de cocina regional.
El francés Thierry Desgans vive en una de las casas coloniales del centro de la ciudad. Fotos: ©Imagen Reina/13.
Por: Edición 26516/8/2013 00:00:00
Thierry Desgans
Colonizador europeo
El empresario francés guardó en el clóset de su casa en Bogotá por lo menos unas 50 corbatas Hermès que usaba cuando fue ejecutivo de Carrefour. En Santa Marta no las necesita y menos para vivir entre la contemplación del Centro Histórico y sus dos restaurantes, El Bistró y La 12, que abrió en dos calles que hace unos seis años eran territorios de basureros, prostitución e indigencia. Desgans también está dedicado al negocio de finca raíz, con énfasis en la venta de mansiones en el Centro Histórico que entró en proceso de recuperación por iniciativa del ex vicepresidente Francisco Santos. La reactivación de la zona hace pensar que en unos años llegarán más turistas extranjeros en busca del potencial turístico de la ciudad como su encanto colonial y la riqueza ecológica que tiene a sus alrededores, incluyendo la Sierra Nevada, el Parque Tayrona y Minca.

Thierry se visualiza más viejo en Santa Marta, donde construirá un hotel con su esposa, Laura Botero. Eso sí, sin corbatas.

Manuel Julián Dávila
Escala de viajeros
La Marina Internacional, en términos coloquiales, es un sitio de parqueo de megayates y embarcaciones menores. Los millonarios y aventureros del mundo utilizan los servicios de este lugar, donde se anclan durante un tiempo con el fin de romper la rutina de las largas travesías o aprovisionarse de combustibles y alimentos.

El año pasado llegaron 1.500 navegantes de todos los continentes. La Marina de Santa Marta, presidida por Manuel Julián Dávila, cuenta con 256 muelles de atraques, además de una serie de beneficios complementarios como un restaurante, supermercado y talleres de mantenimiento. Próximamente tendrá una torre hotelera de 21 pisos, que se llamará La Gran Marina, y un club donde habrá spa, gimnasio, varios bares y sitios de comidas rápidas.

Juan Vives
Profeta en su tierra
Hace tres años, con el Plan Centro de Santa Marta, varios europeos, norteamericanos y bogotanos salieron a abrir hoteles, bares y restaurantes en el sector colonial de la ciudad. Todos foráneos, menos el empresario Juan Vives, quien es portador de uno de los apellidos más influyentes de la capital del Magdalena.

En mayo pasado, terminó de restaurar otra mansión de la familia De Mier, dueña de la Quinta de San Pedro, y la convirtió en el Hotel Boutique Don Pepe, que está a la altura de los mejores de Cartagena. La antigua edificación es conocida porque en uno de sus salones reposaron los restos mortales de Bolívar, antes de que lo trasladaran a Venezuela. El hotel que tiene doce habitaciones es bastión de la gastronomía local.

Gustavo Monroy
El amigo de la Calle 12
Se necesita una verdadera visión de negocio para abrir, hace año y medio, un hotel en la Calle 12, donde pululaban los prostíbulos, inquilinatos y fritanguerías callejeras. El santandereano Gustavo Monroy se le midió a la idea de construir el Hotel Santa Marta Real en la antigua zona de tolerancia, pero pensando a futuro y en las posibilidades turísticas que tenía por su cercanía al puerto marítimo y al Museo del Banco de la República.

Con más entusiasmo por parte de los inversionistas privados que del sector público, la Calle 12 empezó a salir de los basureros y del abandono. Entre todos pintaron las fachadas, exigieron la recolección diaria de las basuras y transformaron la vía en escenario de eventos culturales.

Con el barrio a punto de salir al otro lado de la orilla, el Santa Marta Real, de 32 habitaciones, casi siempre tiene lleno completo. Luego de este exitoso experimento, Monroy construirá el Edificio Bastidas, un complejo de apartamentos junto a la Iglesia de San Francisco.

Carmen Abondano
Cien años del Club Santa Marta
El centro social, que agrupa a unas 500 personas, nació cuando Santa Marta todavía tenía tren y apenas era un terruño, donde los más viejos hacían réplica a las historias que surgieron después de la muerte de Simón Bolívar, en San Pedro Alejandrino. De hecho, la primera sede del Club estuvo por años en una de las casas de José Alzamora de Mier, dueño de la última morada del Libertador.

En los años 30, el Club Santa Marta, que preside Carmen Abondano, se trasladó a la actual edificación republicana que se encuentra junto a La Marina. Como dato curioso, la señora Abondano rompió la tradición machista y se convirtió en la primera presidenta de la Junta Directiva. Solo en 1985, los estatutos permitieron que las mujeres fueran socias titulares.

Antes solo acompañaban a sus esposos y padres a los salones de las grandes galas, donde familias como los Díaz-Granados, Abondano, Zabaraín, Vives y Dávila, entre muchas más, se ganaron el sitio más alto de la pirámide social de Santa Marta.

Ángel Fernández y Sandra Rodil
La reconquista española
Los esposos Ángel Fernández y Sandra Rodil, de Barcelona, escaparon de la frenética vida de su ciudad natal antes de que la recesión española diera pasos de animal gigante. Primero, buscaron el ideal de un trabajo sin estrés en Bali, Indonesia, y luego viajaron a Cartagena, aun bajo la advertencia de sus padres que creían en el estereotipo de Colombia como país violento. Finalmente y sin atender el prejuicio, la pareja decidió abrir trocha en el sector turístico de Santa Marta, y puntualmente en su Centro Histórico, donde inauguraron tres hoteles boutique: La Casa del Farol, La Casa del Agua y La Casa del Árbol. Próximamente inaugurarán La Casa del Piano.

Los hospedajes tienen como hilo conductor el respeto por las arquitecturas originales y un ambiente familiar para que los turistas no se sientan fuera de casa.

Jacobo Schwartz
Lejos de Nueva York
El joven de 23 años, graduado en ciencias naturales, podría trabajar en el Museo Natural de Historia de Nueva York o vivir sus años de rumba en Cielo o Pink Elephant, dos de las discotecas de moda en la Gran Manzana. Solo que decidió asumir el riesgo de tres inversiones hoteleras en Santa Marta y la Sierra Nevada, donde con su socio Roberto Casa Grand, de Italia, abrieron los hostales Casa de Isabella, Casa de Leda y Villa María.

El empresario gringo espera la ejecución de nuevas obras urbanas para llegar a la fase definitiva de la restauración del Centro. De esta manera, según él, los turistas nacionales volcarán los ojos hacia sus hoteles, donde el 90 por ciento de los huéspedes son de origen extranjero.

Fredy Pertuz
Gastronomía colonial
El restaurante Santa Mesa, de Fredy Pertuz, nació en una casa que guarda uno de los episodios más novelescos de la ciudad. Allí vivieron las señoritas Díaz-Granados después de un exilio voluntario en Europa, a donde viajaron con la ilusión de encontrar un buen partido matrimonial.

Hace dos años, Santa Mesa nació con el objetivo de explorar la cocina de origen, como reflejo de un fenómeno mundial que parece inagotable. “Nosotros buscamos la gastronomía colonial que se caracteriza por la simpleza. Cada uno de los productos se cocina por separado y lleva muchas horas de elaboración”, explicó Pertuz, quien apropió algunos platos de la lejana época en que las monjas cocinaban en los monasterios y casas curales.

Esta investigación culinaria permitió desarrollar una carta que incluye croquetas de cayeye, puré de banano verde con queso costeño, langostinos en salsa de mango, helado de piña fabricado artesanalmente y hasta un ron de caña con panela.

Ana María Villegas
Regreso a lo básico
Esta joven bogotana se fue de paseo a Santa Marta, pero decidió quedarse para abrir el restaurante Tierra Negra, que está ubicado en una de las casonas republicanas del Parque Simón Bolívar. El nombre del centro gastronómico hace alusión a una leyenda kogui que relata la obsesión del primer hombre del mundo por la hija más fértil de la Gran Madre de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Las delicias de este restaurante surgieron de una investigación que abordó la culinaria indígena, las comidas callejeras y las cocinas de las damas prestantes samarias, que conocen una tradición gastronómica que proviene desde la Colonia. El resultado fue una oferta de platillos exóticos como las albóndigas de langostino, el paté de butifarra, las vinagretas de corozo, el carpaccio de mango verde y la milhoja de mango de azúcar, entre otras tentaciones.
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