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La esposa de Montoya toma el volante

La esposa de Montoya toma el volante

Revista Jet-Set

Por estos días Connie Freydell tiene tres temas en mente: la Carrera de Estrellas que se hará por primera vez en Medellín a final de este mes; el paso de su marido a la IndyCar; y aclarar la demanda por evasión de impuestos que les hizo la oficina federal de Estados Unidos.
Connie es la reina de su hogar en Miami. Lleva a sus hijos al colegio, hace mercado y acompaña a su esposo a las carreras. Foto: ©Juan Manuel García/13
Por: Edición 27220/11/2013 00:00:00
En su reciente visita a Colombia, la esposa del piloto colombiano Juan Pablo Montoya desmintió las acusaciones de evasión de impuestos, tras la demanda que recibieron por parte del Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos. Según la revista Forbes, la oficina federal que fiscaliza el pago de impuestos en Estados Unidos asegura que Montoya obtuvo 9,5 millones de dólares de ingresos fiscales entre 2007 y 2008, y no los 2,4 millones que él y su esposa reportaron de manera conjunta. “No hemos hecho nada ilegal. Hay que confiar en el trabajo de los abogados, pero todos los impuestos se han pagado”, afirmó Connie dando por cerrado el tema.

La presidenta de la Fundación Fórmula Sonrisas vino a promocionar la Carrera de Estrellas, que se llevará a cabo el próximo 30 de noviembre y que, según ella, será especial por varios motivos: el primero es que cambiarán de escenario y ya no será en Cartagena sino en Medellín, la ciudad más innovadora del mundo. El segundo, porque coincide con la celebración de los diez años de su Fundación. Y el tercero es que su hijo Sebastián, de 8 años, hará su debut en las pistas colombianas.

¿Qué va a ver el público en la Carrera de Estrellas?
–Mucha emoción. A diferencia de Cartagena donde el circuito era mucho más lento, en Medellín, va a haber rectas más largas pero con curvas más pronunciadas. Es la primera carrera en la que vamos a tener a varios pilotos colombianos además de Juan Pablo. También vienen varias estrellas internacionales como Kurt Busch, Joey Logano y Helio Castroneves.

Con esta carrera van a celebrar los diez años de Fórmula Sonrisas
. –Sí, estamos cumpliendo diez años y nos sentimos felices. Tenemos presencia en cinco ciudades: Cartagena, Ibagué, Villavicencio, Riohacha y San Andrés. Ayudamos a más de cinco mil niños mensualmente, algo que supera nuestras expectativas.

Estamos en un buen momento para parar, aprender de los errores y arrancar con otros diez años por lo menos.

¿Cómo ve el futuro de Fórmula Sonrisas? –Lo más importante es que estamos reinventando el modelo. Uno de los principales problemas que tenemos es que los costos son altísimos y sostenerlo es muy difícil. Hay que revaluar la estrategia de cómo podemos apoyar a más niños y volvernos autosostenibles.

¿Cómo está Juan Pablo con el cambio de la Nascar a IndyCar?
–Feliz. Juan maduró y aprendió muchísimo en Nascar, pero se sentía frustrado porque quería ganar y no podía; veía que iba para atrás. Con este cambio a un equipo de punta está supermotivado.

¿La decisión fue concertada?
–Obviamente lo discutimos, pero quien tomó la decisión fue él.

Finalmente se trata de que Juan esté contento y feliz con su trabajo.

¿Qué ha significado este cambio para la familia?
–Para nosotros este ha sido un año de altibajos y tenemos muchas expectativas con lo que viene. Lo bueno es que vamos a tener más tiempo para estar en familia, porque en Nascar son 38 fines de semana de carrera y en la Indy son solo 15 o 16. Va a ser muy chévere porque al tener a Juan Pablo más tiempo en la casa, voy a poder trabajar más en la fundación y hacer proyectos nuevos, por supuesto sin abandonar a mis hijos que son mi prioridad. Nunca vamos a ser la familia normal del papá o de la mamá que trabajan de 9:00 a.m. a 5:00 p.m., no tenemos ese esquema de vida, pero sí vamos a poder hacer cosas más rutinarias y eso es bueno.

Háblenos de sus hijos
. –Son lo máximo. Cada uno empieza a coger su personalidad, son completamente diferentes. Sebastián está superenfocado en sus karts. Está empezando a entender lo que hace el papá. Hace unos días Juan Pablo le preguntó: “bueno, Sebastián, ¿qué quieres que haga?’, y él le contestó: “quiero que te vayas para la Indy y le ganes a Franchitti”. Es un alma de Dios, muy tranquilo, si ve que se le va a venir el mundo encima se corre para que no lo estripe. Como es el único hombre, molesta a sus hermanas todo el día. Paulina, de 7 años, es una diva, le encanta bailar y está en clases de hip-hop. Y Manuela, la chiquita, tiene 3 años y es la payasa, se muere de la risa por todo.

¿Cómo les va en el colegio? –¡Mmm! Sebastián es un desastre, saca de 80 para arriba en todo pero porque yo estoy encima diciéndole que haga la tarea. Odia leer y Juan Pablo tampoco ayuda mucho porque vive diciéndole que él tampoco leía. En enero, febrero y marzo hay un campeonato muy importante de karts para niños como Sebastián, y él pierde mucho colegio, por eso me toca mantenerlo superbién con las notas para que cuando falte no le afecte. En cambio, Paulina es: “listo mami, ya acabé, ¿me lo corriges?”. Me toca decirle: “siéntate bien y pon atención a lo que estás haciendo”. Manuela todavía está muy chiquita, pero creo que se va a parecer a Sebastián.

¿A qué edad empezó a correr Sebastián?
–A los 3 años le regalamos su primer kart pero empezó a correr seriamente en junio del año pasado. Al principio le fue tétrico porque le tocaba competir con niños de 9 y 10 que tenían mucha más experiencia que él, pero el progreso ha sido impresionante. En junio corrió en el nacional en Estados Unidos y quedó de octavo.

¿Cómo es la relación padre e hijo frente al volante?
–Contrario a lo que muchos piensan, Juan Pablo es muy relajado y no se estresa con el tema, para él lo importante es que Sebastián se divierta. Yo soy la histérica, la que le dice que se concentre y ponga atención a lo que está haciendo.

Ya hay muchas automovilistas mujeres, ¿sus hijas no piensan seguir ese camino?
–De pronto Manuela, pero la verdad no creo. Yo estoy segura de que Paulina lo haría superbién, sin embargo para ella es un hobby.

¿Cuántos años lleva de casada y cómo va su matrimonio?
–Vamos a cumplir 11 años de estar juntos. En general todo ha funcionado muy bien, obviamente no voy a decir que tenemos el matrimonio perfecto porque eso no existe. Sin embargo, cada año es mejor. Desde la llegada de nuestros hijos nos apoyamos muchísimo. Cada uno tiene su vida pero somos una familia.

Su esposo tiene fama de malgeniado, ¿cómo es?
–Él es como un niño chiquito. El único momento de su vida en que es responsable es cuando tiene que correr. Yo le ayudo mucho con los horarios, los patrocinadores y los viajes. Él, por ejemplo, prefiere ir a recoger a los niños al colegio y después irse a patinar o a volar avioncito que ir a una reunión con el abogado. Yo soy la psicorrígida, la gritona, la que le dice a los niños qué tienen que hacer. Juan me dice: “relájate”, y la verdad que he tratado de hacerlo pero es difícil. Él me dice: “escoge las batallas que vas a dar” y yo le respondo: “a ver, ¿cuál batalla escojo: la de que se laven los dientes, que estudien o que cometan suicidio desde el segundo piso?”.

Y siendo tan distintos, ¿cómo logran que la relación sobreviva? –No sé, ahí funciona. Mucha gente que va a mi casa dice que somos igualitos a Los Simpsons: el uno grita, la otra entra a la cocina…, es una locura. Pero igual es muy divertido.
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