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La escandalosa familia de Carla Bruni

La escandalosa familia de Carla Bruni

REVISTA JET-SET

La madre de la ex primera dama de Francia reveló quién es el verdadero padre de su hija. Lo increíble es que Carla repitió la misma historia de infidelidades y herederos adulterinos.
La ex primera dama de Francia con su madre, la actriz y directora de cine Marisa Bruni-Tedeschi, quien la tuvo con el hijo de uno de sus amantes. Años después, Carla también dejó a su compañero sentimental Jean-Paul Enthoven por su hijo, Raphaël Enthoven, padre de su primogénito.
Por: 19/5/2016 00:00:00

Las libertades que la bella Carla proclamó en cuestiones de sexo y amor antes de casarse con Nicolas Sarkozy, el ex presidente de Francia, quizá no fueron una construcción propia sino una tendencia heredada de su madre, Marisa Bruni-Tedeschi, quien se acaba de despachar al respecto en su nueva autobiografía. Lo más sustancioso de la obra, titulada Mes chéres filles, je vais vous raconter (Mis queridas hijas, les voy a contar), son sus confesiones acerca del padre de la cantante y modelo quien, según se sabía desde hacía varios años, no es hija de su fallecido esposo, el compositor Alberto Bruni-Tedeschi, de una acaudalada familia de Turín, sino de uno de los tantos amantes que ambos se permitían en su matrimonio abierto.

Tal como se especuló desde 2008, cuando Carla desposó al entonces presidente Sarkozy, su progenitor resultó ser Maurizio Remmert. La madre de Bruni tenía 35 y él 19 años cuando sostuvieron su aventura, que duró un sexenio, hasta que el joven se fue a vivir a Brasil, donde prosperó como empresario.

Hasta ahí todo suena a una sencilla historia de cuernos conyugales sin mayor trascendencia, de no ser porque Maurizio era hijo de Giorgio Remmert, con quien Marisa también se acostaba por esos días. Las cosas se vuelven aún más truculentas si se recuerda que, años más tarde, Carla pasó por la misma situación, con la diferencia de que si las travesuras de su madre fueron un secreto a voces en la alta sociedad turinesa de los años sesenta, la suya desató un escándalo de primera plana en Francia.

A finales de los años noventa, Bruni se apartó del mundo de las pasarelas, en el cual fue una estrella tan cotizada como Naomi Campbell o Claudia Schiffer, al igual que favorita de modistos de alta costura como Yves Saint Laurent. Tuvo además romances con Eric Clapton, Mick Jagger y Donald Trump, entre otros. Dejó todo eso atrás por su sueño de ser cantante, y empezó a relacionarse con la llamada “izquierda chic” de París, gracias a lo cual conoció al periodista y editor Jean-Paul Enthoven, con quien se fue a vivir. En 2000, la pareja fue invitada a pasar el verano en el magnífico palacio de La Zahia, en Marrakech, de propiedad de Bernard-Henri Lévy, uno de los intelectuales más influyentes de Francia, cuya hija Justine estaba casada con el filósofo Raphaël Enthoven, hijo de Jean-Paul.

La misma noche de su encuentro en La Zahia, la deslumbrante Carla y el guapo Raphaël se enamoraron, e iniciaron una relación que transformó el profundo amor que se profesaban padre e hijo en una amarga rivalidad por una mujer. Raphaël se divorció de Justine, quien se sintió mucho más agraviada cuando él bautizó a su hijo con Carla bajo el nombre de Aurélien, el mismo que pensaban ponerle al bebé que ella abortó ante la fuerte impresión que le causó su traición.

En Francia, supuestamente impermeable a los líos de alcoba de los famosos, no se hablaba de otra cosa. Mucho después Justine, novelista, escribió a manera de venganza una pieza inspirada en su historia, Rien de grave, que se convirtió en best-seller y obra de culto de su generación. Allí, Carla aparece bajo la identidad de Paula, “una mujer Terminator, bella y peligrosa con su cara rehecha en el quirófano, una asesina que caga sobre los ventiladores”.

La trifulca de gatas no paró ahí, pues Carla, iracunda, le contestó a su rival en entrevista para Elle: “La ex mujer de mi marido me hace pasar como una ladrona de esposos, cuando todo el mundo sabe que los maridos casi nunca se roban, ¡se les sabe conservar o no!”.

En su autobiografía, Marisa Bruni-Tedeschi no hace eco de esa repetición del episodio de una generación a otra, tan frecuente en las familias, pero sí reconoce que se arrepiente de haber esperado muchos años para revelarle la verdad a Carla, quien solo lo supo en 1996, ante el lecho de muerte de Alberto, quien la amó como a su propia hija a sabiendas de que no la había concebido. Al respecto, Marisa, actriz y directora de cine, agrega en su libro que ella y su esposo se consentían sus infidelidades porque estaban muy enamorados. Tanto, que una vez él la dejó ir con uno de sus novios y la consoló cuando aquel la trató cruelmente y la abandonó. Nunca pensaron en divorciarse, advierte.

Carla hoy tiene una buena relación con Maurizio Remmert, quien asistió a su boda con Sarkozy y acompañó al mandatario en una visita oficial a Rumania. Por lo demás, parece que ha terminado por reconocer que su madre tenía razón cuando le dijo: “No te quejes, tienes dos padres, ambos han sido buenos y, además, millonarios”.

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